CRÍTICA
por
Almudena Muñoz Pérez
A nadie
debería entrarle por los oídos el título “The break-up” (la
ruptura) más que como un engañoso requiebro norteamericano.
Porque “Separados”, tal y como se ha rebautizado en nuestro país
dicha película, no supone ni busca ninguna ruptura radical en el
género que siempre nos apabulla cada comienzos de otoño. ¿Será
para aliviar los fríos que se avecinan o para acompañarlos de
una no menos gélida melancolía? La nueva –y efímera, y
descafeinada, y desigual– pareja de moda,
Jennifer Aniston y Vince
Vaughn, nos dirán si se trata de una cosa u otra.
Empezamos más
o menos bien: después de la escena comodín en partido deportivo,
la cinta nos ahorra toda la parte ‘buena’ de la relación de
pareja con un resumen fotográfico en los créditos iniciales.
Esta artimaña, vista hasta la saciedad en créditos de cierre,
tiene su intríngulis sentimental: las parejas mal avenidas se
quedan en álbumes de recuerdos congelados, con los bordes rotos
por los manoseos amorosos y las arrugas de cólera. Las imágenes
están ahí para recordar a los tórtolos que, en el fondo, tampoco
lo hicieron tan mal. Como apuntó un producto más intelectualoide
y eficaz, "Closer", la parte mala de las parejas es la que
podemos recordar sin necesidad de fotografía alguna. Pero, como
también decía el personaje de Natalie Portman en la película de
Mike Nichols, retratar el sufrimiento ajeno es algo pretencioso.
Casi tanto como que Vince Vaughn intente recoger en su endeble
historia para “Separados” la ordalía de la pérdida y el divorcio
sin alejarse de las maneras de una comedia romántica al uso.
Peyton Reed, además, se limita
a dejar actuar sin freno alguno a la pareja de cómicos en
redención, pues tanto Vaughn como Aniston tratan de
demostrar, inútilmente, que poseen una talla dramática
equiparable a su lado humorístico.
Tragar a sus
personajes se vuelve, sin embargo, una misión mucho más difícil
que encontrar matices en las expresiones de sus intérpretes.
Vaughn, que dice haber conocido a varias parejas en situaciones
similares a las de la película, nos regala sin pudor un manual
de tópicos para entretener a la fila de los mancos. Ella,
Brooke, una mujer sensible que trabaja en una galería de arte
con una de esas jefas benévolas inexistentes en la vida real, le
gusta ir al ballet, se encarga de preparar las comidas y decora
la casa mientras su marido se olvida de obsequiarla con unas
flores. Él, Gary, un hombretón sin modales, cabezota, al que le
gusta apoltronarse en el sofá con una cerveza para relajarse por
su duro trabajo de guía-enrollado-turístico, es un fan del
billar, el póker, los videojuegos y la música bien alta. La
anunciada ruptura resulta obvia por el choque de estas dos islas
que han pasado dos años juntas sin conocerse. A partir de aquí
arranca una batalla repleta de lugares comunes en el
repertorio de las excusas, las acusaciones y los reproches,
especialmente por parte del protagonista masculino, cargado de
aserciones machistas para que su personaje evolucione y se
vuelva irremediablemente ‘bueno’. “Separados”, si bien en el
colmo de la tontería, es una película muy bien calibrada para su
público medio: hecha para que los hombres se identifiquen con él
y las mujeres con ella, los personajes se mueven entre el campo
de guerra y las trincheras donde comentan con sus amigos
respectivos la siguiente táctica. Ambos lados de la cama arguyen
de forma totalmente válida, pero el film no busca ninguna
comprensión mutua más que la procedente del error de uno de
ellos, como si sólo pudiera existir un punto de vista válido en
esto de entender personas, relaciones o películas.
Bajo el
griterío de la pareja, los silencios se suceden obvios y vacíos,
remarcados por una banda sonora blanda que apenas se compensa
con el estallido de emocionales canciones rockeras. Igual de
predecibles, esquemáticos y monótonamente encuadrados que las
faenas y las fútiles venganzas lanzadas entre los protagonistas,
como si en lugar de compartir piso con el/la ex estuvieran
pasando un rato en la guardería con ese niño/niña que incordia
tanto. Y lo peor es que intenten vendernos la posibilidad de una
reconciliación después de tanta mala leche y tanto odio, por muy
estrecha que sea la línea que lo separa del amor. Ellos se pasan
tres cuartos del metraje con cara larga, mientras durante el
restante cuarto, venga, arriba ánimos, se le hace tragar al
personal el repertorio de caretos cómicos de Vince y Jennifer,
amén de esos familiares disfuncionales haciendo chorradas en
celebraciones hogareñas, tan fuerte fue el impacto que “La boda
de mi mejor amigo” tuvo en la construcción de la comedia
romántica. Y es que, en el fondo de su envoltorio triste y
gris, “Separados” es una cinta rosa como otra cualquiera; no
la crónica de un desamor, sino la de dos personas que deben
descubrirse y enamorarse de nuevo.
Tal vez
“Separados” pueda convertirse en un alegato a favor del divorcio
exprés o, si se prefieren las conclusiones románticas, en una
lista de motivos para pensárselo dos veces antes de correr al
abogado. Particularmente, y por muchas flores que míster Vaughn
se tire con su nuevo papel de semi-guionista, a mí esto me
recuerda a “Siete novias para siete hermanos” y la pulla
matrimonial que, con razón, se traían Jane Powell y Howard Keel.
Sólo que por aquel entonces, en lugar de tirarse de los pelos
con el pariente/parienta y vivir de morros en el mismo piso, uno
tenía el valor de coger los bártulos e irse a una cabaña en la
montaña helada. Con medidas así de desesperadas y poco
románticas, nos habríamos ahorrado este largometraje trivial
y falso, capaz de venderse a todas las posturas implicadas con
tal de no perder ni una sonrisa entre el público.
Calificación:
    
Imágenes
de "Separados" - Copyright © 2006 Universal
Pictures y Wild West Picture Show Productions. Distribuida en
España por UIP. Todos los derechos
reservados.
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