CRÍTICA
por
Joaquín R. Fernández
Durante las
últimas décadas, la televisión ha introducido en nuestros
hogares los horrores del mundo que nos rodea, bien sean las
consecuencias de un desastre natural que provoca miles de
muertes, las devastadoras imágenes de desolación que acompañan a
cualquier guerra o incluso un crimen cometido en algún rincón de
este planeta llamado Tierra. Sin embargo, ahora mismo es posible
ver en directo muchos de estos sucesos, y eso es precisamente lo
que ocurrió con los atentados terroristas que unos cuantos
fanáticos islamistas perpetraron el once de septiembre de 2001
en los Estados Unidos.
Recuerdo el
día en el que me avisaron de que un avión se había estrellado en
una de las famosas Torres Gemelas de Nueva York. Encendí el
televisor y la palabra «fatalidad» fue la primera que se me vino
a la cabeza, pues creía que se trataba de un trágico accidente.
Poco después contemplé una explosión que provenía del otro
edificio, algo que me dejó tan desconcertado como a los
presentadores que se encontraban relatando lo que veían sus
ojos, quienes explicaban que otro aeroplano había impactado en
su estructura. Lo que vino a continuación fue un caos en el que
uno no sabía cuántos "proyectiles" se encontraban en esos
instantes volando sobre algunas ciudades estadounidenses en
busca de su objetivo, por no hablar de la desazón que cualquier
persona de bien sentía por todos los que se hallaban en aquellas
descomunales construcciones o en sus alrededores, especialmente
cuando éstas comenzaron a derrumbarse.
Resultaría
algo absurdo explicar con detalle en un largometraje lo que
aconteció aquel once de septiembre, puesto que todos hemos
podido verlo en su momento en la pequeña pantalla o
posteriormente en diversos informativos y en numerosos
documentales, siendo especialmente sobrecogedoras las
grabaciones de los hermanos Naudet, uno de los mejores reflejos
de lo que ocurrió aquella fatídica jornada. Ahora bien, contar
la historia de las miles de personas que se vieron afectadas de
forma directa o indirecta por aquellos atentados... es algo a lo
que no podía renunciar durante más tiempo el cine, un medio al
que, sin duda, muchos artistas (y otros cuantos oportunistas)
seguirán recurriendo en el futuro para, por ejemplo, homenajear
a las víctimas, lanzar todo tipo de conjeturas o criticar a las
autoridades norteamericanas por no haber sido capaces de prever
tan vil ataque.
Las primeras
producciones que han llegado a nuestras pantallas sobre el once
de septiembre abordan la cuestión sin querer adentrarse en los
farragosos terrenos de la política, algo que, bajo mi punto de
vista, resulta todo un acierto. Quién nos iba a decir, sin
embargo, que Oliver Stone
iba a ser el autor de uno de ellos, y que precisamente él
rodaría la película más manipuladora desde un punto de vista
emocional. Y es que, a diferencia de "United 93", el
director de ""Alejandro Magno" deja
la sobriedad a un lado e introduce una serie de recursos
cinematográficos que persiguen a toda costa que lo que estamos
presenciando en la pantalla llegue con fuerza a nuestros
corazones. El principal propósito de Stone es rendir un tributo
a dos supervivientes de este atentado y a sus familiares, aparte
de a todos aquellos que colaboraron en su rescate.
No obstante,
la estructura del guión no es la adecuada, de tal modo que
Andrea Berloff recurre a
triquiñuelas más propias de una producción catastrofista que de
una cinta que aspira a narrar sin los habituales artificios
hollywoodienses las vivencias de varios policías de la
Autoridad Portuaria de Nueva York y de sus seres queridos. Es lo
que sucede, por ejemplo, con los innecesarios «flashbacks» que
se añaden al relato o con algunas escenas en las que los
diálogos se podrían haber suprimido, puesto que ya sentimos el
dolor de determinadas personas sin necesidad de que nos lo estén
recordando constantemente.
Aun
teniendo en cuenta estos defectos, "World Trade Center" es un
largometraje que también está plagado de aciertos, empezando por
el hecho de que Oliver Stone no recree visualmente los atentados
o repita con insistencia unas imágenes que ya hemos visto por
televisión. Al contrario, es ejemplar la forma en la que
visualizamos cómo comienza esta tragedia, con la amenazadora
sombra de un avión deslizándose por calles y edificios de la
ciudad. Además, y a pesar de los excesos antes mencionados, el
filme posee notables pasajes dramáticos, la mayoría relacionados
con las mujeres de los protagonistas y esa angustiosa espera en
la que no saben si éstos seguirán vivos o no.
Al respecto,
las interpretaciones de Maggie
Gyllenhaal y Maria Bello
son dignas de destacarse, algo que también se puede decir de la
de Michael Peña. Sin
embargo, Nicolas Cage es un
actor muy irregular del que se puede esperar cualquier cosa, y
en esta ocasión su trabajo nos deja un tanto indiferentes, pues
tan sólo se limita a mostrarnos ese lánguido rostro que ya hemos
visto en gran parte de las películas en las que ha participado.
"World Trace Center" es una obra de buenas intenciones y
resultados desiguales, si bien considero que abundan más los
elementos positivos que los negativos. Ahora bien, no es esa
fabulosa cinta que muchos nos esperábamos encontrar, de ahí que,
teniendo en cuenta las expectativas desde las que se partía, es
lógico que decepcione a numerosos espectadores.
Calificación película:
    
Calificación
banda sonora original:
    
Imágenes
de "World Trade Center" - Copyright © 2006
Paramount Pictures y Double Feature. Distribuida en España por
UIP. Todos los derechos
reservados.
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