CRÍTICA
por
Miguel Á. Refoyo
Desastroso cine épico
La película más cara de la
historia del cine español es una ambiciosa muestra de cine épico
malogrado debido a su guión irracional, confuso y grotesco
"Alatriste" pretendía ser
muchas cosas a la vez: la gran superproducción que sacara de la
insuficiencia comercial al cine español; el pretencioso
testimonio que corroborara que en España se puede hacer cine
épico reivindicando una época medieval concreta y bélica sin
incurrir en el ostracismo de la Guerra Civil; la adaptación de
uno de los ‘best sellers’ más multitudinarios de las últimas
décadas; y la película ‘a la americana’ que reuniera lo mejor
del cine patrio. Sin embargo, la desastrosa película de
Agustín Díaz Yanes no consigue
nada de ello. "Alatriste", pese a su innegable esfuerzo por
resultar todas esas cosas, es una cinta mediocre que da la razón
a aquellos que postulan sobre la muerte de un cine español
ahogado en la inopia. Un cine español que encuentra su pináculo
errático en este profundo bagaje de esfuerzos y voluntades
artísticas que es la funesta adaptación a modo de cóctel sin
sentido de las novelas de Arturo
Pérez-Reverte.
Las excesivas ínfulas de este
oneroso armatoste pretenden generar una idiosincrasia basada en
el trazo esteticista y pictórico de la España del siglo XVII y
sus contraposiciones morales, donde se entremezclan el poder y
el desamor, la traición y la muerte, la deuda y el destino a
través de la mirada de un antihéroe que lucha sin tregua por su
honor y poco por la patria que le asfixia y manipula. Un logro,
el de reflejar en pantalla esa crepuscular época heroica y
miserable, que apabulla por la majestuosidad con la que la
parafernalia del andamiaje luce en un pomposo retrato de la
época, detallista y, en ocasiones, excesivo.
El diseño de producción de
Benjamín Fernández y el
vestuario de Francesca Sartori
se alían con la excepcional dirección de fotografía de
Paco Femenía (que algo ha
tenido que ver con las mejores secuencias en labores de
dirección) para aportar, al menos, la credibilidad ambiental que
el reto requería y exponer la España oscura de vasallos y
mercenarios al servicio del Rey o de la Inquisición, en una
lúcida recreación de un período decadente. Aunque evidencie, eso
sí, una constante obstinación en traslucir que "Alatriste" es,
ante todo, una superproducción, un proyecto costoso sin
precedentes en el cine español. Aunque esa ambientación denote
excesivo protagonismo respecto a la historia y sus personajes,
sirve como excusa perfecta para enmendar todos los errores que
tiene el filme de Yanes.
El grotesco y aparente
ejercicio de sobriedad del director de aquella joya llamada
"Nadie hablará de nosotras cuando hayamos muerto" se erige
sobre los macilentos pilares de un guión estrambótico sin
cohesión ni sentido, en el que reina la confusión constante,
plagada de anacronismos y saltos temporales fragmentarios, de
diálogos desordenados y carente de cualquier continuidad
dramática que imposibilitan el lógico desarrollo de las
acciones y la (aquí inexistente) evolución de los personajes.
Desprovista de toda progresión narrativa, "Alatriste" parece
estar rodada sobre un guión al que faltasen páginas,
autocreyéndose el vaivén de mercenarios nobles inmersos en un
mundo donde la historia, la muerte y la traición tienen tan
desarreglado protagonismo. Aunque tal vez Díaz Yanes haya
apostado por una forma innovadora de narrativa, sin coherencia,
con personajes sin motivación, aceptando el caprichoso azar de
un guión poco menos que ultrajante. Si así fuera, todo estaría
justificado dentro de la equívoca trama.
Los 26 millones de euros que
ha costado "Alatriste" han servido para crear un débil fenómeno
mediático demasiado voluble e inconsistente detrás del cual se
esconde una sucesión de anécdotas históricas servidas con total
carencia de línea argumental, que puntualiza y ampara todos los
defectos del cine español y ninguna de las virtudes del cine
épico (sea americano, francés o de cualquier otro lugar del
mundo). Algo, como mínimo, que se debería haber intentado, al
menos, en sus propuestas bélicas, donde Díaz Yanes ha orquestado
las pocas secuencias de lucha cuerpo a cuerpo o colectivas desde
la impericia de un director poco curtido en estas cuitas. Y es
que a Yanes, "Alatriste" le sobrepasa en todo momento.
Un hecho patentizado en esa
batalla final de Rocroi que gravita en la incapacidad, saturada
de primeros planos y planos medios del enfrentamiento entre dos
ejércitos. Secuencia que se dilata con una multitud que decrece
en número a cada plano gracias a la mano del ordenador. Algo
nunca visto en una sinfonía de sangre digital, de falseada
suciedad e inverosímil muerte que acaba por dejar a la vista
otro de sus muchos defectos. Desequilibrio éste que también
alcanza al equipo artístico. Si Viggo
Mortensen sobresale, a pesar de un acento muy forzado
y anómalo, llenando la pantalla con su carisma, haciendo de
Diego Alatriste un personaje descarnado, amargo y lúcido, y
responden a ese marchamo de brillantez los efectivos
Javier Cámara,
Juan Echanove y Eduard
Fernández, tres intérpretes sólidos y en continuo
estado de gracia., no ocurre lo mismo con gente como
Eduardo Noriega, la
improcedente Blanca Portillo
(en un papel grotesco e irracional) y las torpes aportaciones de
Ariadna Gil y la insufrible
Elena Anaya.
"Alatriste" termina por
ser una película diluida en la apatía, sin la más mínima
intriga, acción o emoción. En definitiva, un “quiero y no
puedo”, un cúmulo de intenciones galvanizadas en su ambiciosa
magnitud que se logran en parte, y que acaban por naufragar en
un mar de torpeza narrativa, sin hilo argumental capaz de
enlazar los distintos fragmentos de una cinta ambulante en todas
sus definiciones.
Calificación:
    
Imágenes
de "Alatriste" - Copyright © 2006 Estudios
Picasso, Origen y NBC Universal Global Network España.
Distribuida en España por Hispano Foxfilm. Todos los derechos
reservados.
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