CÓMO SE HIZO "CRANK:
VENENO EN LA SANGRE"
Notas de producción © 2006
Aurum
Para los guionistas/directores
Mark Neveldine y Brian Taylor, directores de publicidad que
debutan en la gran pantalla, Crank es fruto de su deseo personal
de realizar una película de acción sin tregua. “Padecemos el
Trastorno de Déficit de Atención (TDA) por Hiperactividad, al
igual que otros setenta millones de americanos”, bromea
Neveldine, “y queríamos hacer una película que fuera como un
videojuego”. “Crank es un largometraje para gente con TDA. Es
una locura de película”, añade Taylor. Crank transcurre a lo
largo de una jornada frenética en Los Ángeles, donde Chev
Chelios (Jason Statham), un asesino a sueldo que está intentando
dejar el negocio para llevar una existencia más normal con su
novia Eve (Amy Smart), ajena a todo el asunto, se levanta
descubriendo que Verona (Jose Pablo Cantillo), su Némesis
particular, le ha envenenado con una droga que le matará si se
detiene siquiera un minuto. Para burlar a Verona y a su gente, y
acabar un trabajo que consiste en eliminar a un capo de la mafia
china que responde al nombre de Don Kim (Keone Young), Chev ha
de confiar en su fortaleza física, en la ayuda de su amigo Kaylo
(Efren Ramirez) y en el consejo médico de Doc Miles (Dwight
Yoakam) para seguir moviéndose… y permanecer con vida.
“Con Crank
queríamos hacer una película en la que el prota se moviera, se
moviera, se moviera todo el tiempo. Es como Speed, sólo que en
lugar de un autobús, es un tío. Y si se para, explota”, dice
Taylor. “Ello nos proporcionaba una manera intrínseca de mover
la cámara como a nosotros nos gusta moverla y enfrentar el mundo
del personaje tal y como queríamos hacerlo.”
Ese mundo es
el sórdido submundo de Los Ángeles. Fue la original visión de
Neveldine y Taylor sobre ese marco lo que en un principio atrajo
al productor de Lakeshore Entertainment Skip Williamson, quien
sabía del dúo por su innovador historial en el terreno
publicitario y por su estrecha amistad con su agente, Micheal
Sheresky, de William Morris. “Un pajarito me habló de estos
dos”, dice Williamson, “y sabía que su trabajo era, lisa y
llanamente… ¡una locura! Tras visionar sus anuncios, me di
cuenta de que realmente estaban en otro nivel. Lo hacían todo,
desde manejar la cámara a instalar grúas o a mover los focos. Su
forma de tener a todo el mundo contento, sin dejar de apretarles
en el trabajo, era realmente impresionante. Sheresky me pasó el
guión y a las veinte páginas ya sabía que aquella combinación de
estilo y narración llegaba en el momento justo.”
Lakeshore
comenzó, pues, a trabajar con la pareja, pastoreando el guión a
lo largo de sus diversas fases, hasta que se dio la primera
claqueta. El productor Richard Wright comentaba en su momento
que “Mark y Brian escribieron el guión hace varios años y
trabajaron con nosotros durante dieciocho meses para poner la
película en marcha. Ahora la están dirigiendo, son los
operadores de cámara y realizan un aporte decisivo en cuanto a
la iluminación. Es su película y en nuestros días no es habitual
que un director se responsabilice de una parte tan sustancial
del proceso creativo global de un largometraje”.
Por otra
parte, para el éxito del rodaje era esencial contar con el actor
adecuado para dar vida al personaje de Chev. “Se suponía que es
un tipo de L.A.”, recuerda Taylor. “Nunca pensamos en un inglés.
Repasamos innumerables actores americanos intentando encontrar a
alguien que tuviera esa especie de rudeza creíble de aquellos
intérpretes idolatrados de los años 70, de los Steve McQueen y
los Roy Scheider, auténticos malaleches. Pero de aquella
generación se acabó lo que se daba, al menos de esa manera”.
“Pero de repente nos topamos con Jason y… ¡menudo tipo duro!”
“El guión era
totalmente distinto de cualquier otra cosa que hubiera leído
jamás”, recuerda Statham. “Es una locura, qué digo… más que una
locura. Tiene tantas buenas escenas, rebosa tanta violencia,
romance, comedia, drama… Es una especie de cóctel de diez
películas en una”.
Taylor cree
que Statham ha sido capaz de hacerse con todos y cada uno de los
aspectos del filme y del personaje: “es una interpretación que
nos impresiona a todos cada vez que la vemos. Hace prácticamente
todo lo que se le puede pedir a un actor, desde mostrarse
violento y físico a comportarse de forma mesurada, encantadora y
urbana. Su interpretación posee tantísimos matices que resulta
increíble, fantástica”.
El Productor
Ejecutivo, David Rubin, está de acuerdo con la valoración de
Taylor: “Antes de comenzar el rodaje, Chev era el gran
interrogante. Tenía que ser un tipo duro pero también debía
tener un gran corazón. Era preciso que fuera ágil, aunque no un
supératleta. Tenía que ser inteligente, pero no un listillo;
divertido, pero no un chistoso. Era increíble llegar todos los
días al rodaje y ver a Jason enfrentarse a las escenas de acción
difíciles y lograr que parecieran tan fáciles, y cambiar luego
al complejo tempo de la comedia y conseguir que resultara
divertido. Y, bueno, aunar en ocasiones todos esos elementos en
una misma escena me parece absolutamente prodigioso”.
La mayoría de
los momentos cómicos y románticos de Crank son fruto de la
relación de Chev con su dulce y protectora novia Eve,
interpretada por Amy Smart. “Eve es el antídoto de la brutalidad
que marcan el estilo de vida del tipo este y de su
personalidad”, explica Neveldine.
A Smart le
entusiasmó la posibilidad de hace su primer largometraje de
acción y desde el primer momento se sintió fascinada por la
dinámica de la relación entre Eve y Chev. “Creo que ilustran muy
bien ese dicho de que «los opuestos se atraen»: a ella le atrae
este sujeto peligroso, misterioso y duro pero que, en el fondo,
es un muchacho dulce. Pero, al mismo tiempo, es todo lo
contrario de Chev porque lo que a él le atrae de ella es su
ternura y le ofrece un espacio seguro al que regresar cuando
puede escaparse de su frenética vida. Además, mi personaje cree
que su novio es programador de video juegos y no un asesino a
sueldo. Pero cuando lo averigua, la conexión es tan fuerte que
casi se convierte en algo excitante para ella”.
Statham cree
que los directores no podrían haber elegido una actriz mejor
para ese papel. “Eve representa todo lo que no es Chev –una alma
pura, una persona pacífica–, y Chev está absolutamente loco por
ella. Le hace sentir que existe otra vida que merece la pena
vivir y Amy encarna exactamente todo eso. Y además es preciosa,
divertida, adorable y especial hasta decir basta”.
Si Eve
representa todo lo bueno que hay en la vida de Chev, el
personaje de Ricky Verona, interpretado por Jose Pablo Cantillo,
es su antagonista en este drama. Cuando comienza la película y
Verona ha envenenado a Chev, espera sin lugar a dudas que muera.
Pero Chev sobrevive y, a medida que transcurre –entre sudores–
el disparatado día cuya crónica es Crank, Chev termina
absorbiendo la mayor parte de la atención que pretende conseguir
Verona.
Dar vida a un
villano tan complejo es una de las razones que más atrajeron a
Cantillo de este papel. “Tenemos a estos dos asesinos a sueldo:
el que yo encarno [Ricky] es el Número Dos que quiere ser el
Número Uno. Pero no es cuestión sólo de eliminarlo para quedarse
con su puesto, es preciso hacerlo con estilo. Hay en él un
cierto delirio de grandeza. Nadie le falta al respeto. Pero es
que mataría por granjearse respeto, el tío. Y de repente viene
el Chev este que le trata como a un ciudadano de segunda
categoría”.
Entre otros
personajes que desempeñan un papel principal en la vida de Chev
figuran su transformista amigo e informante Kaylo, interpretado
por Efren Ramirez, cuyo papel en Napoleon Dynamite causó
sensación y lo lanzó al estrellato. “Kaylo es un personaje tan
tridimensional…”, asegura Ramirez. “Hay tanto que decir de él.
Es una personalidad multifacética con multitud de sombras que, a
lo largo de toda la película, se van desvelando a medida que
ayudo a Chev a dar con los malos”.
Los
directores fueron asimismo capaces de convencer a Dwight Yoakam
para que se uniera a la troupe e interpretara a Doc Miles, el
médico al que consulta Chev en su intento de eliminar el veneno
de su organismo. Yoakam rodó todas sus escenas en un día. “Mi
personaje es una especie de doctor rockero cuya clientela está
formada fundamentalmente por lo peorcito de la sociedad de LA y
creo que eso le mola.” El músico/actor añade que “me lo leí y
pensé, «¿Sabes qué? En el esquema general de la película, éste
tipo podría ser divertido de interpretar.» Me halaga mucho que
me lo pidieran”.
Dirigir un
reparto tan grande y variado como el de Crank no fue sino uno
más de los retos a los que se enfrentaron los directores noveles
Neveldine y Taylor, aunque en absoluto incoherente con su
planteamiento eminentemente práctico.
A Statham, en
particular, le impresionó la capacidad de los directores desde
un primer momento. “El guión me interesó mucho. Cuando me reuní
con Mark y Brian, comenzaron a explicármelo y me mostraron sus
cintas. Me di cuenta de que tenían muy claro lo que querían y de
que, desde luego, sonaba muy diferente de la mayoría del
material que circula por ahí”.
Pero ni
siquiera entonces se daba cuenta de que parte de lo que los
directores tenían en mente era que Neveldine se calzara unos
patines y filmara la acción con la cámara al hombro. “Tienen
esta forma estupenda y libérrima de rodar. La nueva generación
de equipos de Alta Definición (HD) les permite –al ser las
cámaras tan pequeñas– colocarlos en lugares en los que jamás te
plantearías meter una cámara”, añade Statham. “Una vez iba
conduciendo y van y me colocan una cámara entre las piernas. Se
trata de una estructura absolutamente libre. Jamás había visto
nada parecido. Para mí, lo mejor es trabajar con gente que ha
escrito el guión y es capaz de dirigirlo. En la vida había
pensado que el director manejara la cámara además. Su talento es
inagotable”.
El técnico en
imagen digital Nick Theodorakis se dio cuenta de inmediato que
Neveldine y Taylor eran unos directores que querían utilizar la
HD para dar forma a un planteamiento visual propio y singular.
“Me trajeron a bordo como control de calidad, para que me
cerciorara de que el diseño visual de la película alcanzara un
cierto estándar de calidad aceptable con arreglo a lo que se ve
en la mayoría de las películas”, recuerda Theodorakis. “Me di
cuenta de que el planteamiento visual de los directores no sólo
se ajustaba perfectamente a su estilo propio, sino también al
guión de esta película de ritmo enloquecido, y que quedaba de
maravilla. Visualmente, la cinta resulta increíblemente
frenética y dinámica. Hay mucho movimiento pero no se reduce
sólo a eso, algo que sin duda se puede apreciar en la calidad de
las imágenes que han rodado”.
Theodorakis
añade que “Neveldine y Taylor son grandes entusiastas del vídeo,
lo que resulta una sorpresa muy agradable porque la mayoría de
las veces cuando colaboro con gente que rueda en Alta
Definición, lo hacen porque no se pueden permitir rodar en cine
o lo ven como algo que debería tener el aspecto del cine. En
cambio, estos dos jóvenes han crecido con el vídeo y lo
contemplan como una forma de arte en sí mismo, lo cual es
excelente porque pudimos desarrollar un planteamiento que no
fuera exactamente cine ni tampoco fuera exactamente vídeo
tradicional o HD. Es algo quintaesencialmente Crank, un diseño
visual «made in Neveldine-Taylor»”.
Rodar la
película en formato digital, empero, obligó a los directores a
enfrentarse a algunas desventajas inevitables o, como recuerda
el productor Wright, “en esta producción hemos llevado adelante
doce líneas de aprendizaje diferentes de manera simultánea, lo
que en ocasiones ha resultado ser una experiencia aterradora.”
Las Sony 950, las cámaras de preferencia en el decorado, tenían
un cable que las conecta a un pupitre, por lo que inicialmente
no eran lo suficientemente portátiles para que Neveldine, en
funciones de operador de cámara, las llevara consiguen durante
las tomas, sobre todo en las secuencias de acción de ritmo más
vertiginoso. La solución al problema llegó con el desarrollo de
lo que dieron en llamar la “nanocam”: una mochila que permitía a
Neveldine sostener en la mano una pieza de la cámara desmontada,
la lente y una placa de imagen, mientras que el resto de la
cámara, el pupitre y el cinturón de baterías iban firmemente
sujetas a la espalda del director/operador.
Richard
Wright señala que “la principal ventaja es que, de hecho, tienes
el laboratorio en el decorado. Nuestro técnico en imagen
digital, Nick Theodorakis, es capaz de ajustar la apertura
–brillo, color, nitidez– en quince ejes diferentes de ajuste de
la imagen sobre la marcha. Por lo tanto, se puede comenzar en
interiores con un nivel de luz, salir al aire libre con una luz
completamente diferente y ajustarla sobre la marcha. Hace que la
iluminación resulte mucho más fácil y convierte en muy posibles
tomas que de otro modo habrían resultado imposibles o, cuando
menos, muy difíciles. También nos proporciona la posibilidad de
ver al instante lo que acabamos de rodar”.
Theodorakis
señala que el empleo de HD, además de eficiencia, también aporta
un lenguaje visual más intenso, del que Crank hace uso con
efectos sorprendentes. “Por lo general, en la cinematografía
tradicional, se utiliza el obturador para mejorar una escena de
acción”, explica, “y de hecho hasta ahora sólo se había
utilizado para eso [las escenas de acción]. En Salvar al soldado
Ryan, en la escena de la playa, donde todo es confusión y
cañonazos por todas partes, se cierra el obturador. Luego se
vuelve a la imagen normal con obturador a ciento ochenta grados,
que es a lo que todos estamos acostumbrados: una imagen
tranquila y muy normal”.
“En nuestro
caso, la idea encaja con el título: Crank [manivela para
arrancar un coche antiguo]”, continúa. “Le dimos a la manivela
desde el primerísimo plano: nuestro ángulo de obturador básico
es el que la mayoría utilizaría para una secuencia de acción,
que fue otro de los conflictos que tuvimos al principio: ¿seguro
que podemos hacer esto? ¿Podemos comenzar con una sensación de
energía increíblemente elevada y mantenerla durante toda la
película? Lo probamos y nos encantaron los resultados que
obtuvimos. Incluso en las escenas de diálogo cerrábamos un poco
el ángulo del obturador para proporcionar un poco más de
sensación de frenesí. Lo cual resulta magnífico porque, incluso
cuando la película baja el pistón, es posible sentir realmente
el dilema de Chev: tiene que seguir aumentando el ritmo o de lo
contrario muere. Encaja perfectamente con este largometraje en
particular”.
Taylor cree
que “cuando la gente vea esta película van a ver algo que tiene
un impacto visual completamente diferente al de cualquier otra
película que hayan visto. Y ese era nuestro objetivo.” Y añade:
“Si vamos a abrazar esta nueva tecnología y hemos de pasar por
todo el aprendizaje que conlleva trabajar con ella, saquemos
algo en limpio e intentemos innovar”.
Otro notable
avance de los directores de Crank fue permitir que su estrella
hiciera la mayor parte de sus escenas de acción, incluso en las
secuencias más importantes y peligrosas, en especial el clímax,
cuando Chev pelea con Verona mientras cuelgan de un helicóptero
que sobrevuela las calles del centro de Los Ángeles.
“Jason
siempre quiso colgarse del helicóptero”, recuerda Taylor. “No
estábamos seguros de si era legal hacerlo. Pero teníamos en
nuestro equipo al mejor especialista del planeta, Darren
Prescott. Compró todo el utillaje necesario y lo hizo posible”.
“Como
coordinador de especialistas intento poner a los actores en
acción lo más posible porque creo que lo que el público quiere
es ver al personaje hacer las escenas arriesgadas”, dice
Prescott. “Por eso, cuando das con alguien como Jason que está
deseando hacerlas, es una mina de oro.” Prescott suspendió a
Jose y a Jason del helicóptero por un cable. Pero debido a la
cantidad de movimiento que implicaba su pelea, hubo que colgar a
Jason de dos cables diferentes con una cierta holgura. Cuando al
final Chev se suelta del helicóptero y cae, Prescott utilizó un
aparejo de descenso para simular la caída. “Jason tuvo que
depositar toda su confianza en este aparejo, porque retrocede y
termina cayendo del helicóptero. Era algo tremendo de hacer. Y
fue capaz de tirarse todas las veces. Fue impresionante”.
“Sí, fue una
gran escena de acción”, recuerda Statham, “Quiero decir, ¿cómo
se prepara uno para colgarse a trescientos pies de altura del
costado de un helicóptero? No se puede. Yo no lo había hecho
nunca. Te ponen el arnés y hala, ¡a tirarse!, menudo subidón.
Pero quería hacerlo yo todo y tenía plena confianza. De lo
contrario, no habría corrido estúpidamente ese riesgo”.
Taylor añade
que en la forma de prepararse Jason para la escena del
helicóptero no hubo, sin embargo, un ápice de inconsciencia.
“Por lo general los actores se niegan a hacerlo, se quedan
tranquilamente en la caravana y dejan que lo haga el
especialista. O bien son unas auténticas cabezas de chorlito y
te vienen en plan «sí, venga, yo hago lo que sea» sin saber
siquiera en lo que se meten. Pero Jason se planteó todas estas
secuencias de un modo sumamente inteligente. Quiso saber
exactamente lo que iba a suceder, cómo iba a suceder y cuáles
eran los procedimientos de seguridad. Y nos dimos cuenta de que
obra así porque lo que quiere es tener una visión total de
trescientos sesenta grados de lo que va a suceder con el fin de
que, cuando esté ahí arriba, sea capaz de comprometerse
físicamente de manera absoluta, al cien por cien, sin dudas ni
miedos”.
Statham
apunta que “es muy grande la recompensa por lograr algo como
eso, por hacerlo uno mismo. Nada puede sustituirlo. En la
pantalla el público va a ver que soy yo haciendo una rutina de
pelea coreografiada a trescientos pies del duro suelo del centro
de L.A. Es imposible hacerlo a base de transparencias, debido al
viento y al ruido y al miedo que sin duda trasluzco… en fin, se
ve claramente que es de verdad. La vista se te empaña de toda la
adrenalina que te corre por las venas. Da un miedo de tres
pares. Pero lo vences. Produce miedo y excitación a la vez pero
al mismo tiempo es peligrosísimo. Impresiona de verdad. Es una
pasada”.
Colgar a su
actor principal sobre los rascacielos de Los Ángeles no es más
que una de las muchas maneras que concibieron los directores de
utilizar escenarios reales con el fin de recrear la parte
sórdida de la ciudad que se proyecta en la pantalla. “Una de las
ideas de la película es que es un filme quintaesencialmente
angelino. Los Ángeles es un personaje más de la película. Por
eso teníamos que rodar en L.A.”, explica Taylor.
Smart
coincide con su director y expone su convencimiento de que “este
guión posee una atmósfera muy de L.A., sucia, salvaje y
descarnada, algo que no se podría reproducir en Vancouver ni en
ninguna otra parte, precisamente por esa razón: la de que no
importa que estés en Silverlake, en el centro o en Chinatown:
L.A. siempre te aporta unas sensaciones muy singulares”.
Sin embargo,
filmar a Chev corriendo con una bata de hospital por las calles
de Westwood, la escena de sexo entre Chev y Amy en Chinatown o
la persecución en coche en el interior de un centro comercial
real de L.A. no resultó lo que se dice barato: “Parte del
problema es siempre que, con esta clase de películas en las que
corren tantísimos riesgos, no se puede gastar demasiado dinero.
De por sí en cualquier película siempre andas buscando formas de
cuadrar los números. De manera que buscamos otros lugares en los
que rodar. Miramos en Vancouver, Montreal, y en Nuevo México.
Pero todas y cada una de las veces, los directores –con toda la
amabilidad el mundo, eso sí– se mostraban categóricos al
respecto: «mira, tenemos que encontrar la manera de hacerla en
L.A.»”
Se hicieron
concesiones que Wright considera fueron para bien: “Era tan
importante para ellos [los directores] conseguir esa atmósfera
de L.A., esta ciudad estrambótica con todos esos rincones
misteriosos y su arquitectura original, perennemente soleada.
Para ellos era importantísimo conservar eso y tuvimos que hacer
muchísimos sacrificios con ese fin. Pero ha merecido la pena y
al final hemos sido capaces de hacer buena nuestra apuesta.”
Neveldine y
Taylor confían en que el público también considere que han hecho
buena su apuesta y que acuda a ver la película. “Queremos que la
genta que vea Crank se suba a este divertimento, se lo pase bien
y haga el viaje con nosotros”, dice Taylor. “La experiencia
debería ser como la de la bala de un revólver: sale disparada y
vuelas con ella, te diviertes y disfrutas de la experiencia. Es
un videojuego con personas reales”.
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