CRÍTICA
por
Almudena Muñoz Pérez
Dicen que
Jason Reitman ha heredado en su
ópera prima el aroma de los viejos clásicos. Mientras su padre
se pasa de ultramoderno con "Mi
super ex-novia", dicen que este retoño ha recogido la
siembra de Frank Capra en “Gracias por fumar”. Yo no lo creo
así. Capra era un experto en firmar maravillosos cuentos
moralizantes que sólo él conseguía hacernos tragar. Detrás de
sus personajes arquetípicos solía esconderse una vitalidad rota
y un mensaje más que pesimista. “Gracias por fumar” es todo lo
contrario: detrás de sus personajes cínicos y su cubierta
polémica palpitan los buenos sentimientos y un humor simpático
que convierten una historia sobre héroes amorales en una fábula
cercana.
El “Caballero sin espada” del
propio Capra afirmó que todo ciudadano tiene derecho a defender
sus ideas y a ser escuchado. James Stewart hacía uso de dicha
tesis para enfrentarse a las malvadas ideas de Edward Arnold;
pero, ¿por qué no va a utilizar el villano ese mismo derecho? El
protagonista de “Gracias por fumar”, interpretado por un
eléctrico Aaron Eckhart, se
inspira en el personaje de Stewart para proclamar sus principios
contrarios a las maneras de lo políticamente correcto. Todo
tiene un doble filo y este representante de los estudios
tabacaleros, Nick Naylor, se aprovecha de la ambigüedad de cada
término para dar la vuelta a la situación y a las mismas ideas
del espectador. Reitman acierta al conjugar en su guión
enlazado y carente de baches argumentales o sentimentales unos
testimonios de cuestionable ética con los procedimientos que el
protagonista sigue para presentárnoslos. En este sentido,
resulta fundamental la presencia del hijo (Cameron
Bright) que, en cualquier otra producción de
intenciones parecidas, se habría convertido en el niño repelente
que obliga al padre a redimirse para darle un buen ejemplo.
Desde el principio el largometraje sitúa al espectador en el
punto de vista de Nick Naylor, y sabe de sobra que,
paradójicamente, su mal ejemplo va a resultar mucho más
instructivo que una cinta de preceptos blandos y éticos.
Algunos personajes
considerados basura social, como los representantes de todo
producto polémico, sea el tabaco, el alcohol o las armas,
vocalizan sin tapujos unas ideas que para la mayoría resultan
más que escandalosas. Reitman asume un riesgo considerable al
pegar bofetadas sin compasión a los pilares del país y la
industria sobre los que quiere trabajar, pero enseguida
averiguamos que él no se pronuncia a favor de ningún material
nocivo. Ni a favor ni en contra, sino todo lo contrario, como
decía aquél título francés. Sembrar una polémica sana en
estos tiempos de conformismo y maniqueísmo es una premisa que se
recibe con agrado y, si se acompaña de una ironía punzante y
equitativa para con todos, con muchas más risas. Las
carcajadas que provoca “Gracias por fumar” no se basan en las
personas que circulan por la pantalla, sino en nuestra propia
ridiculez y en la debilidad de los esquemas morales que
defendemos para pasar desapercibidos. Reitman no escatima en
sabrosos detalles para escarbar un sarcasmo visual en cada una
de las escenas: la hipocresía de unos políticos que dicen
defender los intereses de su estado en forma de queso al que
pegar un buen mordisco; las compañías gigantes que se bautizan
‘EGO’, los restaurantes que sirven pasteles coronados por una
banderita de barras y estrellas, rígida mientras una multitud de
tenedores decide probar un pedazo. Mientras en Estados Unidos se
rinde culto a los nuevos héroes, al bombero y al piloto, Reitman
rescata del vertedero al paria que, con motivos o no, provoca
vergüenza ajena entre tan ejemplares ciudadanos. Plantear en el
país de Bush un debate sobre responsabilidades resulta mucho más
difícil que aquí. ¿Tienen las tabacaleras toda la culpa por los
males que aquejan a los fumadores o son éstos los culpables al
engancharse en plena lucidez a un vicio nocivo? En todo caso
“Gracias por fumar” se ahorra posturas incómodas e
insatisfactorias y prefiere abogar por la crítica feroz que
permita reflexionar a todos los implicados. Ni un fumador
activo ni uno pasivo podrán sentirse ofendidos ante la película
de Reitman, que sabe medir, con un extraordinario pulso para
tratarse de un debut cinematográfico, la risa desencajada junto
a un ridículo autoconsciente –vean a ese senador que cavila en
su despacho con calcetines y sandalias–.
Aunque hipócritas somos
todos, el gobierno que menos se salvaría de la quema es el
norteamericano. Por esa razón, “Gracias por fumar” dirige un
mayor número de dardos al contexto de la historia, exagerando
cada uno de los recursos visuales que hemos contemplado hasta la
saciedad en el cine de Hollywood, desde el letrero hasta el
ralentí, pasando por las atmósferas humeantes que Reitman
defiende a base de divertidas referencias cinéfilas y recogiendo
la controvertida propuesta de eliminar cualquier rastro de
tabaco en las películas. Unos gobernantes y cabezas pensantes
que pretenden esgrimir la jolly roger, la bandera pirata,
para defender sus valores contrarios a la libertad, a la
libertad también de que el villano, el señor Potter, proponga
sus argumentos con toda lógica. A James Stewart nunca se le
hubiera ocurrido disfrazarse de corsario para abordar el
congreso. Pero en la realidad no triunfa Stewart, sino Naylor.
Una línea de diálogo de la cinta nos da la síntesis: “Eso es
asqueroso. Es americano”.
Calificación:
    
Imágenes de "Gracias por fumar" - Copyright © 2006
Room 9 Entertainment y Contentfilm. Distribuida en España por
Hispano Foxfilm. Todos los derechos
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