CRÍTICA
por
Miguel Á. Delgado
Existe un
problema común a muchos nuevos valores, y es la coincidencia
entre un dominio del lenguaje visual que no se corresponde con
una idéntica pericia a la hora de levantar una historia
consistente, que rehúya los tópicos (problema número uno,
además, cuando se trata de una cinta de género), y con una
credibilidad a prueba de giros y golpes de guión. Ejemplos
empieza a haber desgraciadamente muchos, y la nueva película de
Pablo Malo es uno de los más
evidentes de los estrenados últimamente.
Desde su
arranque, Pablo Malo hace demostración de un férreo dominio de
todo lo que atañe a la organización del plano, los movimientos
de cámara, la cadencia y la búsqueda de un estilo visual que
contribuyen a crear una sensación de misterio e intriga que
enganchan al espectador desde unos títulos de crédito que
aprovechan el potencial cinematográfico del humedal para crear
unas imágenes que aúnan belleza, elegancia e inquietud. Sin
embargo, estas primeras promesas empiezan a venirse abajo,
mediado el metraje, cuando lo que en un principio se presentaba
como una fascinante historia de fantasmas situada en un
internado pirenaico en los años sesenta, deriva en una
sucesión de acontecimientos previsible y que, en ocasiones, roza
el ridículo. Y es una lástima porque la solidez visual merecería
el complemento de una historia que explotara mejor el potencial
de una trama sobrenatural de culpas y castigos mucho más
atrevida y matizada.
Desde este
punto de vista, el empeño de Pablo Malo por aparecer como un
autor total (hasta el punto de que los únicos créditos de
apertura se limitan a reproducir el título de la cinta y el
nombre de su director y guionista, algo que no deja de resultar
bastante sorprendente) acaba volviéndose en su contra, porque
ese afán de autoría no se corresponde con un resultado que se
termina revelando como una mala copia de muchas otras
referencias, algunas de ellas demasiado cercanas, y que, a pesar
de no ser peor que la gran parte de títulos norteamericanos de
terror que se estrenan en nuestro país, tampoco puede contarse
entre lo más destacado de la producción nacional del año recién
terminado.
Y eso que el
reparto, en general, cumple, incluso con alguna línea de diálogo
un tanto disparatada que tanto José
Luis García-Pérez como
Philippine Leroy-Beaulieu (¡qué lástima que el
misterio que parece rodear a su personaje, apoyado en su
estupenda interpretación, se deshaga tan pronto!) sortean con
profesionalidad y empaque, el mismo que siempre acompaña a una
veterana como María Jesús Valdés.
Un empaque que parece haber dejado de lado a
Manuel Morón, normalmente
desenvuelto en los papeles inquietantes y levemente amenazantes,
pero que, en este caso, parece más bien atado por un automatismo
a la hora de interpretar que quizá parece anunciar que el
encasillamiento acecha a este actor. Lo peor, sin duda, hay que
añadirlo en el apartado de la niña
Andrea Villanueva: en un año en que hemos asistido al
prodigio de interpretación de Ivana Baquero en "El laberinto del fauno", ver a una cría que se limita a poner
cara seria, sin creerse en ningún momento lo que dice o hace, es
una prueba demasiado exigente para la credibilidad de la
historia.
Pablo Malo
demuestra dominar el tempo y la creación de ambientes, y que su
capacidad de narrar e inquietar está más que sobrada; sin
embargo, para su próximo proyecto, no sería mala cosa que
cuidara mucho más todo lo que se refiere a la escritura de la
historia; o, en su defecto, que buscara un guión interesante que
le permitiese demostrar todo de lo que es capaz. Que, a juzgar
por “La sombra de nadie”, no es poco.
Calificación:
    
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de "La sombra de nadie" - Copyright © 2006
Zine 1 y Media Films. Distribuida en España por Manga Films. Todos los derechos
reservados.
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