CRÍTICA
por
Julio Rodríguez
Chico
Silencios
y engaños
No son los espías de "La
vida de los otros" (Florian Henckel) ni como los que
permanecen en la memoria del cinéfilo asociados a Humphrey
Bogart o Alfred Hitchcock. Los de Icíar Bollaín son tres
mujeres que trabajan en el Madrid del siglo XXI, intentando
sacar adelante su peculiar tarea y procurando capear los
nubarrones que se ciernen sobre sus relaciones afectivas. En
manos de la directora de "Te doy mis ojos", su labor detectivesca no es más que un
pretexto para que el propio espectador actúe como “espía” de la
vida de las protagonistas, investigue los silencios que amenazan
su vida sentimental o laboral, y también levante acta de la
injusticia social de nuestros días. El objetivo de la cámara de
Bollaín es el mismo que usan Carmen, Eva o Inés para vigilar a
sus sospechosos y lograr unas fotografías que sirvan de prueba a
sus clientes, y también el mismo con el que procuran enfocar sus
propias vidas para detectar cómo se están engañando o qué camino
deben tomar.
Tres historias personales
que se dan cita en una oficina por la que acuden esposas y
maridos que sospechan de la infidelidad de su pareja, individuos
que desean saber el paradero de alguien perdido en el recuerdo,
o empresarios interesados en desactivar un frente sindical que
lucha contra su abusiva política de contratos. Problemas de
diversa índole para tres mujeres de distinta edad que se sienten
implicadas con sus clientes, que atraviesan por sus propias
dificultades personales: Carmen ve cómo su matrimonio se ha
enfriado y su marido ni siquiera le dirige la palabra; Eva se
enfrenta a la necesidad de compaginar su vida laboral y
familiar, a la vez que descubre un secreto largamente silenciado
por su marido; y a la más joven, Inés, se le encarga espiar a un
sindicalista del que acaba enamorándose. Historias de espías y
espiados que esconden una misma raíz: la mentira, el silencio,
el engaño, la desconfianza. Pero en cada caso, la mirada de
Bollaín sabe matizar y distinguir los secretos prudentemente
guardados de los engaños y actitudes de indiferencia que matan
el amor, las omisiones por debilidad o cobardía de las
hipocresías y abusos de confianza. Es la mirada de una mujer que
detecta los pequeños detalles y los gestos, que sabe adentrarse
en la complejidad de las relaciones humanas y en el distinto
modo en que hombre y mujer reaccionan ante los errores y
desavenencias, que entiende que los problemas se solucionan
hablando y que los silencios pueden ser tanto enriquecedores
como destructivos.
De estructura clásica, la
película comienza con una rápida y eficaz exposición de las
circunstancias de las tres protagonistas, y con pocas imágenes y
diálogos se nos presenta su situación emocional y laboral. A
continuación, la cinta sufre un ligera pérdida de ritmo
narrativo al contar los casos de investigación que cada una
lleva, para retomar más tarde el pulso dramático y conseguir
algunos momentos de gran intensidad emocional. Guión irregular
pero con unos personajes principales muy bien perfilados y donde
se deja ver la necesidad de afecto de la mujer madura
–espléndida Nuria González en el baile de Peñíscola–, de
sentir la confianza del marido para espantar los celos o
sospechas –Najwa Nimri consigue trasmitir sentimientos
complejos de dureza y ternura en el desenlace del triángulo
formado–, o de determinación y apuesta por lo verdadero –María
Vázquez cumple en un papel menos interior pero bien
resuelto–. La transparencia de estilo de Bollaín se permite, sin
embargo, algunos efectos arriesgados que a punto están de
arrastrar el filme hacia lo pretencioso, pero que
afortunadamente sabe contener y no abusar de ellos: las imágenes
de los movimientos iniciales de las protagonistas capturadas
como instantáneas de la misma investigación de las detectives, o
las breves escenas de textura digital en blanco y negro en que
el ojo de Inés parece actuar de cámara-espía en la fiesta de la
empresa son, por ejemplo, algunas de esas audacias peligrosas.
Desde “Hola, ¿estás sola?”
hasta “Flores de otro mundo” o la mencionada "Te doy mis ojos",
Bollaín siempre ha hecho gala de apostar por un cine
comprometido en lo social, y especialmente en lo relacionado con
la mujer. También aquí se acerca a ese atropello que puede
sufrir en el ámbito laboral o en el doméstico, con una tripleta
de situaciones estereotípicas pero bien abordadas. Únicamente el
retrato que hace del jefe de la empresa de detectives privados
parece excesivamente basto y poco pulido en comparación con el
resto –todos ellos tratados con respeto y comprensión–, y su
patetismo y aire destemplado le convierten en un ser tan
despreciable como despersonalizado e inverosímil. Por otra
parte, aunque las tres historias están hábilmente entrelazadas
por guión y montaje, y cada una obedece a una edad y situación
distintas, quizá la de Inés y Manuel quede algo desgajada del
resto por hacer hincapié más en los aspectos sociales-laborales
y sus personajes carezcan de la interioridad e intimismo de las
otras parejas. Más emotiva y dramática es la vivida por Eva e
Iñaki –gran papel de Tristán Ulloa, muy humano y
comedido–, y muy honda y dolorosa la de Carmen y Sergio. En
esto, se aprecia cómo la directora no logra ocultar su vocación
de denuncia y también cierto tinte ideológico que ya mostraba en
sus anteriores propuestas.
Sin duda, esta nueva
película no decepcionará a quienes les hayan gustado las
anteriores de la directora madrileña, aunque no está a la altura
de "Te doy mis ojos".
Será apreciable para quienes prefieran el cine social con drama
humano incluido, y a quienes estén interesados en nuevos
acercamientos del cine a los problemas de pareja, donde silencio
no equivale a engaño.
Calificación:
    
Imágenes
de "Mataharis" - Copyright © 2007 La Iguana
y Sogecine. Distribuida en España por Hispano Foxfilm. Todos los derechos
reservados.
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