CRÍTICA
por
Almudena Muñoz Pérez
Se desprende
una sensación de tristeza al ver la película de
Woody Allen para este 2006, a
pesar de que se trate de su regreso a la comedia tras el parón
dramático que supuso
"Match point".
Tampoco se trata de la melancolía de un humor muy consciente del
drama de la vida, y el más habitual en el repertorio del
director neoyorquino. Más bien al contrario, “Scoop” es un
asentamiento cómodo, pero complaciente, en la comedia más
vistosa y pasajera. Y una evidencia, no por divertida menos
dolorosa, de que el bueno de Woody ha estirado durante muchos
años un músculo humorístico que empieza a resentirse.
Desde el
propio título –‘primicia’ en inglés– Woody Allen parece ironizar
con sus propias virtudes y puntos débiles. Tras ese telón de
distracción, en realidad una historia banal, superflua y falta
de gracia y suspense, no nos está contando nada nuevo. Y
precisamente la gran baza del director es saber contar siempre
la misma historia desde giros distintos. Esta vez ha convertido
a “Scoop” en una tontería que le sirve para hablar de sí mismo
sin que se note. Son múltiples las referencias a sus manías,
sus gustos, sus miedos, su propio éxito, y riéndose de todo ello
–su papel de mago que adula continuamente a su público, aun a
sabiendas de que ofrece un pobre espectáculo–. Él debería
saber mejor que nadie que siempre ha hablado de sí mismo y con
un carácter directo que ahora no tiene por qué ocultar bajo un
folletín de tercera clase.
“Scoop”
encierra lo peor de las más socorridas ideas para un misterio:
un asesino pintoresco –deja cartas de tarot junto a cada
víctima–, una selección cuidada de crímenes –siempre morenas, lo
cual excluye cualquier sensación de inquietud que pudiera sentir
el público sobre la protagonista, que es rubia–, una joven
inexperta e impresionable, un cúmulo de situaciones de riesgo y,
por si fuera poco,... ¡un fantasma! Tal vez sin ese
planteamiento descabellado y su tono de humor suave, la cinta
caería en un desarrollo soporífero y nadie estaría dispuesto a
pasar por el aro del mago de Brooklyn. En cualquier caso, esto
último también resulta difícil, igual de complicado que
distinguir con claridad las risas sinceras de las que se
producen por inercia ante un producto Allen. En el fondo, quien
conozca a Woody desde la butaca de los años no puede dejar de
agradecerle la sonrisa de gusto, aunque sea por una nimiedad
como ésta. Pero eso no impide que los nubarrones truenen en el
horizonte.
Tampoco es
cuestión de anunciar la muerte creativa del director –aunque en
“Scoop” juegue con esa idea–, pues recordemos que la alabada
"Match point" era
un magnífico guión con suerte y repleto de referencias poco
originales. El cambio más sustancial en estas dos últimas obras,
y no sólo el de escenario –Londres y la ambientación de música
clásica, que sustituyen a los tradicionales Manhattan y jazz– es
que, frente a las cintas de carácter y sello, Woody Allen se
está pasando a las historias de género. Y en este caso, no sólo
por la comedia negra, que ya había abordado de forma muy
parecida en “Misterioso asesinato en Manhattan” o "La maldición del escorpión de jade".
Trufada de escasas perlas de frases verdaderamente inteligentes
y alejadas del chiste fácil, “Scoop” se mantiene en el estilo
ligero al cien por cien, en las alusiones a la magia –con
coincidencias demasiado casuales entre la estudiante de
periodismo, Sondra (Scarlett Johansson)
y el fantasma que le comunica la primicia–, a la muerte
desmitificada –una insulsa recreación escénica del más allá con
una dama de la guadaña muy parecida a la de “La última noche de
Boris Grushenko”– y a la intriga de los crímenes. Predecible
hasta decir basta, por otra parte. En realidad, pocos de estos
peros constituirían un verdadero obstáculo en cualquier
largometraje de Woody Allen. El problema es que éste es un film
cualquiera en el que a veces ya resulta imposible aceptarlo todo
y seguir aplaudiendo como si no notáramos la chistera rota del
mago.
Ahí reside la
razón por la que “Scoop” es triste y por la que resulta tan
acertado su literalmente chocante desenlace. Más inesperado que
el equívoco arranque, situado en uno de sus habituales coloquios
de cafetería, pero que nos introduce a un personaje, el del
fantasma, que poco a poco irá perdiendo presencia y relevancia,
a medida que deja de servir como macguffin y va
adquiriendo racionalidad argumental. Sin el montaje incisivo
que convirtió a “Misterioso asesinato en Manhattan” en algo
verdaderamente distinto al género negro, “Scoop” se enlaza a
trompicones y con premisas baratas y oportunistas. Es cierto
que la presencia física de Allen siempre imprime un aire fresco,
y que los vendavales jóvenes aportan su propio granito de arena:
Scarlett Johansson desempeña una buena mimesis gestual, verbal e
histriónica en versión femenina de los personajes –¿el
personaje?– de Allen, luciéndose más que en el pase físicamente
seductor de
"Match point". En
cambio, Hugh Jackman, aunque
idóneo para su papel de aristócrata –el Mr. Hyde de "Kate & Leopold"– se planta tan inservible y neutro como otros
guapos que han ido a parar a manos de Allen –sin ir más lejos
otro Hugh, Grant, en "Granujas de medio pelo"–. A partir de menos actores de lo acostumbrado, la
historia enseguida sabe insípida y se desinfla sin acometer con
la mala leche del director aspectos de interés –la propia
aristocracia inglesa, por ejemplo, o el deslumbramiento
americano ante el viejo sistema británico de lores y duques–.
Planteada
casi como una continuación insustancial de
"Match point",
“Scoop” parece más bien la piedra del camino en la que el
senderista infatigable se sienta a poner en blanco la mente. El
descanso del guerrero, el truco con cartas y monedas antes de
pasar al número de desaparición. Podemos entender un suspiro
entre tanta respiración entrecortada. Pero tendremos que esperar
a que su nuevo proyecto londinense nos desvele si el maestro ha
sabido engañarnos una vez más o si se está engañando a sí mismo.
Ahí sí que radica el gran misterio.
Calificación:
    
Imágenes
de "Scoop" - Copyright © 2006 Focus
Features, BBC Films, Ingenious Film Partners, Phoenix Wiley
Productions y Jelly Roll Productions. Distribuida en
España por On Pictures. Todos los derechos
reservados.
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