CRÍTICA
por
Miguel Laviña
Guallart
Las dos caras de Scarlett
Resulta
significativo que la nueva obra de
Woody Allen se anunciase en su tráiler como «del
director de
"Match point"», no
de “Manhattan”, “Hannah y sus hermanas” u otras treinta largas,
o de alguien que simplemente no necesita presentación: sólo un
detalle que sirve para hacer una idea de hasta qué punto
revitalizó la carrera del cineasta neoyorquino aquel film
complejo y envolvente, que de forma poderosa demostraba de nuevo
su maestría. Tras esta recuperación de sus signos de identidad,
el siguiente paso era ciertamente difícil; se refugia en la
comedia con “Scoop”, un trabajo discreto respecto a su
precedente, aunque, sin duda, de resultados muy por encima del
tono menor esgrimido en sus últimas incursiones en este género.
Las comparaciones con
"Match point" son
inevitables, además, al mantener dos de sus rasgos más
trazados: de nuevo rueda en Londres y cuenta con la presencia
de la actriz Scarlett Johansson. En esta ciudad un mago de
tercera, el Gran Splendini, (encarnado por el propio Allen)
conoce en uno de sus espectáculos a una estudiante de
periodismo (Johansson), en el curso del cual un periodista
muerto recientemente le revela, ni más ni menos que desde el
más allá, la exclusiva de la presunta implicación de un
miembro de la nobleza en una serie de asesinatos. Juntos
emprenden la investigación.
Éste es el curioso y muy alleniano punto
de partida, aunque esta vez no se limita a intentar estirar, con
más o menos gracia, la brillante idea inicial a lo largo del
metraje, tal y como sucedía en dos de sus últimas comedias, "La maldición del escorpión de jade" y "Un final made in Hollywood". La divertida secuencia del
primer encuentro de los protagonistas en el espectáculo de magia con el difunto periodista da paso a
un inteligente y conscientemente ligero entretenimiento, que
desarrolla con su habitual buen pulso narrativo y visual, de
tiempo justo y ritmo fluido, al que no le sobra ni un plano ni
una línea.
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El aspecto más débil es la simpleza
de un guión cargado de asumidas casualidades, aunque, como
casi siempre, encuentra su mejor baza en la construcción
de los diálogos, a lo que se añade la química surgida
entre la pareja. Los epigramas se suceden de forma eficaz,
con réplicas chispeantes, los chistes justos y unos
cuantos gags más que logrados, mientras las torpes
pesquisas periodísticas homenajean a las comedias de corte
clásico. Además, a Allen siempre le ha gustado formar
uniones improbables, contrastar ambientes y personajes
fuera de lugar. Juntos se pasean por los salones y
jardines de una alta sociedad de cuya galería extrae el
inagotable material para su incisiva ironía, al ritmo esta
vez de una elegante selección musical de suites.
Alejado de Nueva York, ciudad a la que ha
dedicado apasionados poemas visuales, vuelve a retratar con
similar magia las calles de un Londres tal vez ahora menos
reconocible, permitiéndose hilarantes comentarios sobre el
lenguaje e idiosincrasia del lugar. Por el camino deja caer
también una agridulce crítica al periodismo y sus dudosos
métodos, y, por supuesto, bajo el tamiz cómico en el papel de un
mago que se mantiene delgado y “no tiene que ir al gimnasio
porque lo sustituye por la angustia”, permite entrever sus
preocupaciones de siempre, su personalísima relación con la
muerte (guiño a Bergman incluido), la religión, la paternidad o
el propio paso del tiempo.
Parece que este proyecto se materializó
felizmente gracias a la buena relación surgida entre el director
y Scarlett Johansson durante su anterior rodaje. Fue la actriz
la que expresó sus deseos de volver a trabajar juntos, y aquél
ideó un vehículo adecuado para ambos. De su mano, la
protagonista de "Lost
in translation" se deja llevar y se
divierte con un registro alejado de los aires hitchcockianos de su
primer encuentro, mostrando ser una intérprete
extraordinariamente dúctil y dotada para la comedia.
Por su parte,
Allen echa mano de sus habituales resortes interpretativos,
aunque en esta ocasión se hace menos cansino que en sus últimas
apariciones en la pantalla, tal vez por el buen contrapunto que
recibe. El cineasta es demasiado mayor para encarnar con
convicción a los personajes que sin duda le gustaría y que su
talento continúa ideando, y probablemente ésta es una de las
razones por las que sus comedias no funcionan de forma tan
perfecta como antes, mientras que los sucesivos actores que ha
utilizado para encarnar en pantalla a su alter ego (John Cusack
en “Balas sobre Broadway”, Kenneth Branagh en “Celebrity” o Will
Ferrell en "Melinda y Melinda") no han terminado de cuajar en
tan personalísimo patrón.
La constancia
también es un rasgo de su genialidad, y estrenar una película al
año, cuando ya ha rodado la siguiente, da muestra de su
independencia y desbordante capacidad creadora; a diferencia de
otros autores de similar prestigio, no tiene necesidad de
espaciar sus proyectos para intentar realizar sólo obras
maestras ni trabajar de encargo. Puede que en estos años
continúe dando, cada cierto tiempo, obras de madurez espléndida
como “Match point”, y mientras tanto, productos impecables como
“Scoop”, cuyo metraje transcurre con igual rapidez que los
inocentes trucos de su mago protagonista. Así, nos esperan
muchos más otoños felices con una obra de Woody Allen en la
cartelera.
Calificación:
    
Imágenes
de "Scoop" - Copyright © 2006 Focus
Features, BBC Films, Ingenious Film Partners, Phoenix Wiley
Productions y Jelly Roll Productions. Distribuida en
España por On Pictures. Todos los derechos
reservados.
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