CRÍTICA
por
Miguel Á. Delgado
M. Night
Shyamalan ya tiene compañero de generación. Pero, curiosamente,
para encontrarlo ha habido que trasladarse a muchos kilómetros
de distancia, nada menos que a Corea; sólo después de este largo
viaje hemos podido encontrar una capacidad igual de absorber los
códigos de los géneros tradicionales del fantástico para
convertirlos en otra cosa, más vital, con mayor poder de
significado, capaz de decir con nuevas palabras las mismas cosas
y de encontrar en los viejos lenguajes la capacidad de dar
cuerpo a las nuevas realidades.
Bong Joon-ho es capaz, además, de
elevar el riesgo de su apuesta: si ya es complicado afrontar
una “película de monstruos” hoy en día, en que cualquier
recuerdo de los Godzilla y compañía lleva más a una sonrisa de
nostálgica ternura que a un verdadero reconocimiento de lo que
supusieron de declaración política de un mundo que parecía
vivir permanentemente al borde del Apocalipsis, integrar en su
metraje diversos registros (del terror a la parodia, de lo
espectacular al espíritu barato de la serie B) es arrojar
desafío sobre desafío, porque el equilibrio es muy complicado
(no hace falta recordar el estrepitoso fracaso de Roland
Emmerich al intentar traducir a códigos más contemporáneos su
propia visión del género).
Pues bien: el acierto es pleno, sobre
todo porque los cambios de registro no son gratuitos. El tono
paródico ayuda a subrayar la prescindibilidad de la familia
protagonista, un grupo de individuos a cual más patético
(resulta muy interesante colocar en el mismo grupo a la hermana
del protagonista, cuya medalla de bronce en arco es traída más
como la prueba de un fracaso que como un verdadero triunfo), y
que tiene en el padre de la niña secuestrada por la criatura
mutante (interpretado por Song Kang-ho)
el más alto grado de plasmación de un débil mental, con ese tipo
de humor oriental nada sutil que a veces nos desconcierta en
Occidente. Y ese potencial paródico da todo de sí en escenas que
son de manual en toda película de monstruos que se precie,
reduciendo al absurdo lo que debería ser la emoción en el
velatorio, o el discurso emotivo del padre durante la caza del
monstruo (por no hablar del prólogo, genial en su muestra de la
manera pedestre en como se virtieron los líquidos contaminantes
al río Han).
Por contraste, las escenas en las que
aparece la criatura, empezando por su primer y soberbiamente
filmado ataque en la explanada junto al río, son de una eficacia
extrema, con esa estética de realidad, planos largos y
detallados, movimientos de cámara imposibles que, como nos
advirtieron Steven Spielberg en "La
guerra de los mundos" y Alfonso Cuarón
en "Hijos
de los hombres", son la única
vía para hacer verdaderamente real lo fantástico. Además, todas
las escenas de la niña secuestrada, viva de milagro, olvidada
por unos equipos de rescate que no parecen excesivamente
preocupados por encontrarla, incluyendo su forma de sobrevivir
en el ominoso almacén de comida del monstruo, son una maravilla
de desasosiego y planificación.
Y por
supuesto, está la lectura política: desde las referidas al
ocupante estadounidense (el desparpajo con el que vierten al río
la carga contaminante, su estrategia del miedo para mantener el
control, su falta de prisa para encontrar a un monstruo que les
sirve de perfecta coartada para realizar pruebas de poderosas
armas biológicas), hasta otras que demuestran que no estamos
ante una película nostálgica, sino ante una obra inserta
totalmente en la realidad del 2006, como demuestran la actuación
de los grupos antisistema o la encarnación en la familia
protagonista, y finalmente rebelde, de los individuos buscados
por el poder (consumistas, sin excesivas aspiraciones, fáciles
de controlar y fácilmente desechables si llega el caso).
Con una
apariencia que despistará seguramente a muchos, “The host” es
una de esas pocas obras que, verdaderamente, demuestran por qué
el fantástico es, y seguirá siendo, uno de los grandes géneros
del cine. Esta última mutación no hace más que añadir un
nuevo eslabón a una larga cadena en la que quedará reflejada, de
manera más indeleble que en otros casos aparentemente más
testimoniales, la evolución de nuestros más profundos miedos.
Eso que, en esencia, nos hace humanos.
Calificación:
    
Imágenes
de "The host" - Copyright © 2006
Chungeorahm Film Production. Distribuida en España por Notro
Films. Todos los derechos
reservados.
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