CRÍTICA
por
Albert Meroño
Peñuela
Uno se
pregunta, mirando el mapa del continente del cine, si entre las
ya borrosas líneas fronterizas de la fantasía, la ficción y la
ciencia ficción pueden emerger estados nuevos de forma más o
menos justificada. El caso es que en la absurda guerra de los
géneros, existen batallas en cuyos encarnizados combates
(ficción contra terror) no se erige un vencedor, sino que, de
alguna extraordinaria manera, ambos bandos ganan. En vez de
darse la mano y despedirse, como rivales que se respetan y que
no volverán a enfrentarse hasta quién sabe cuándo, engendran un
hijo en un plisplás; nerviosos por quién sabe qué,
terminan por ponerle un apresurado nombre al recién nacido, como
por ejemplo “peli de monstruos”. Hecho el género.
Este hijo bastardo, que logró en la
década de los 70 aquello que pretendía ser con el “Tiburón”
(1975) de Spielberg y el "Alien, el octavo pasajero"
(1979) de Ridley Scott (ambos títulos erróneamente invocados
en la carátula de esta “The host”), murió de forma muy
prematura y sufrió, como es ya inevitable, vanos intentos de
resurrección que resultaron en abominaciones y remakes
varios, como “Depredador” (1989) y "Godzilla" (1998).
Con este panorama, el director atraído
por los monstruitos no tiene mucha libertad para elegir: calcar
el patrón setentero con más o menos originalidad, o rizar el
rizo –que ya es de por sí este género– echando más especias al
ya colapsado plato.
Esta última es la elección de
Bong Joon-ho, que toma por
esqueleto de su obra al monstruo de sus ancestros marinos y
extraterrestres y nada más. Su metraje se divide en dos partes
embebidas entre sí. La primera es una extraordinaria danza de
cámara alrededor de su criatura, que se salda con unos planos
dirigidos de forma soberbia, como la estampida a orillas del río
Han, inmediatamente después del prólogo. La segunda es una
extrañísima mezcla difícil de digerir, tan sutil que no es
difícil verse perdido y preguntarse cuál es la verdadera
intención entre un repositorio de no menos de tres candidatas.
Una de ellas, el prisma bajo el cual
quizá uno se plantea observar primero, es que se nos está
hablando en serio; así parecen quererlo las explayadas escenas
de drama familiar, las conspiraciones maquiavélicas de los del
otro lado del Pacífico o la perseverancia por rescatar al ser
querido. Sobra decir que, desde este punto de vista, la cinta
es un contundente fracaso, de visionado inconsistente, sobre
todo desde que la sala se percata de lo gratuita que es su
excusa por existir: un imposible vertido de metanal
(formaldehído) sucio, sólo capaz de matar y no de transformar
alquímicamente nada en nada. Esta parte del guión suprime
cualquier atisbo de ciencia ficción que pudieran llegar a
plantearse, invalidando la cita de su cartel que hacía
referencia a las bestias del pasado y convirtiendo su
planteamiento en especulación fantástica.
A mitad del
film, uno opta decididamente por bajarse de ese barco. La
musical escena de la huida del hospital cierra la presentación
de sus personajes, cuya caracterización (un vulgar tontorrón,
una arquera y un borracho) escapa satisfactoriamente del
estereotipo de valientes héroes que uno espera que planten cara
al engendro natural, y contrasta con la figura de Brody o la de
la teniente Ripley. En este punto es donde empezarán a pensar
que Joon-ho se está parodiando a sí mismo, o quizá moviendo sus
títeres a la espera de una resolución onírica a lo M. Night
Shyamalan.
La vista
menos agradable, pero igualmente posible, es la que situaría a
“The host” como un largometraje no sólo con connotaciones
políticas, sino de fuerte carácter nacionalista. Además de
compartir elementos escénicos con las creaciones de algunos de
sus compatriotas surcoreanos, Joon-ho no repara en
regocijarse con insistencia en su crítica a los guiones
cinematográficos típicamente hollywoodienses o a los usados en
las producciones japonesas para videojuegos de terror. De
este modo, la sátira no se detiene en lo occidental, cebándose
sin contemplaciones en el uso de armas biológicas durante la
guerra de Vietnam, sino que avanza a pasos agigantados hasta que
el director sólo se deja intocado a sí mismo, lo que
inevitablemente le sitúa en un horizonte que no comparte con
nadie más.
A pesar de su
difusa finalidad, la mejor de sus bazas es la clara traición del
realizador a las raíces del género, destruyendo definitivamente
a uno de sus progenitores, el terror, para sustituirlo por el
sarcasmo, el nuevo padrastro; esto evidentemente deja huérfana a
la criatura y deja de infundir todo el respeto que se ganaron
sus precedentes por acechar siempre desde las sombras, amén de
unos efectos especiales nunca vistos en producciones asiáticas.
Pero, apartando la belleza de sus planos y una eficiente puesta
en escena, cabe preguntarse qué sentido tenía hacer una película
de un monstruo si, ya desde el principio, no existía ningún
interés especial por él.
Calificación:
    
Imágenes
de "The host" - Copyright © 2006
Chungeorahm Film Production. Distribuida en España por Notro
Films. Todos los derechos
reservados.
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