BOBBY
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Dirección y
guión: Emilio Estevez.
País: USA.
Año:
2006.
Duración: 120 min.
Género:
Drama.
Interpretación: Harry Belafonte
(Nelson), Joy Bryant (Patricia), Nick
Cannon (Dwayne), Emilio Estevez (Tim Fallon), Laurence Fishburne
(Edward Robinson), Heather Graham (Angela),
Anthony Hopkins (John Casey), Helen Hunt (Samantha), Lindsay Lohan
(Diane), William H. Macy (Paul Ebbers),
Demi Moore (Virginia Fallon), Martin Sheen (Jack Stevens), Christian Slater
(Timmons), Sharon Stone (Miriam Ebbers), Elijah
Wood (William Avary), Ashton Kutcher (Test).
Producción: Michel
Litvak, Edward Bass y Holly Wiersma.
Música: Mark Isham.
Fotografía: Michael Barrett.
Montaje: Richard Chew.
Diseño de producción: Patti Podesta.
Vestuario: Julie Weiss.
Estreno en USA: 23 Noviembre 2006.
Estreno en España: 19 Enero 2007. |
CRÍTICA
por
Almudena Muñoz Pérez
Hay algo que los norteamericanos saben hacer muy bien:
demostrar la desesperanza del mundo y de las modernas
estructuras sociales a partir de las tragedias que han azotado
su país. Pero también hay otra cosa que bordan entre barras y
estrellas: la sonrisa esperanzadora entre la lágrima patriótica.
De todo eso brilla y adolece “Bobby”, la nueva película de
Emilio Estevez,
a quien puede vislumbrarse tras el bigote de Tim Fallon, marido
del personaje de
Demi Moore.
Y ésta
añade a su marido real,
Ashton Kutcher,
en un glorioso y apabullante reparto que pretende rendir un
homenaje directo y explícito al “Gran Hotel” de Edmund
Goulding (1932) –con estrella en decadencia incluida, aunque
no haya color entre Greta Garbo y la susodicha Moore–. No es
nada casual: Estevez se decanta por un microcosmos de seres en
crisis que entrarán y saldrán del Ambassador cambiando las
vidas de otros y las suyas propias. Pero esta apuesta entraña
un peligro aún más fuerte que el beneficio del all
star-cast: un paseo de actores y actrices
tan famosos termina acaparando más atención que el perfil de
sus personajes o el simple trenzado de sus vidas. Como un
álbum de cromos completo y bien conservado, pero sin apenas
texto. Recordemos,
además, que la estrategia de la MGM en aquella época de
grandes repartos era demostrar su lema 'Más estrellas que en
el cielo'. Ahora, casi con ridícula torpeza, este desfile de
celebridades o aspirantes a serlo adquiere más bien los tintes
de un enorme book con el que Hollywood pretende
revalorizarse a sí mismo.
Al
margen de los pros y los contras, la verdad es que el glamour
necesario para una historia de este tipo, de corte clásico con
maneras supuestamente modernas, lo imprime cada uno de los
intérpretes. Si bien con mayor o menor fortuna: el salto de unos
a otros responde más a la casualidad espacial en la que se mueve
la cámara o a la simple compensación de tiempos que a un guión
de auténtica complejidad estructural. Al contrario de los
maestros de las líneas cruzadas, Altman, Thomas Anderson o
Iñárritu, Estevez une pequeños trozos de vida autoconclusivos
cuyas moralejas sirvan para demostrar una unidad mayor. Este
optimismo existencial choca de lleno con el desenlace hacia el
que se desliza inevitablemente la película. Los tonos cómicos
–incluso en exceso, como los jóvenes que toman LSD– giran a
trompicones hacia la tragedia final, en una secuencia larga y
arriesgada, tal vez la más meritoria de todo el filme, en la que
las esperanzas de todos parecen derrumbarse como castillos de
naipes.
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Algunas de esas relaciones personales actúan como
identificadores de la crisis naciente en los Estados
Unidos de 1968, previos a las revoluciones juveniles: el
racismo en las cocinas, el vacío sentido de Vietnam para
los jóvenes, las perspectivas de cambio de la comunidad
negra, el opio político o, en un nivel más abstracto, la
evidente decadencia de instituciones como el matrimonio,
la familia o la identidad personal. A través de un
material tan variado y rico el director podía abordar el
asesinato del senador Robert F. Kennedy como un
macguffin sobre el que gravitase la evidencia de la
putrefacción norteamericana. Con mano poco diestra,
prefiere recurrir a vídeos de archivo que introducen a
Bobby como un personaje secundario más, protagonista en
esencia, y que, a excepción del montaje de cierre, sólo
sirven para añadir sensiblería barata y restar relevancia
al recurso de las historias cruzadas. Los mismos
personajes habrían dado para otra película sin clima
político de por medio, pues Estevez
unifica con mucha dificultad los conflictos personales con
los motivos del contexto histórico, algo que se evidencia
incluso en la puesta en escena.
Es
cierto que las modas actuales no paran de beber de estilos
anteriores, por lo que un vestuario de los sesenta nos recordará
de inmediato al nuestro y viceversa. Esta contaminación cultural
que rompe las barreras del tiempo puede resolverse fácilmente
con una ambientación mimada y realista. El hotel Ambassador que
recrea “Bobby” no posee unas señas de identidad exclusivas: los
camareros podrían ser del restaurante de la esquina, los
directivos siguen vistiendo y peinándose igual, los jóvenes
parecen salidos de un instituto de barrio, el hippie
viste con tópicos de Halloween y la periodista checa, el
personaje menos creíble de todos, resulta tan atractiva y
coqueta como una modelo del Harper’s Bazaar. Remitiéndonos a los
perjuicios del reparto estelar, la traslación a la década de los
sesenta resulta tan falsa como pertinente en una película que
habla de una crisis que alcanza nuestros días. Y a las propias
estrellas: ver a Sharon
Stone o a Demi
Moore convertidas en exageradas creaciones de sí mismas, de algo
que fueron y han perdido, tiene tanto de patético como de
risible.
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Las motivaciones de una obra
como ésta son claras desde el momento en que la acción se abre
con unos informativos títulos de crédito. Enseguida nos invita,
por otro lado, a tomar partido emocional con esos actores que se
admiran tanto –y para escoger: mientras unos destacan (Martin
Sheen,
William H. Macy,
Helen Hunt,
Christian Slater,
Lindsay Lohan
o Freddy Rodríguez),
otros no pasan del segundo plano (Elijah
Wood,
Anthony Hopkins,
Heather Graham
o Joshua Jackson)
–, abriéndose una clara contradicción entre lo comercial y la
apuesta personal. Quizá era menos ambiciosa de lo que pensábamos
y por eso Estevez se toma licencias balsámicas en un final
demoledor, arruinando muy rápido el duro golpe de la desgracia
–anunciado sin sutileza por una música sombría, cuando lo mejor
era no anunciarlo– con ese mensaje subliminal en el que la
esperanza estadounidense seguirá ondeando muy por encima de las
pequeñas desventuras de unos ciudadanos que sólo aprenden a
unirse en la tragedia.
Calificación:
    
Imágenes
de "Bobby" - Copyright © 2006 The Weinstein
Company y Bold Films. Distribuida en España por Manga Films. Todos los derechos
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