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Dirección y
guión: Emilio Estevez.
País: USA.
Año:
2006.
Duración: 120 min.
Género:
Drama.
Interpretación: Harry Belafonte
(Nelson), Joy Bryant (Patricia), Nick
Cannon (Dwayne), Emilio Estevez (Tim Fallon), Laurence Fishburne
(Edward Robinson), Heather Graham (Angela),
Anthony Hopkins (John Casey), Helen Hunt (Samantha), Lindsay Lohan
(Diane), William H. Macy (Paul Ebbers),
Demi Moore (Virginia Fallon), Martin Sheen (Jack Stevens), Christian Slater
(Timmons), Sharon Stone (Miriam Ebbers), Elijah
Wood (William Avary), Ashton Kutcher (Test).
Producción: Michel
Litvak, Edward Bass y Holly Wiersma.
Música: Mark Isham.
Fotografía: Michael Barrett.
Montaje: Richard Chew.
Diseño de producción: Patti Podesta.
Vestuario: Julie Weiss.
Estreno en USA: 23 Noviembre 2006.
Estreno en España: 19 Enero 2007. |
CRÍTICA
por
Albert Meroño
Peñuela
Emilio Estevez.
Poco o nada, a excepción de su faceta de actor, ha conservado de
su primera obra, la ochentera “Wisdom, el delincuente” (1986), a
través de su filmografía. Durante los años 90 no renunció a la
televisión, y su interés se centró rápidamente en lo que tuviera
estricta significación para la audiencia estadounidense; buena
muestra de ello son “La guerra en casa” (1996) y la más reciente
y absolutamente desconocida “Culture Clash in AmeriCCa” (2005).
“Bobby” no desentona en esa estantería de cintas; probablemente
sí por su extraordinario elenco, rebosante de estrellas como su
quizá ex pareja Demi
Moore y su
actual marido (el de Demi Moore)
Ashton Kutcher,
o intérpretes del calibre de
Anthony Hopkins,
pero desde luego no en la temática "qué grande es América".
La estructura de “Bobby” delata las
intenciones de Estevez de tratar de narrar el asesinato de
Robert F. Kennedy de un modo diferente.
A modo de homenaje, un biopic tradicionalista habría
fracasado en su intento de emocionar al público; el político
del siglo XX puede tener tanto grandes gestas por las que ser
recordado (aquellos sentimentalistas discursos por la paz
entre razas o la distribución equitativa de la renta) como
acciones por las que avergonzarse (invasión de Bahía de
Cochinos). La solución de Estevez pasa, pues, por obviar el
pasado inmediato y simplemente ilustrar el escenario del
crimen, que a través de los minutos de metraje parece que
aguarde, impasible, a que suceda algo realmente trascendente.
Como
sabrán, en el Ambassador debería haberse celebrado la victoria
de Kennedy en California como candidato a la nominación
demócrata. La innegable connotación política de esta película, a
pesar de que Estevez haya querido pasar por ella de puntillas,
implica el despliegue del primer conjunto de personajes que
encarnan a los miembros del partido. Su historia es una mezcla
entre ácida (nunca mejor dicho), satírica y high-society,
donde destacan los planos que ilustran un “colocón” de LSD; el
resto transcurren con la única intención de crear el ambiente
electoral que les haga pensar que en ese lugar algo tiene que
acontecer. La cámara de Estevez se divierte, entonces,
paseándose por las dependencias del Ambassador donde habitan
personajes que más tarde se verán accidentalmente alcanzados por
las balas del conocido tiroteo, directa o indirectamente.
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Teniendo en cuenta que se trata del Ambassador y de la
noche del 5 de junio de 1968, el resto del espectro de
ilustres huéspedes y humildes (y no tanto) trabajadores lo
conforman el mismo dueño (encarnado por el insuperable
Anthony Hopkins), tres cocineros – camareros y su jefe
racista (Christian
Slater),
una cantante alcohólica (Demi Moore) y su marido (el mismo
Estevez con bigote), un mandamás que engaña a su mujer (Sharon
Stone),
una pareja que envejece e intenta no difuminarse, y otra
joven que está por un favor y se irá con algo más. Todo
este surtido de individuos tiene un único cometido:
recrear aquella época. “En la cocina hay racismo, los
jóvenes van a la guerra, los ricos se la pegan a sus
mujeres y existe un sentimiento generalizado de pesimismo”
es otro modo (no cinematográfico, claro) de
caracterizarla, desprovisto de toda gracia pero carente de
la necesidad de más de setenta y cinco minutos para
expresarse.
Como
ven, la mayor parte del guión sólo tiene un
objetivo funcional. Estevez es perfectamente consciente de ello
y, por no corregirlo, opta por parchearlo: dota a cada
mini-corto de carga dramática propia;
todos los personajes evolucionan (lo que añade dinamismo al
film) dentro de su entorno inmediato, abstrayéndolos del
Ambassador, pero a su vez integrándolos, puesto que algunas de
sus resoluciones pueden interpretarse como una aplicación
prematura de las ideas que Kennedy sugerirá más tarde.
El
largometraje da un vuelco cuando la limusina del senador llega a
las puertas. El historicismo, entendido como la cansada voluntad
de retratar el escenario tal y como fue, se torna en Historia
pura, hasta el punto en que se montan pedazos originales de 1968
para concatenarlos con los centímetros de cinta de Estevez. Su
decisión, en este aspecto, es más que acertada, puesto que
resucitar a 'Bobby' Kennedy es algo mucho más difícil que
encontrar a un buen actor. El resultado es escénica y
fotográficamente cutre, pero narrativamente cumple y da de pleno
con el deseo del director de crear un homenaje, que de hecho
comienza de verdad en este punto.
Sin embargo, el giro es tan
brusco que, en su carácter general, la cinta no puede evitar
quedar enrarecida. Esta sensación se acentúa con todo lo que
Estevez le tiene preparado a la memoria de RFK, dedicatoria
incluida del “The sound of silence” que lanzó a Simon And
Garfunkel en Estados Unidos, en realidad escrita tras el
asesinato de su hermano John. En el otro extremo
contrastan todas esas escenas de grupos de personajes
inconexos, a estas alturas habiendo cumplido ya sobradamente su
cometido.
Con “Bobby”, un título
demasiado cariñoso para que no se trate de un reportaje
personalmente vinculante, Emilio Estevez no sale del terreno en
el que sabe defenderse, pero demuestra cierto inconformismo
consigo mismo y relata de un modo sutil, original, emotivo y
desvinculante de lo que cree improcedente. Sin embargo, bajo un
lema como “El Ambassador y RFK” se habrían ajustado mucho más
sus intenciones, aunque la de mostrarse como adulador era
inevitable desde el principio. No esperen (ojalá me equivoque)
para futuras producciones nada que no sea relevante para los
estadounidenses; como buen neoyorquino (y perdónenme los que se
saben excepciones) a Estevez le queda un mundo por conocer.
Calificación:
    
Imágenes
de "Bobby" - Copyright © 2006 The Weinstein
Company y Bold Films. Distribuida en España por Manga Films. Todos los derechos
reservados.
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