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CAPTIVITY (CAUTIVOS)
(Captivity)


Dirección: Roland Joffé.
Países:
USA y Rusia.
Año: 2007.
Duración: 100 min.
Género: Thriller psicológico.
Interpretación: Elisha Cuthbert (Jennifer), Daniel Gillies (Gary), Pruitt Taylor Vince (Ben), Maggie Damon, Michael Harney (Bettiger), Laz Alonso (Disantos).
Guión: Larry Cohen y Joseph Tura; basado en un argumento de Larry Cohen.
Producción: Mark Damon, Leonid Minkovski, Serge Konov y Gary Mehlman.
Música: Marco Beltrami.
Fotografía:
Daniel Pearl.
Montaje: Richard Nord.
Diseño de producción: Addis Gadzhiev.
Vestuario: Jennifer Marlin.
Estreno en España: 9 Marzo 2007.

CRÍTICA por Albert Meroño Peñuela

  En el cine, como en el resto del abanico artístico, se ha tratado el lado tenebroso del ser humano en muchas ocasiones. En algunas de ellas el tema estrella ha sido los asesinos en serie, un interesantísimo grupo de sujetos cuya característica esencial consiste en obtener placer al matar de un modo concreto o a víctimas concretas. Sin embargo, la excentricidad que podría, eventualmente, perdonar sus atrocidades ha dejado de comunicarse al gran público en las salas de proyección; los documentales científicos, que evidentemente miran más por el lado psiquiátrico o el social, han depuesto al retorcido personaje de base racionalista para ocupar su lugar con el enfermo mental. Por fortuna.

 

  La primera parte de esta abominación llamada “Captivity (Cautivos)” traza vagos intentos de repesca de los viejos síntomas del psicópata, recordando levemente a “El silencio de los corderos” (1991) o la más reciente "Saw" (2004). Su propuesta es un modelo formal, impracticable en el mundo real, en el que el supuesto asesino encierra a sus huéspedes en una bodega tétricamente acondicionada y, pasado un tiempo, los calcina para dejar sus cenizas en el escenario donde la siguiente víctima desaparece. Siendo lo más optimistas posible, lo único que merece cierto interés en este tramo, de no más de quince minutos, es la mal lograda sensación de claustrofobia, en el que la reclusa, una modelo llamada Jennifer a secas (Elisha Cuthbert, de la serie “24”), debe obedecer las caprichosas órdenes de su anfitrión, que sólo se comunica con ella mediante grabaciones en vídeo, prendas de ropa, destellos de luz o molestos pitidos.

  Las afortunadamente pocas escenas de investigación policial van a hacerles pensar, por primera vez, en levantarse de sus butacas. Su único objetivo es que el secuestrador, al que en realidad no han visto ni una sola vez, se gane su respeto gratis con frases absolutamente vergonzosas, como por ejemplo “(...) [el asesino] utiliza tecnología sofisticada, como vídeos y grabadoras (...)”, o “Esta clase de asesino quiere inconscientemente que lo detengan (...), pero aún no está listo”, a lo que otro compañero responde con el “Oh, Dios mío” menos creíble de la historia de la interpretación.

  Pero en el absurdo guión de Joseph Tura y Larry Cohen les aguardan, desgraciadamente, nuevas y desagradables sorpresas. Aunque, asumiendo que han visto algún largometraje a lo largo de su vida, no debería hablar de sorpresas con el que es, con toda probabilidad, el argumento más previsible de la cinematografía moderna; menos aún cuando el supuesto gran golpe de efecto es algo que pensaron a los cinco minutos de metraje y desestimaron por ridículo. No se preocupen: Tura y Cohen, bajo mandato de Roland Joffé (director) no lo hicieron, y les harán verlo a menos que pongan fin a tanta insensatez y abandonen, cabizbajos, la sala, admitiendo que han arrojado al vacío su dinero y casi dos horas de su valioso tiempo.

  El desparpajo con el que Joffé transforma el modelo absurdo de la primera parte en la obscenidad delirante de la segunda, se suma a un buen número de escenas que ya les habrán hecho previamente asomar alguna lágrima, pero no de terror, sino de risa: coches sin batería que pueden encenderse mágicamente a los cinco segundos; debates de clase social sin forma ni sentido de ser; o el patético modelado del personaje de Elisha Cuthbert, con frases manidas, presuntuosas y ruborizantes como “espero que no se me esté corriendo el maquillaje” o “real es lo que puedes tocar” (vaya, no me diga). A medida que se suceden los minutos, sus ya de entrada insoportables protagonistas saltan por los aires, y, destruidos por la propia mano del realizador, pierden el norte y se precipitan hacia ninguna parte.

  Llegados a un nivel de decadencia argumental como éste (si esperan más en irse verán cómo la cosa sigue a peor), incluso una puesta en escena de lujo quedaría mancillada. Tampoco es el caso, pues Joffé camufla sus evidentes carencias tras escenarios simples (básicamente una casa), en los que, a pesar de todo, hace desfilar primeros planos abusivos, una nefasta iluminación (plagiada en parte a Jonathan Demme) y el aburrido jugueteo con el volumen y los gritos, que todavía creen que sobresalto y terror son sinónimos.

  Sin lugar a dudas, lo más negativo de esta obra es la desastrosa combinación de no haber conseguido nada de lo que se proponía, si es que se proponía algo, con un perfil escenográfico nulo y un guión más bajo aún. Todo ello configura una de las peores propuestas de los últimos años y de la que muchas ‘serie B’ no tendrían nada que envidiar. No se me ocurre ninguna persona de ninguna nacionalidad, edad o estrato social a la que pueda recomendar esta (si es que lo es) película, a menos que exista un nuevo conjunto de espectadores que experimenten una sensación placentera cuando saben que están malgastando su tiempo, su dinero e incluso las sustancias psicotrópicas que hayan podido necesitar para llegar hasta el final.

Calificación:


Imágenes de "Captivity (Cautivos)" - Copyright © 2007 Foresight Unlimited y RAMCO Films. Distribuida en España por New World Films International. Todos los derechos reservados.

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