CRÍTICA
por
Albert Meroño
Peñuela
Phillip Noyce se ha volcado con
el cine reivindicativo. Tras "Generación robada" y
"El americano impasible"
(ambas del año 2002), el realizador australiano firma un nuevo
documental acerca de la lucha por la libertad, en esta ocasión
rindiendo homenaje a los días de Patrick Chamusso como miembro
del Congreso Nacional Africano (CNA).
“Atrapa el
fuego” no es una buena traducción para el título original de
esta película. ‘Catch’ significa, efectivamente, ‘atrapar’; sin
embargo, no es ‘el fuego’ a lo que Noyce o su guionista,
Shawn Slovo, querían referirse con ‘a fire’, sino más
bien a ‘una bala’ o ‘un disparo’. La connotación imperativa era
tal en “Catch a fire” y ésta se ha conservado correctamente. Así
pues, harían bien en imaginarse a Noyce y Slovo gritándole esa
orden a Chamusso, su personaje, en medio de cualquier fuego
cruzado de la turbulenta Sudáfrica de los 80. La respuesta sería
esa metafórica imagen en la que Chamusso llega a disparar su
AK-47 con plena convicción, pero es capaz de percatarse de su
error a tiempo y, con la mano que no ha pulsado el gatillo, caza
la bala al salir de la boca del fusil antes de que ésta pueda
herir a nadie.
Como ven, su
título quiere sugerir el concepto del perdón, que es la idea más
concluyente de la vida de Chamusso y, por lo tanto, del film. A
pesar de ello, no es la única. Asuntos de plena vigencia, veinte
años después, como son la democracia y la tiranía (“Veinticinco
millones de negros; tres millones de blancos”), la lucha por la
libertad o las raíces del terrorismo (“Cuando miro a un hombre
no veo a un terrorista, veo a un ser humano”) forman parte de
este amplio conglomerado que funciona muy bien como muestra
documental política del país africano, pero bastante mal en su
enfoque como biopic al uso. La prueba más evidente de
ello es el desplazamiento que Noyce ha infligido a la carga
dramática hacia la relación de su protagonista con Nic Vos,
coronel del escuadrón antiterrorista, supliendo con la
improvisación de su elenco las escenas de drama familiar.
Hay que
resaltar, muy por encima de cualquier otro elemento argumental,
la mencionada relación entre hombre blanco poderoso y hombre
negro honesto injustamente acusado y deshonrado por el
apartheid (políticas racistas). El viejo truco (imperdonable
a estas alturas) del secreto que entraña la perdición para lo
privado, pero la salvación para lo público, se ve de sobras
eclipsado por la excelente interpretación de
Tim Robbins y
Derek Luke durante los primeros tres cuartos de hora,
proporcionando algunas escenas de altísima tensión. En ellas, la
interesante convicción de que es posible construir la democracia
sin violencia mantiene un pulso constante con la mirada
vigilante de un gobierno bajo asedio, que encuentra en el
personaje de Robbins su brazo más benevolente y quizá incluso
justo, aunque de todos modos implacable. La conclusión de Noyce
y Slovo, avalada en parte por la historia de Chamusso, es que,
incluso usando como intermediarios para el conflicto al blanco y
al negro de más buen hacer, la conciliación no es posible, por
lo menos a priori.
Con este
heterogéneo combinado de elementos, que danzan en torno a la
ansiada libertad colectiva, pero también de la individual
arrebatada, se forja una primera mitad que contextualiza de
forma excepcional el entorno donde Noyce quiere colocar a la
audiencia, de modo que no tendrán que culturizarse fuera de la
sala para estar bien ubicados una vez dentro. Junto con
Ron Fortunato y
Garry Phillips, responsables de
fotografía, el director ha hecho ese trabajo por el espectador.
Es una lástima que no pueda decirse lo mismo de
Jill Bilcock, que en esta
ocasión, y muy especialmente en la segunda mitad de metraje, ha
montado algunos centímetros de cinta mediocres (amén de la
escena de los funerales cruzados). Hay que decir que, en el
tramo final, el guión no le acompañaba. El giro determinante en
la vida de Chamusso lo es también para el largometraje, que
abandona el sendero del drama e introduce la acción, vigorosa y
directa, haciendo de rogar el reencuentro de dos hombres que
arrastran asuntos pendientes por el hecho de vivir en un
territorio hostil.
Phillip Noyce
cierra, tomando el trasfondo bélico de
"El americano impasible" y el
conflicto racial de "Generación robada", su
particular trilogía sobre cómo las absurdas confrontaciones
derivadas de la lucha por el poder toman una dimensión
trascendental a la hora de ilustrar la naturaleza humana. Su
rica mezcla sonora, tanto por el hilo musical típicamente
africano de Philip Miller
como por la multitud de lenguas habladas en Sudáfrica y sus
inmediaciones (afrikáans, inglés, holandés, portugués), y
respetadas en esta obra, halla a su vez su particular agregado
con los cánticos revolucionarios del CNA. Pero la política de
mezclas no ha cuajado cuando se ha hecho llegar hasta las bases
del guión, en el que sobraban las persecuciones y los excesos
biográficos. Quédense con que, más por fortuna que por validez
metódica, les aguarda el final feliz que efectivamente sucedió y
que ansiarán conocer.
Calificación:
    
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de "Atrapa el fuego (Catch a fire)" - Copyright © 2006
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Enterprises. Distribuida en España por Universal Pictures
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