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COPYING BEETHOVEN


cartel
Dirección: Agnieszka Holland.
Países:
USA, Reino Unido y Hungría.
Año: 2006.
Duración: 104 min.
Género: Drama.
Interpretación: Ed Harris (Ludwig van Beethoven), Diane Kruger (Anna Holtz), Nicholas Jones (archiduque Rudolph), Matthew Goode (Martin Bauer), Ralph Riach (Wenzel Schlemmer), Joe Anderson (Karl van Beethoven), Bill Stewart (Rudy), Angus Barnett (Krenski).
Guión: Christopher Wilkinson y Stephen Rivele.
Producción: Sidney Kimmel, Christopher Wilkinson, Stephen Rivele y Michael Taylor.
Música: Maggie Rodford.
Fotografía:
Ashley Rowe.
Montaje: Alex Mackie.
Diseño de producción: Caroline Amies.
Dirección artística: Paul Ghirardani y Lorand Javor.
Vestuario: Jany Temime.
Estreno en España: 20 Octubre 2006.

CRÍTICA por Julio Rodríguez Chico

Silencios en la partitura

  La música como lenguaje del alma, y el silencio como una realidad interior que permite al espíritu cantar y alcanzar la libertad. Es el mundo del sordo más famoso de la historia, que la polaca Agnieszka Holland (“Europa, Europa”, “El jardín secreto”) pone en imágenes, capturando los últimos momentos en que el genio compuso su Novena Sinfonía y otras piezas que rompían el academicismo musical. La historia parte de la necesidad de ayuda del compositor, ahogado en su sordera y soledad, para componer su obra magna. Anna, una mujer deseosa de abrirse camino en la Viena de los grandes músicos, será quien haga primero de copista y después de ayudante en la dirección de orquesta; su franqueza y sensibilidad se ganarán el reconocimiento del maestro en un duelo en que ambos saldrán beneficiados, y con ellos el espectador de entonces y el de ahora.

 

  La directora busca adentrarse en una mente que sólo oye la música que lleva dentro, en alguien que ha librado una lucha por alcanzar la libertad interior y dejar al espíritu que se desborde sin imposiciones ni restricciones de época; la conciencia de poseer un don para dialogar con las almas y sentarse a charlar con Dios de tú a tú, le convierten en un genio, en un ser duro y arrogante en ciertos momentos, delicado y humilde en otros, y siempre de carácter fuerte y exigente. Su vida –y la película– se transforma en una nueva odisea de quien busca encontrarse a sí mismo y traducir sus sentimientos en notas musicales que hablen de inquietudes y arranques de ira, temores y fugas, deseos de amor y de autenticidad. Es el mismo viaje interior que debe recorrer Anna, una joven de 23 años que llega con deseos de triunfar y que termina encontrando su sentido de la existencia.

  A primera vista, podría decirse que el mejor aval del filme es su música. Sería una obviedad al tratarse de Beethoven, y una falsedad al hablar de cine. Porque ante todo, la obra de Holland destaca por el inteligente y preciso uso de la cámara, siempre moviéndose en armonía con los nuevos aires de una partitura innovadora. Su objetivo sabe recoger esos momentos de inspiración artística y aquellos otros de delicada relación entre dos individuos necesitados: los abundantes primeros planos, unos rostros llenos de expresividad o unas imágenes equilibradas en su factura dejan paso a otras composiciones nada canónicas y de planos cortados. El ritmo narrativo del montaje responde a un concreto estado del espíritu y a la música que se escucha en ese preciso momento, ya sea ésta en adagio o en fortísimo. Y una bella fotografía que prefiere los tonos cálidos y que encuentra en el claroscuro la manera de plasmar el estado febril de quien lucha por extraer la luz entre las tinieblas de la ceguera.

  El mejor ejemplo de lo dicho hasta ahora podemos apreciarlo en una escena antológica, cuando el espectador escucha durante diez minutos la interpretación de la Novena Sinfonía, dirigida al unísono por el maestro y su joven discípula. Sin duda, emociona entonces la belleza de la composición con su diálogo de instrumentos que se dan entrada unos a otros, o con la intromisión de los coros con una fuerza que eleva el espíritu para conducirlo a territorios de armonía. Pero esto no sería más que una excelente partitura si no viniera acompañada por una cadencia de las imágenes, perfectamente medidas en su duración, cuidadosamente recogidas por una cámara que se mueve por la sala con escrupuloso respeto eligiendo los mejores ángulos, y alcanzando una fluidez que realza la conseguida por la partitura. Por su parte, Ed Harris y Diane Kruger dan un recital interpretativo, excelentes tanto en sus momentos creativos como en las situaciones personales en que se desvelan sus anhelos y debilidades. Sin embargo, en un guión que busca más el retrato de los personajes y su potencial artístico-musical, la subtrama del sobrino de Beethoven resulta innecesaria y un tanto impostada, mientras que la del novio de Anna se convierte en un simple apoyo metafórico que refuerza el carácter vitalista y libre del artista.

  Por último, la comparación con el “Amadeus” de Milos Forman se hace insoslayable. En esa extraordinaria película, el espectador acompañaba al Mozart pueril y frívolo hasta su trágica y agónica muerte, expoliado por un envidioso Salieri. Era la bajada a los infiernos de un genio, con toda la crueldad y amargura de quien se ha echado a perder. Ahora, Holland no ha querido mostrar ese mundo de dramatismo, suspicacia y desesperación en que pudo encontrarse un alma atormentada por su sordera y singularidad: Beethoven no es el Salieri que se rebela contra Dios y el mundo porque no le han reconocido, ni tampoco el Mozart que ha malgastado en parte sus dones y sufre su soledad. Nuestro protagonista se nos presenta como alguien a quien el silencio permitió escuchar lo divino y lo humano, realidades espirituales en sintonía con el talento artístico y el espíritu de la época que quedan muy bien reflejadas en la cinta.

  Emocionante y artístico largometraje, perfecta simbiosis de música e imagen, y a la vez conmovedora relación entre maestro y discípula. Unos y otros, Beethoven y Holland, Harris y Kruger, demuestran saber cómo crear puentes para unir a los hombres y no sólo a las ciudades. Sin estridencias ni histrionismos, sin dulzuras melodramáticas ni pedanterías cursis, la directora polaca nos ofrece una película que en San Sebastián se llevó el Premio del Círculo de Escritores Cinematográficos y que gustará al espectador aficionado a la música y amante de historias interiores.

Calificación:


Imágenes de "Copying Beethoven" - Copyright © 2006 Sidney Kimmel Entertainment, Myriad Pictures y Film & Entertainment VIP 2 Medienfonds. Distribuida en España por Notro Films. Todos los derechos reservados.

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