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EL GRAN SILENCIO
(Die große stille)


Dirección y guión: Philip Gröning.
País:
Alemania.
Año: 2005.
Duración: 164 min.
Género: Documental.
Producción: Philip Gröning, Michael Weber, Andreas Pfäffli y Elda Guidinetti.
Música: Philip Gröning y Michael Busch.
Fotografía:
Philip Gröning.
Montaje: Philip Gröning.
Estreno en Alemania: 10 Nov. 2005.
Estreno en España: 24 Noviembre 2006.

CRÍTICA por Julio Rodríguez Chico

Saboreando la vida

  Nos encontramos ante una película excepcional. Lo es por su forma y duración, con casi tres horas prácticamente en silencio, sin diálogos ni música que no sea la gregoriana, sin efectos especiales ni mundos oníricos, sin flash-backs que nos lleven a un pasado traumático ni suspense que mantenga al espectador en espera de un incierto final. Y resulta excepcional también por su contenido, exclusivamente religioso y espiritual en el interior de un monasterio cartujo, lógicamente sin atisbo de aventura ni persecuciones, sin morbo ni asesinatos, sin glamour y ni un solo beso. Y a pesar de todo, está siendo un éxito de público allá donde se proyecta –la sala llena día tras día, a la insólita hora de las cinco de la tarde, algo nunca visto–, y de crítica, con galardones como el Premio al Mejor Documental del Cine Europeo y del Cine Alemán, o el Gran Premio del Jurado en el Festival de Sundance.

 

  Cuenta su director, el alemán Philip Gröning, que siempre había querido conocer las raíces de su catolicismo y mostrar el lado religioso que todos tenemos, y que por eso quiso adentrarse en el monasterio cartujo del Grande Chartreuse, en los Alpes franceses, para recoger la vida de sus monjes y el sentido de su existencia. Que después de esperar dieciséis años, obtuvo el permiso para rodar con la condición de no emplear luz artificial ni luz adicional, y de no interferir en la vida cotidiana del monasterio. Y que rodó más de ciento veinte horas con una sola cámara digital, quedando profundamente edificado por la sencillez de los monjes y su pureza de espíritu, por su sincera felicidad y por la ausencia de miedos en su interior.

  Quien asista a esta peculiar cinta documental tendrá similar experiencia religiosa, pues ante todo recoge la vida de oración de estos ascetas que buscan la santidad a través de la renuncia de todo y de la piedad. Sin embargo, quien no concilie con la fe cristiana también se sentirá fascinado por la paz y sosiego que trasmiten sus rostros, por su libertad interior y clarividencia de lo que buscan en la vida, por su ejemplar humildad y sentido de lo terreno. La película requiere en el potencial espectador una particular actitud al asistir a su proyección: ir sin prisas y estar dispuesto a la contemplación de realidades poco habituales por su hondo sentido espiritual y de otras desconocidas al adentrarnos en lugares vedados a la gente de la calle.

  Pero es que, además, Gröning ha realizado un film muy “cartujo”, con un ascetismo formal sólo comparable a la realidad mostrada: abundancia de primeros planos y planos detalles, como queriendo adentrarse en el misterio de estas vidas tan de otro mundo; uso preferencial del plano fijo con un cámara situada muchas veces en un rincón, con la discreción y sigilo del invitado que mira y admira; lentos movimientos de cámara que intentan no perturbar la paz del lugar sagrado; una fotografía apoyada en la luz natural que genera fuertes claroscuros al más puro estilo de Zurbarán, con momentos en que las tomas digitales optan por una baja resolución y otros –por ejemplo al enfocar los rostros de los monjes– en que recoge la imagen con la máxima nitidez; o una extraordinaria importancia concedida a los sonidos, todos diegéticos y extraídos del quehacer habitual de los inquilinos. El último plano de la película es paradigmático acerca de la esencialidad narrativa y desnudez formal conseguidas: la cámara comienza recogiendo un cielo limpio y azul, para a continuación introducir un fundido en negro en el que se ve una pequeña luz al fondo que pronto se adivina como la vela que acompaña a Dios en la Eucaristía, en lo que resulta una elocuente síntesis de la vida del cartujo girando en torno a la presencia divina en los cielos y en la tierra. Esta perfecta adecuación entre forma y fondo es el mayor mérito del cineasta, que ha sabido trazar una mirada –limpia y despojada de artificio– al interior del alma, al modo en que lo hicieron Bresson, Dreyer, Bergman o Tarkovski.

  No hay actores porque quienes aparecen no representan a nadie ni nada, sino que muestran su vida con una humildad que resulta desarmante. Las escenas de su vida se suceden con naturalidad y fluidez sólo interrumpidas por insertos de dos tipos: unas veces son versículos del Evangelio o algún salmo que sintetizan su vida de renuncia o su intimidad y abandono en Dios; otras suponen auténticas presentaciones de los monjes a un público que lleva tiempo observándoles, con primeros planos en que nos miran con ojos llenos de sencillez y vacíos de temores. En todo el recorrido por las estancias del monasterio y las estaciones alpinas, el director deja para el final dos de especial valor y que revelan un trato preferencial: una entrañable escena en que se “recrean” jugando en la nieve, y otra en que el monje ciego da razón –en el único diálogo que Gröning se ha permitido– de su vida y de su agradecimiento a un Dios bueno que le quiere.

  No es una obra para un público indiscriminado, pero tampoco hay que entenderla como sólo apta para el creyente. Quien se acerque con la mente y el corazón abiertos y libres de prejuicios, se beneficiará de un clima de paz para encarar la vida, tendrá a su disposición una parte de la realidad –de eso se trata en el cine que busca algo más que la diversión–, y gozará de la puesta en escena austera y esencial que los grandes cineastas han perseguido en sus trayectorias artísticas. Su visión exige dejar fuera del cine las preocupaciones y agobios de la calle, y también renunciar a ruidos y tramas truculentas para dejar lugar al silencio y poder escuchar otras realidades.

Calificación:


Imágenes de "El gran silencio" - Copyright © 2005 Philip Gröning Filmproduktion, Bavaria Film International, Ventura Film, Bavaria Film, Cine Plus, BR, ZDF, Arte y TSI. Distribuida en España por Karma Films. Todos los derechos reservados.

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