CRÍTICA
por
Miguel Laviña
Guallart
Conjeturas
sobre el poder
Los planos
iniciales de “Algunos días en septiembre” están desenfocados,
los últimos también. Así es como ve el mundo su protagonista
Irène cuando se quita sus gafas. Preguntada por qué lo hace,
simplemente responde: “me gusta verlo todo de forma distinta”.
Estas palabras podrían ser un discreto mensaje del director
Santiago Amigorena al espectador, toda una
declaración de intenciones en cuanto a las claves del film. Y es
que en este extraño y muy sugerente producto, que se desarrolla
durante los días inmediatamente anteriores a los atentados del
11S, casi todo se presenta con una mirada diferente a la
habitual.
En principio,
señalar que todos aquéllos que lean la palabra “espía” en su
argumento y esperen una muestra de cine europeo de este tipo de
acción quedarán decepcionados. Es cierto que hay agentes
secretos, pero no parecen misteriosos (más bien tienen aspecto
de maestra de escuela y de vecino de al lado), no hay alardes
técnicos, ni salidas del mar en traje de baño. Las pistolas se
enseñan mucho pero apenas se usan. Despliega intriga y una
atmósfera inquietante, pero el largometraje no encaja del
todo en el thriller político, ni en el cine negro o el
melodrama. El realizador lo define como una “tragedia de
espionaje”, y esto es bastante aproximado a lo que de hecho
resulta, aunque esta indecisión en el carácter de la
propuesta acaba pasándole factura.
La trama
presenta un estimulante punto de partida: tres personajes que no
se conocen obligados a huir juntos. Un espía americano en
paradero desconocido, en posesión de una trascendental
información, quiere reunirse con sus dos hijos. Para ello pide
ayuda a una antigua amiga Irène (Juliette
Binoche). En el viaje a su encuentro, los tres serán
seguidos por otro agente, William Pound (John
Turturro). El desarrollo de esta base argumental
sirve para introducir una curiosa idea en torno a lo que se
sabía del inminente 11S, algo sobre lo que se ha cavilado mucho,
al margen de las informaciones oficiales. Siempre dentro de la
ficción, deja claro que las decisiones geopolíticas se toman por
personas que actúan lejos de la galería, y que los verdaderos
hilos del poder los manejan los grupos de intereses. Dentro de
su modestia, defiende que hay mucho que no sabemos y
probablemente no llegaremos a saber.
El escenario
tampoco es el habitual, una Venecia casi desconocida por cuyos
canales no realiza el esperado recorrido turístico. Revisitada
en multitud de ocasiones, sus famosas vistas tan sólo se
entrevén, descubriendo otro lado de la ciudad, los interiores y
azoteas de sus habitantes. Dos intérpretes, Juliette Binoche y
John Turturro, asumen unos caracteres que también van más allá
de su imagen, aunque con distintos resultados. La actriz
francesa abandona el aura trágica y magnética con la que varios
cineastas europeos la han retratado, para asumir un personaje de
aspecto buscadamente anodino, que tira del resto con ligereza y
soltura. Deja de lado el aire trascendente por una cierta
ironía, que afronta con su habitual exquisitez. Por su parte,
Turturro también asume riesgos como neurótico agente, aunque se
ve perjudicado por un papel construido desde el exceso.
Todo esto
desemboca en un film extravagante, atractivamente imperfecto, en
el que algunos de estos elementos dispares no acaban de encajar.
La combinación todavía es más arriesgada de llevar adelante para
un director novel. Santiago Amigorena tiene una amplia
experiencia a sus espaldas como guionista, con proyectos a su
vez nada convencionales, en una trayectoria muy vinculada al
director galo Cédric Klapisch. Asume la dirección con un guión
propio que trata difícilmente de conjugar una visión intimista
con la acción, pero que va errando entre los distintos géneros,
y se ve superado por su propia complicación. Entre el buen
arranque y el austero tramo final, el ritmo sufre una
ralentización considerable durante el largo tramo central,
que incide demasiado en el aspecto sentimental y paternofilial
del asunto. Conforme avanza el metraje, la trama exige una
progresiva atención para no perder detalles, va hilando
secuencias convincentes con algunos fragmentos confusos que se
quedan por el camino, para acabar situándose al filo del abismo
respecto a lo medianamente posible.
Estos
desequilibrios no impiden que el director logre una cinta
estilizada, con una sugestiva fotografía en tonos fríos y una
iluminación que crea un conseguido clima de desasosiego, de
tensa espera ante la incertidumbre ante lo que está por venir. A
su impecable factura se añade la admirable facilidad con que
integra la distinta procedencia de sus intérpretes, algo que la
versión original enriquece gracias a la naturalidad con la que
pasan del francés al inglés, e incluso se escucha algo de árabe
e italiano. Pese a esta armonía, no puede evitar reincidir en el
innecesario debate entre la mentalidad europea y americana, toda
una perorata ya conocida.
La seriedad
con la que el film desarrolla sus propuestas hace difícil
tomarlo con la distancia de un mero entretenimiento o ejercicio
de escapismo. Siendo así, como poco resulta inverosímil que unos
personajes tan de ir por casa lleven entre manos cuestiones que
afectan a la totalidad del planeta. Dejando al margen que
puede o no convencer, está claro que la intención de su autor no
es dirigirse a un consumo fácil y un rápido olvido, sino dar que
pensar, y mucho. Esto lo logra atreviéndose a introducir en
un delicado terreno unas cuantas conjeturas que empujan, al
igual que hace su protagonista, a analizar la siempre engañosa
realidad con otra mirada.
Calificación:
    
Imágenes
de "Algunos días en septiembre" - Copyright ©
2006 Gemini Films, Les Films du Rat, France 2 Cinéma y
Production Group. Distribuida en España por Manga Films. Todos los derechos
reservados.
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