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Dirección: Nick Willing.
Países: Reino Unido y Canadá.
Año:
2005.
Duración: 99 min.
Género:
Thriller
sobrenatural.
Interpretación: Edward Burns (Abel
Grey), Jennifer Ehle (Betsy Chase), John Kapelos (Joey Tosh),
Rachelle Lefevre (Carlin Leander), Julian Rhind-Tutt (Eric
Herman), Sean McCann (Ernest Grey), Jamie King (Harry McKenna),
Karl Pruner (Walter Pierce), Jonathan Malen (Nathaniel Glass),
Thomas Gibson (Gus).
Guión: David Kane; basado en
la novela de Alice Hoffman.
Producción: Jason Piette, Michele
Camarda, Christopher Zimmer, Michael Cowan y Marion Pilowsky.
Música: Simon Boswell.
Fotografía: Paul Sarossy.
Montaje: Jon Gregory.
Diseño de producción: Phillip Barker.
Vestuario: Kate Rose.
Estreno en España: 2 Marzo 2007. |
CRÍTICA
por
Albert Meroño
Peñuela
Tal y como plasmó de forma
magistral Alfred Hitchcock en “La soga” (1948), existen multitud
de circunstancias, la mayoría de ellas casuales, que pueden
ponerle a uno en disposición de sospechar de un crimen en
apariencia encubierto. En aquella ocasión, el perspicaz
personaje de James Stewart fue el elegido para representar esa
incansable saciedad por conocer la verdad, que sin duda
caracteriza fuertemente al ser humano.
En condiciones normales, se
requiere a alguien con unos principios lo suficientemente
rígidos como para dedicar todo su empeño a reconstruir un hecho
tal y como fue. Esta característica no sólo se desprende de
personajes literarios como Sherlock Holmes, sino también de
ilustres figuras que existen y existieron fuera de los límites
del arte (o quién sabe si en realidad dentro de ellos) que
cuestionaron la verdad sobre la composición de la materia, el
comportamiento del universo o el diagnóstico de enfermedades.
Sin embargo, ¿estaban todas estas mentes impulsadas por conocer
la única verdad, fuera la que fuese?
Esta pregunta tan general es
la que en realidad flanquean
Nick Willing
(director) y Alice
Hoffman (autora
de la novela) en “The river king” (2005), una sobria producción
anglo-canadiense cuyo único objetivo es retratar los obstáculos
con los que se topa el decidido caminante del sendero veraz. Sus
dos flancos son el presente y el pasado de Abel Grey (Edward
Burns), que no
desistirá de la sospecha en un caso de aparente suicidio o quizá
accidente. Su verdadero fondo, sin embargo, está compuesto por
la elección entre la verdad real y la figurada –es decir, la
forjada en primera instancia–, que es sin duda el motor de
acción no sólo de esta película, sino de todo perseguidor de una
respuesta final. "Miras atrás y te das cuenta de que todo eso
que parecían pistas, no lo eran”, dice Grey en una de las
últimas escenas exponiendo la paradoja del investigador, puesto
que realmente las pistas sí lo son; otra cosa muy distinta es
que lleven a donde queríamos ir.
Su
característica narrativa más agradecida es su suavidad: la
facultad de avanzar lenta pero progresivamente en el relato,
proporcionando poca cantidad de información en cada escena pero
sin ser sobrante o poco adecuada.
El resultado es que el campo de especulación del espectador va
acotándose cada vez más sin que haya ningún cambio drástico que
anule su imprevisibilidad, lo que ciertamente coloca a la
audiencia en la misma posición de divagación que el personaje al
que observan. Aunque sea el punto más interesante de su guión,
no agradará a los detractores de la sutileza ni a los que
entienden el thriller sobrenatural como una ambigüedad
desconcertante que gira sobre sí misma hasta que el metraje
termina, esquema muy de moda del que Willing pretende claramente
alejarse.
En la puesta en escena, en
cambio, las herramientas de Willing flaquean. Planos toscos que
contrastan con contenidos apacibles, aclaraciones de sucesos
escénicos desde el guión o la pobrísima interpretación de
Jennifer Ehle
(que además encarna a un personaje del todo sobrante) engrosan
el coste del visionado para el amante de la composición fílmica.
En este apartado sólo puede destacarse la no poco valiosa
intención del realizador de contagiar el miedo huyendo de las
típicas subidas de volumen o evitando el enfoque de
manifestaciones paranormales imposibles, haciendo un eficiente
uso de la iluminación y de unos pocos planos generales.
Aunque se
salde de forma mínimamente aceptable, la cinta no puede evitar
que el encapsulado de todos los temas aparecidos en la novela de
Hoffman desborden levemente sus apenas cien minutos de duración,
puesto que al ya mencionado juego de investigadores hay que
añadir la machacada visión crítica a la economía opaca de los
pequeños pueblos estadounidenses, el control del poder en las
sociedades estudiantiles, las relaciones amorosas y algunos
apuntes sobre el sentido del suicidio. Todo ello perdonable
hasta cierto punto si, como curiosos de lo que es cierto y lo
que no, saben apreciar la humildad que se vislumbra entre
líneas.
Calificación:
    
Imágenes
de "The river king" - Copyright © 2005
Kismet Film Company, Myriad Pictures, Spice Factory, imX
Communications, River King Productions, Movision, Spice Factory,
Momentum Pictures y Alliance Atlantis.
Distribuida en España por Filmax. Todos los derechos
reservados.
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