CRÍTICA
por
Tònia Pallejà
Cine de terror "de autor": Mucho
realismo y pocas nueces
"Wolf Creek" supone uno de
esos raros casos dentro del género de terror en los que una
película no representaría mucho más que un cero a la izquierda
si nos ciñéramos sólo a su argumento, pero cuya realización
logra redimirla parcialmente con un tratamiento no del todo
novedoso, pero desde luego sí interesante y muy alejado de la
estilizada e inocua pirotecnia a que nos tiene acostumbrados el
cine comercial. Lamentablemente, el resultado es tan desigual
que puede provocar aburrimiento y decepción en la misma
medida... Con todo, no queda más que apreciar sus buenos
propósitos y la firmeza con que los llevó a cabo, además de los
logros que eventualmente obtiene durante su ejecución.
Así, y
por mucho que se escude en la circunstancia de estar basada en
una serie de casos reales, "Wolf Creek" no deja de ser una
nueva y poco imaginativa visita al tópico "jóvenes turistas de
ciudad sufren una avería en la carretera y se convierten en
víctimas inocentes de los perturbados lugareños", quienes
harán algo más que estafarlos sirviéndoles un plato de fabada
en conserva como la abuela de Litoral.
Qué duda
cabe de que el moderno cine de terror lleva décadas exprimiendo
este subgénero desde que en los años 70 títulos como "La matanza
de Texas" o "Las colinas tienen ojos" —por no mencionar la
seminal "2000 maníacos", de 1964— sentaran sus bases, pudiendo
encontrar las más recientes y variadas muestras de esta
tradición en cintas como "Turistas",
"La casa de los 1000 cadáveres"
o "Calvaire" —la mejor de estas últimas con diferencia—, sin
contar los propios remakes oficiales de aquellos
clásicos. Y si bien esta modesta producción australiana puede
presumir de tener entre sus filas a un villano cuanto menos
pintoresco, que recupera cierta figura de la cultura popular
autóctona —imaginen a una suerte de Cocodrilo Dundee que no ha
digerido demasiado bien su jubilación—, así como de pasearse
entre imponentes localizaciones naturales, no sólo no contribuye
con ningún concepto relevante o perspectiva ingeniosa a esta
transitada temática, sino que su trama,
tremendamente simple y lineal, se mantiene ajena a cualquier
posible sorpresa, prescindiendo de paso de la tradicional
lectura política o apunte sociológico
que suele respaldar los contenidos violentos de estos films.
Consciente de tal handicap, su director y guionista, el
debutante Greg McLean,
trató de superar el escaso alcance de su premisa imprimiéndole
un mayor grado de realismo a través de una narración naturalista
y reposada que, por un lado, pone énfasis en la construcción de
los personajes y, por otro, acentúa el componente emocional en
las escenas más cruentas. El problema es que su síntesis de
"cine de autor" con las obligadas pautas del género derivó en un
desarrollo tan descompensado que "Wolf Creek" se convierte en
una experiencia algo frustrante y, sobre todo, bastante tediosa
durante gran parte de su metraje. Expresado de un modo más
gráfico, ésta es una de esas películas que demoran la prometida
"recompensa" con una introducción dilatada de forma innecesaria,
y cuando por fin decide meterse en faena, la cosa es
prácticamente un visto y no visto, dejándonos con la sensación
añadida de que la espera quizás no valía tanto la pena.
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En
efecto, McLean extiende la presentación de los
protagonistas hasta la primera hora de la cinta,
recreándose en las trivialidades e imprevistos de su viaje
—traducido: no pasa nada— con la clara intención de que el
público se implique con su destino —traducido: termina
odiándolos—. Y aunque al principio la dinámica entre los
tres amigos se recibe simpática y espontánea, gracias en
buena medida a las frescas interpretaciones del reparto,
llegado cierto punto es obvio que ya no aporta nada
sustancial a la preparación del clima —a fin de cuentas, y
por más profundidad que se les quiera dar, son tres
personajes de lo más normal e intercambiable metidos en
una situación que tampoco ofrece demasiadas posibilidades
de maniobra—, mientras que, por el contrario, sólo sirve
para estancar su avance al tiempo que la paciencia del
espectador se ve seriamente dinamitada. Adicionalmente, se
le puede reprochar que, pese a su válido intento por
aportar credibilidad a los acontecimientos, "Wolf Creek"
no escapa del todo de algunas decisiones que desafían el
sentido común.
La
realización, por su parte, opera en el mismo sentido de
verosimilitud, adoptando un estilo contemplativo cercano al
documental y una factura tirando a espartana que harían
retorcerse de placer a Lars Von Trier, pues no en vano McLean
asegura haberse inspirado en el movimiento Dogma 95 para rodar
su largometraje.
Afortunadamente, ritmo y atmósfera remontan considerablemente
con la aparición del asesino, a quien John
Jarratt le da unos
aires populares a la par que inquietantes que lo hubieran
conducido a entregar un malvado memorable de haber estado
rodeado por unas circunstancias más predispuestas para el
recuerdo; pero para entonces sólo queda media hora por delante y
el asunto todavía está por desencadenarse.
No
obstante, si la película posee alguna virtud
destacable se encuentra en cómo concibe la tensión,
desmarcándose de la socorrida rutina de sobresaltos, y más
particularmente en su efectivo planteamiento de las escenas de
tortura, las cuales no
apelan tanto al estómago como a los sentimientos de la
audiencia. Moderando el flujo de sangre hasta lo esencial y sin
necesidad de caer en una exhibición de carnicería, "Wolf Creek"
consigue mayor impacto e intensidad que las obras del llamado
porn-gore como "Hostel"
al apoyarse más en el efecto psicológico, esto es, en el
tormento que provoca en las víctimas, que en el producto físico
de las agresiones que sufren. Esta crueldad emocional, unida al
tono hiperrealista y a las convincentes actuaciones, hace que
estos momentos se vuelvan especialmente perturbadores y hasta
incómodos. Además, hay que elogiar que su apuesta por la
gravedad se mantenga inquebrantable hasta el final, donde
aniquila cualquier concesión al optimismo.
Realmente no puedo decir que
"Wolf Creek" me resultara muy satisfactoria. Es probable que el
enfoque fuera bueno en teoría, pero su puesta en práctica redujo
los mejores momentos a islotes en medio de un mar de
mediocridad. Perjudicada por lo trillado, previsible y vacío de
su propuesta, y con el lastre adicional que significa una
primera parte que se prolonga en exceso hasta límites tan
improductivos como cansinos, "Wolf Creek" puede recibir cierta
disculpa por la autenticidad que desprende su puesta en escena,
por su abordaje más sobrio y maduro del terror, y por la sádica
carga dramática que reserva para su desenlace, aunque para
llegar a él haya que sortear demasiados tiempos muertos.
Finalmente se queda en un bienintencionado y
curioso experimento, no del todo fallido, pero dominado por un
profundo desequilibrio.
No se trata, en cualquier caso, de un producto imprescindible o
siquiera relevante, si bien los coleccionistas del género sabrán
valorar sus aciertos en mayor medida. De todas formas, McLean ha
demostrado buen instinto e iniciativa. Ahora sólo falta que se
conjuguen con un guión más interesante y que pula sus errores
para llegar a mejor puerto.
Calificación:
    
Imágenes de
"Wolf Creek" - Copyright © 2005 Film Finance Corporation, South
Australian Film Corporation, Darclight Films, 403 Productions y
The True
Crime Channel. Distribuida en España por Amazing! Pictures. Todos los derechos
reservados.
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