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Dirección: Paul Verhoeven.
Países: Holanda, Reino Unido, Alemania y
Bélgica.
Año:
2006.
Duración: 145 min.
Género:
Thriller.
Interpretación: Carice van Houten
(Rachel Steinn/Ellis de Vries), Sebastian Koch (Ludwig Müntze), Thom Hoffman
(Hans Akkermans), Halina Reijn (Ronnie), Christian Berkel
(general Käutner), Waldemar Kobus (Günther
Franken), Derek de Lint (Gerben Kuipers), Michiel Huisman (Rob),
Peter Block (Van Gein), Dolf de Vries (Sr. Smaal), Ronald
Armbrust (Tim).
Guión: Paul Verhoeven y Gerard
Soeteman; basado en un argumento de Gerard Soeteman.
Producción: San Fu Maltha, Jens
Meurer, Teun Hilte, Jos van der Linden, Frans van Gestel y
Jeroen Beker.
Música: Anne Dudley.
Fotografía: Karl Walter Lindenlaub.
Montaje: Job ter Burg y James
Herbert.
Diseño de producción: Wilbert van Dorp.
Vestuario: Yan Tax.
Estreno en Holanda: 14 Sept. 2006.
Estreno en España: 2 Febrero 2007. |
CRÍTICA
por
Miguel Á. Delgado
Paul Verhoeven,
uno de los directores más interesantes del cine comercial
hollywoodiense de los últimos veinte años, ha vuelto a Europa. Y
es realmente curioso comprobar cómo, bajo los ropajes de una
gran producción con el sello continental, aparecen las señas de
identidad del autor de éxitos como “Instinto básico” y pequeñas
y subvaloradas joyas como “Starship troopers: Las brigadas del
espacio”.
De
hecho, “El libro negro” no se encuentra muy lejana en temática y
desarrollo a su obra maestra “Desafío total”. Cambiemos el Marte
futurista por la Holanda ocupada por los nazis, la concepción
del espectáculo estadounidense por la cadencia europea, y un
Schwarzenegger en su mejor momento por la bella Carice van
Houten, pero los mimbres son muy similares: el nazi sin
escrúpulos interpretado por
Waldemar Kobus
parece una versión con sobrepeso del inolvidable Michael
Ironside y, como en la película de 1990, la resistencia no es un
todo homogéneo, sino que en su interior puede anidar, junto al
heroísmo, la traición.
Por
todo ello, no es de extrañar que el realizador
holandés se sienta como pez en el agua a la hora de abordar el
período, y que su visión sea tan nihilista y poco confiada en el
ser humano como siempre.
La heroína de la película, como sucede con gran parte de los
personajes verhoevianos, se mueve en todo momento guiada por
impulsos verdaderamente básicos: el de la supervivencia, que lo
guía todo, y no duda en utilizar el sexo como instrumento que le
permita salir indemne en una época en la que ni siquiera puede
confiar en que los de su supuesto bando no quieran acabar con
ella (algo que, salvando las muy largas distancias de tiempo,
lugar y circunstancia, no es tan distinto a lo que le ocurría a
la protagonista de “Showgirls”).
En
esa visión descreída anida lo mejor de la película, llevando
incluso más allá que Polanski en "El pianista" su
falta de fe en el grupo como refugio seguro. Y no parece
gratuito que sea una libreta en la que aparecen reflejados actos
criminales e ignomiosos la que dé título a la cinta: no puede
haber nada más contrario al espíritu de la lista más famosa de
todo el cine dedicado al período nazi, la de Schindler que
contenía la enumeración de todos los salvados por una
intervención heroica y rayana en lo angelical.
No hay personajes de una pieza en todo el film, hasta
el punto de que el jefe de los nazis puede ser más fiable y
“bueno” que un cabecilla de la resistencia. E
incluso aparece el famoso humor negro de Verhoeven, que tiene su
mejor momento en la secuencia en la que un resistente fanático
religioso es incapaz de matar a un traidor, pero sí de vaciar
con rabia el cargador cuando ese mismo traidor suelta una
blasfemia. Éstas son las cartas de Verhoeven, las que dan
personalidad a una producción que, de otra manera, correría el
riesgo de ser un europudding, una gran coproducción
europea muy vistosa pero sin alma.
Lástima que, en este intento
de hacer que nada sea lo que parezca, llegue un momento en el
que las vueltas de guión parezcan excesivas, y que el final de
la cinta se dilate demasiado,
quizá por el peso de estar haciendo una “gran” película europea;
no deja de llamar la atención que una pieza redonda del cine de
acción como “Desafío total” durase 113 minutos, mientras que “El
libro negro” se va hasta los 145. Obligaciones de toda cinta
llamada a ser “seria” frente a una de puro entretenimiento,
suponemos.
En
resumen: un título más que interesante, que por
su factura llegará tanto a los seguidores de Verhoeven como a
muchos de los que detestan sus películas hechas en Estados
Unidos. Y una última
anotación para ese plano final del kibutz: toda una lección de
cómo se puede aprovechar hasta el último fotograma para
transmitir una idea e insinuar las múltiples lecturas políticas
e ideológicas que se puede tener de la palabra “supervivencia”.
Simplemente genial.
Calificación:
    
Imágenes
de "El libro negro" - Copyright © 2006 Fu Works,
Egoli Tossell Film, Clockwork Pictures, AVRO, Studio Babelsberg, Motion Investment
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España por Manga Films. Todos los derechos
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