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CASHBACK


Dirección y guión: Sean Ellis.
País:
Reino Unido.
Año: 2006.
Duración: 102 min.
Género: Comedia dramática.
Interpretación: Sean Biggerstaff (Ben Willis), Emilia Fox (Sharon), Shaun Evans (Sean), Michelle Ryan (Suzy), Stuart Goodwin (Jenkins), Michael Dixon (Barry), Michael Lambourne (Matt), Marc Pickering (Brian), Nick Hancock (Rory).
Producción: Lene Bausager y Sean Ellis.
Música: Guy Farley.
Fotografía:
Angus Hudson.
Montaje: Scott Thomas y Carlos Domeque.
Diseño de producción: Morgan Kennedy.
Vestuario: Victoria Russell.
Estreno en España: 11 Abril 2008.

CRÍTICA por Almudena Muñoz Pérez

  Con dos años de retraso en su estreno en nuestro país, la historia de “Cashback” se remonta cuatro años atrás, cuando en 2004 el joven y casi novel realizador Sean Ellis dirige un cortometraje de acción real que acabaría consiguiendo una nominación al Oscar®. La pieza en cuestión pasó a formar parte de una película de mayor envergadura que, con mismo título, ahonda en la hipótesis sentimental de partida y en la fórmula del "¿qué pasaría si…?" que tan bien funciona entre el público dado a la imaginación o al morbo.

 

  Sin embargo, poco de esto último se encontrarán quienes fijen su atención en el impactante cartel promocional. Incluso engañados u honrados espectadores estadounidenses han lanzado avisos para alertar a los desprevenidos en busca de una cinta porno. Esto no es porno, ni por cantidad ni por calidad, del mismo modo que conviene aclarar que “Cashback” es inglesa, a pesar de un método narrativo propio de cierto cine independiente norteamericano. La sorpresa que se reserva una película cuyo símbolo se encarna en las curvas de una compradora de supermercado semidesnuda resulta superlativa. El desnudo, implícito a lo largo del relato y sólo explícito en una breve secuencia que alude al susodicho póster, corresponde a una idea de Belleza, con mayúsculas, que persigue el protagonista, Ben, un joven estudiante de arte (Sean Biggerstaff). Acosado por un insomnio que nace a la par que el abandono de su novia Suzy (Michelle Ryan), decide sacar provecho de las horas muertas en el turno de noche de un supermercado, entre su fauna freak, sus ninfas ocultas y su flaubertiana educación sentimental.

  Aunque la progresión del protagonista puede entenderse en clave sexual, en realidad el poso romántico cubre casi todo el suelo de la narración, hasta un desenlace cómodo, límpido y esperanzador. La flaqueza más visible achacable al guión, firmado por el propio Ellis, se debe a esa confianza en la benevolencia del destino, más propia de una comedia mainstream, que no responde satisfactoriamente a las dolorosas preguntas planteadas desde el comienzo. Cuestiones que, como sospecha y dibuja el propio Ben, poseen tantas respuestas como intermitencias, a pesar de que sus esbozos para una definición del amor, los recuerdos o el paso del tiempo posean una consistencia gráfica que ya supone cierto alivio, cierta vía de escape. Por ese motivo, el director potencia el aparato visual que envuelve un relato de premisas tan sencillas, opción que se arriesga a un equívoco con la instalación de video-arte o el manierismo fotográfico —como le sucedía a "En la ciudad de Sylvia" (2007), un punto de partida similar—. Las ralentizaciones puntuales, la slow motion generalizada o los juegos artísticos de luz absorben el espíritu de determinadas escenas, las introspectivas, aquéllas durante las cuales el joven pintor se detiene a contemplar el corriente desorden en busca de un orden supremo.

  ¿Cuántas veces habremos soñado con poseer el poder de Hiro Nakamura —de la serie "Héroes"—? Detener el tiempo siempre con motivos perniciosos en mente: copiar un examen, robar en una tienda, espiar un espacio prohibido… o desnudar a personas que comparan el precio de las latas de tomate. Ben, que ha recibido sin desearlo un don mayor —disfrutar de más tiempo que el resto de los mortales—, necesita alterar las horas a su antojo para no volverse loco en un mundo sin sueño. El sueño natural es sustituido por la fantasía que, poco a poco, adquiere visos de realidad, aunque Ellis juegue con la ambivalencia entre ambas —algo que podría salvar en cierta medida su complaciente final—. Fotogramas oníricos, monopolizados por la figura femenina que, a juicio del protagonista, encierra todos los misterios humanos. Las congela, les quita la ropa, las coloca en la postura adecuada y las copia al carboncillo, con un afán más filosófico y emocional que físico, aunque todas las mujeres que aparezcan sean de notable atractivo.

  Tanta aspiración existencial, comprensible en el universo de aprendizaje en el que se encuadra, sin la rabia de un Salinger podría derivar en un ejercicio vacuo y preciosista, falta que Ellis intenta enmendar abriendo el corto original en dos perspectivas. Por un lado, la experiencia de Ben, conocida mediante voz en off e intensas miradas —se supone que la herramienta fundamental del artista y del verdadero conocedor de mujeres, si es que ambas cosas no son lo mismo, según plantea el film—. En segundo plano, pero no menos relevante, un desarrollo más relajado y humorístico, repleto de personajes raritos, cuando no pedestres, que salvan la pesadez del primer propósito, aunque a la vez sean culpables de los momentos más insustanciales de la película. Trazados con un par de pinceladas —nueva contradicción teniendo en cuenta el carácter observador del protagonista, perdonable si consideramos que sólo admira a las mujeres—, aportan los chistes cinéfilos, el gag físico y alguna que otra excusa argumental que justifique el interés central: la evolución de Ben.

  Finalmente la historia muestra su estructura circular, pero el potencial de fábula entre lo amargo del contenido y lo tierno de la forma se diluye con un epílogo que podría aceptarse gracias a la naturalidad de las herramientas empleadas durante todo el metraje, aunque no consigan esconder cierta vocación simplista y clásica. Aún así, antes de él se ha propiciado una reflexión elegante en torno a un concepto poco común en el cine —cuando no se aprovecha de forma fantasiosa—: el tiempo como aliado-enemigo de la edad, la memoria y la definición de las cosas y las personas. Ya sea producto de la mente de Ben o del deus ex machina del director, incluso la resolución del relato se agencia de esa idea oscura. Que los inabarcables conceptos de belleza o amor pasen por unir los tiempos de distintos individuos, por compartir un ritmo para hallarse a uno mismo mientras se empieza a entrever el valor oculto de los demás.

Calificación:


Imágenes de "Cashback" - Copyright © 2008 Left Turn Films, Lip Sync Productions y Ugly Duckling Films. Distribuida en España por Lauren Films. Todos los derechos reservados.

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