CRÍTICA
por
Miguel Á. Delgado
“Si se mueve
como un pato, salta como un pato y vuela como un pato, es un
pato”, dice más o menos la frase popular. Y ninguna oportunidad
mejor para aplicarla que esta película presuntamente
independiente, dirigida por un antiguo pope del indie,
que bajo su apariencia de obra al margen de la industria, nos
coloca una comedia romántica Hollywood style de libro.
Claro que no aparecen ni Hugh Grant, ni Julia Roberts, ni Ben
Stiller, ni Drew Barrymore, pero no basta con sustituirlos por
los más alternativos Steve Buscemi,
Michael Pitt o
Alison Lohman (ésta menos) para
dar el pego, sobre todo cuando los tópicos argumentales y de
personajes se acumulan uno tras otro, sin reservar ni un momento
de sorpresa para el espectador.
Claro que
podríamos suponer que no es tanto la historia sino el tono lo
que tendría que definir la historia del chico guapo y vagabundo
(Pitt) que pasa a trabajar para un paparazzi explotador,
grimoso y sin escrúpulos (Buscemi), y que acaba enamorado de una
princesita pop (Lohman) que sufre en su estatus de estrella
adorada pero solitaria, y de la que acabará siendo pareja, para
felicidad de todo el mundo, después de varias vicisitudes
(ninguna de ellas, como decimos, demasiado original)... Pues
bien, si el tono tendría que ser ácido, no busquen, que no lo
van a encontrar, porque es difícil hallar más crítica aquí al
mundo del glamour que, por ejemplo, la que tenía la tibia
y comercial "La
pareja del año". De hecho, el largometraje destila,
sobre todo, amor por un mundo de luces, fama y revistas, que
apenas se ve alterado por los ocasionales gajes del oficio que
en él aparecen ¿Entonces? ¿Cuál es la clave que nos llevaría a
considerar a esta obra “especial”? ¿Tomar la historia, como han
dicho algunos críticos, en clave de parodia de lo que le sucedió
al propio Tom DiCillo (cuyo
sosias aquí sería el personaje de Buscemi) respecto a Brad Pitt,
al que descubrió en su película “Johnny Suede” antes de que se
convirtiera en una megaestrella (y que aquí sería el Toby
interpretado por “el otro” Pitt)?
El problema
es que apenas nada de esto aparece en pantalla; la cinta es
inofensiva, anodina, se deja ver con la misma facilidad con la
que se olvida, y no me extrañaría, una vez agotado su ciclo
comercial, verla emitida cualquier día en una cadena televisiva
generalista a la hora de la siesta dominical. Ni siquiera un
cameo como el de Elvis Costello
(aunque tenga su gracia, eso sí) ayuda a levantarla. Pero lo que
termina de desconcertar a quien esto escribe es que la película
fuese, ni más ni menos, una de las triunfadoras del pasado
Festival de San Sebastián: podríamos pasar por el galardón a
mejor director (aunque habría que decir que está llevada de
manera eficaz, pero tampoco, dejando a un lado un par de
secuencias, especialmente relevante), pero lo que cuesta más
entender es que, además, obtuviese el correspondiente a ¡mejor
guión! Huelga decir que su nula originalidad y rutinario
tratamiento hacen que este Premio del Jurado entre directamente
en la categoría de gran y profundo misterio (por no decir algo
menos conveniente).
A pesar de lo
que antecede, no es “Delirious” un filme especialmente malo,
pero es exactamente igual que otros muchos. Una prueba más de
que la etiqueta indie se ha ido convirtiendo, con el paso
del tiempo, en un calificativo sin demasiado significado, y que
lo mismo sirve para acoger las radicalidades más atrevidas ("Palíndromos") que cintas que serían fácilmente
asumibles por el mainstream. Y “Delirious” (y lo
lamentamos por el en otras ocasiones interesante DiCillo) es,
definitivamente, un ejemplo palmario de la segunda categoría.
Calificación:
    
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de "Delirious" - Copyright © 2006 Thema
Production y Peace Arch Entertainment. Distribuida en España por
Aurum. Todos los derechos
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