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LA MATANZA DE TEXAS: EL ORIGEN
(The Texas chainsaw massacre: The beginning)


cartel
Dirección: Jonathan Liebesman.
País:
USA.
Año: 2006.
Género: Terror.
Interpretación: Jordana Brewster (Chrissie), Taylor Handley (Dean), Diora Baird (Bailey), Matt Bomer (Eric), Lee Tergesen (Holden), R. Lee Ermey (Sheriff Hoyt), Andrew Bryniarski (Thomas Hewitt/Cara de cuero), Terrence Evans (Monty), Kathy Lamkin, Marietta Marich (Luda Mae), Cyia Batten (Alex), Lew Temple (Sheriff Winston).
Guión: Sheldon Turner y David J. Schow.
Producción: Michael Bay, Mike Fleiss, Andrew Form, Brad Fuller, Tobe Hooper y Kim Henkel.
Música: Steve Jablonsky.
Fotografía:
Lukas Ettlin.
Montaje: Jonathan Chibnall.
Diseño de producción: Marco Rubeo.
Vestuario: Mari-An Ceo.

CÓMO SE HIZO "LA MATANZA DE TEXAS: EL ORIGEN"
Notas de producción © 2006 TriPictures

  "La matanza de Texas: El origen" es una producción de Platinum Dunes fruto de la colaboración de Michael Bay, Andrew Form y Brad Fuller. Describen su relación profesional como la de unos estudiantes de postgrado (Form y Fuller) con su profesor (Bay): desarrollan un proyecto y se benefician de la experiencia, instinto y éxito de su maestro. “Fundamos Platinum Dunes casi por capricho”, explica Bay. “Quería ayudar a jóvenes directores y decidí montar la empresa con dos de mis mejores amigos. No esperábamos el éxito que tuvimos con las dos primeras películas. Simplemente pensábamos hacer trabajos de bajo presupuesto donde la propia película fuera la estrella y en las películas de terror el director es el que domina”.

 

  Cuando los socios de Platinum Dunes terminaron su versión de La matanza de Texas en 2003 no imaginaban el éxito que tendría ni pensaban repetir con el género del terror. Sin embargo, no dejaban de recibir preguntas acerca del origen de la familia Hewitt, de cómo se convirtieron en unos asesinos tan violentos y tan metódicos. Al final, durante la fase de preproducción de su nueva versión de Terror en Amityville (La morada del miedo), Form y Fuller empezaron a plantearse la historia de los Hewitt para tantear el interés que podría tener como película.

  Bay señala que los fans simplemente querían otra Matanza: “Sin embargo, no era tan fácil porque le cortamos el brazo al malo en la primera. Y por eso decidimos optar por una entrega anterior en vez de posterior porque así las posibilidades serían infinitas. Aunque tendríamos que tener cuidado de no pasarnos demasiado”.

  Brad Fuller explica que se reunieron los tres socios para hablar del interés que tendría una historia sobre la familia Hewitt: ¿Ser una familia de asesinos era una base suficientemente sólida para una película? Para saberlo el primer paso sería encontrar a un guionista que estableciera los detalles.

  Se pusieron en contacto con Scott Kazar (escritor de la versión de La matanza de Texas de 2003) pero tenía otros compromisos, así que llamaron inmediatamente a Sheldon Turner, guionista de La morada del miedo. Para poner en marcha el proceso los productores le dieron una copia de la película de 2003 y le pidieron no sólo ideas sino respuestas a las preguntas que plantea la historia original, tales como: ¿Cómo se convirtió la familia en lo que es actualmente? ¿Cómo acabó amputado el Tío Monty? ¿Por qué no tiene dientes Hoyt y cómo acabó siendo sheriff? Y, por supuesto, ¿por qué hace Leatherface lo que hace y qué pasa con esas horribles pieles que se pone?

  Los productores estuvieron encantados con las respuestas que les dio Turner y poco después encontraron en Jonathan Liebesman al director que necesitaban.

  “Contratamos a un guionista estupendo”, constata Fuller. “Cuando vimos la fuerza de lo que había escrito supimos que teníamos película, así que contactamos con Jonathan rápidamente. Nos presentó sus ideas para realzar el guión y fue exactamente lo que queríamos oír”.

  Los productores de Platinum Dunes conocieron a Liebesman en 2002 cuando entrevistaban a directores para la primera Matanza de Texas, pero antes de terminar el proceso le contrató Sony para dirigir En la oscuridad. Se mantuvieron en contacto y le llamaron de nuevo para La morada del miedo. Al final llegaron a un acuerdo para que dirigiera la nueva Matanza de Texas.

  Aunque tiene todo el apoyo de los productores, Liebesman no decidió aceptar el proyecto hasta que no viera que sus objetivos con respecto a la película coincidían con los de los productores: “Hacer la secuela de una gran película, especialmente la de una película donde el protagonista pierde su capacidad para hacer daño, no me atraía mucho”, comenta Liebesman. “Pero explorar el comienzo de esta leyenda resultaba mucho más interesante. Como fan de la primera película, buscaba respuestas a las preguntas que planteaba. En mi primera reunión con Michael, Andrew y Brad les expliqué cómo veía la película y mencioné algunas ideas que me gustaría ver incorporadas al guión. Al cabo del día teníamos la misma visión: la película tenía que dar la impresión de ser como la entrada al infierno”.

  Para Andrew Form el objetivo de la película era mostrar la formación de un asesino: “Vemos cómo aumenta la furia de Thomas Hewitt hasta dominarle y luego cómo este triste hombre mata por primera vez. Aumenta el control de Hoyt sobre Thomas hasta que le maneja como una marioneta, manipulándole del modo más calculador”.

  Una vez decidido el planteamiento básico de la película, los cineastas tenían que decidir hasta dónde querían retroceder. “La película arranca en 1969, tres años antes del filme original”, señala Brad Fuller. “El pueblo está construido alrededor de un matadero que está a punto de cerrar y este cierre significará el fin para el pueblo también. Thomas Hewitt pierde su trabajo junto con todos los demás y de repente brota la ira que ha conseguido controlar desde su infancia y mata. Esto a su vez obliga a su tío – un hombre muy poco estable – a tomarse la ley por su mano”.

  “Al mismo tiempo, un grupo de chicos con su propios conflictos y problemas cruza Texas en coche y, por un terrible golpe de mala suerte, acaban en este horrible pueblo. Cuando conocen a los Hewitt la familia ha iniciado su camino hacia el infierno matando a una persona tras otra para tapar el asesinato anterior. Muy pronto todo girará fuera de control. Ahí reside el origen de la masacre”.

  Con la historia ya perfilada, los cineastas tuvieron que concretar la mejor forma de presentarla. Según Jonathan Liebesman lo más difícil del género de terror es conservar el misterio porque si se explica la maldad o se muestra demasiado ya no da miedo: “Hay un difícil equilibrio entre ilustrar la irracionalidad de los asesinos en serie y racionalizarlo demasiado hasta el punto de que pierda su misterio. "La matanza de Texas: el origen" es precisamente eso: trata de plantear el inicio de los asesinatos pero sin explicar los motivos con demasiada profundidad”.

  A la hora de discutir la viabilidad de una nueva película sobre La matanza, uno de los temas principales fue el reparto. ¿Quién repetiría de la película anterior? Empezaron con el eslabón más fuerte en la cadena, R. Lee Ermey.

  Según Andrew Fuller, muchas películas de terror reciben malas críticas porque no se esfuerzan por conseguir a los mejores actores: “Para nosotros Lee era como un distintivo de calidad y contratarle nos permitió rodearnos de actores de similar talento. No bajamos en listón en ningún momento. Queríamos verdaderos actores que aportaran algo a esta familia. Son la base de la interacción entre los personajes y los espectadores tienen que creer en ellos”.

  Form nos cuenta que Lee tiene sus propias teorías acerca de su personaje: “Es un actor que no tiene limitaciones. Me ha dicho en numerosas ocasiones que quiere que Hoyt sea la persona más políticamente incorrecta que existe y se esfuerza constantemente por encontrar una nueva forma de ofender a los demás. Nadie está a salvo”.

  Como resultado, la interpretación de Ermey es uno de los hitos de la película. “El personaje de Lee es uno de los más entretenidos de la primera película”, comenta Jonathan Liebesman. “Está loco y al principio no tiene mucho sentido pero en esa misma sinrazón reside su interés. Es un misterio. Y Lee ayudó mucho en la exploración y creación de su personaje”.

  “Añade mucho humor”, dice Michael Bay. “Y cuando haces películas de terror, que son muy intensas, es bueno tener la liberación del humor. Así que, en resumen, la interpretación de Lee es muy real pero también un poco estrafalaria y divertida a la vez”.

  Ermey se toma muy en serio su contribución al Sheriff Hoyt: “Como actor, no me gusta verme como una marioneta en el sentido de que pongan las palabras en mi boca y me hagan hablar. Creo que los actores tenemos la obligación de hacer sugerencias y mejorar el guión. Según lo veo yo, el guionista tiene que abarcar mucho pero yo sólo tengo que encargarme de un personaje. Me gusta ser original y chocar con lo demás. Y la verdad es que Hoyt es un asesino y además un pervertido. ¿Cómo es posible pasarte con un personaje así? Con Hoyt no hay límites. Le clasificaría como el personaje más malvado que he interpretado en mi vida”.

  Jonathan Liebesman añade que Hoyt es el que hace salir a Thomas de su cascarón, que cree en él y del que recibe las herramientas para convertirse en Leatherface.

  Además de Ermey, los cineastas pudieron volver a contar con Marietta Marich en el papel de Luda Mae, Terrence Evans como Monty, Kathy Lamkin como Tea Lady y Andrew Bryniarski como Leatherface. Este último se ha convertido en un actor de culto desde que encarnó por primera vez al asesino enmascarado.

  “Estos actores llevan mucho tiempo conviviendo con sus personajes”, comenta Liebesman. “Hicieron muchas sugerencias acerca de cosas que no pudieron hacer hace tres años y les dimos tiempo para estudiarlas. Propusieron cosas estupendas, cosas raras y otras que no incorporamos a la película. Como el director Marcus Nispel les dio la posibilidad de improvisar en 2003, ya tenían más o menos claro lo que querían añadir”.

  “Marietta, por ejemplo, tiene unos 50 años de experiencia como actriz. Alguien que lleva tanto tiempo en el oficio siempre tiene muchas buenas ideas, como cantar a Bailey en medio de la tortura – uno de los momentos más inquietantes de la película – o jugar con una lengua mientras prepara la cena. Cosas muy raras que no se nos hubiesen ocurrido a nosotros pero a ella sí, lo cual no deja de sorprender dado que es toda una señora”.

  Aunque Luda Mae parece inofensiva ocupa un lugar muy definido en la jerarquía familiar. Según nos explica Liebesman, es la única persona capaz de mantener a raya a Hoyt: “Es tremendamente egoísta y se cree el rey del mambo. Cuando se vuelve loco, Luda Mae le recuerda que aunque mata y devora a gente tiene que comportarse de modo educado en la mesa”.

  “Es la matriarca de lo que me gusta llamar ‘la camada asesina’”, dice Marich, que se presentó a la prueba para el papel con una vieja bata de su marido, despeinada y fingiendo masticar tabaco.

  “Siempre invento una historia personal para mis personajes y me imaginé a Luda Mae como una joven sin techo que tuvo que buscarse la vida durante la Depresión”, comenta Marich. “Cuando encuentra a Thomas le lleva a casa, aunque está tremendamente desfigurado, y le protege de las personas crueles y del mundo en general. Es su propósito en la vida y el único motivo por el que Luda Mae se queda en el pueblo”.

  A diferencia de ella, el carácter tranquilo de Monty no oculta fervor ni convicción alguna. En palabras de Liebesman, “Monty es el lacayo de la familia. Su trabajo consiste en mantener lleno el depósito de chatarra. Es el criado, el hermano que nunca consiguió escaparse, pero también es útil para que Leatherface practique el arte de cortar carne y serrar huesos”.

  El actor Terrence Evans defiende a su personaje diciendo: “Monty es un inocente, no totalmente pero mucho más que Hoyt o Thomas. “Veo a Monty como un personaje secundario porque Hoyt es el que impulsa la historia y mi papel más bien consiste en responder a sus acciones. Nadie le pide su opinión a Monty, ni siquiera cuando Luda Mae lleva a Thomas a casa, así que se deja llevar y aguanta todo lo que le echen”.

  “La vida de Thomas podría haber sido diferente. Pero las bromas que tuvo que soportar, junto con su mal carácter y el seguir a Hoyt como un perrito faldero, permitieron que Hoyt le dominara completamente. Hoyt se convirtió en su padre y yo en el tío”.

  En "La matanza de Texas: El origen", Leatherface dista mucho de ser un personaje plano. Es un papel sorprendentemente complejo, dada la dificultad que entraña un personaje que no puede hablar para expresar sus emociones, deseos o necesidades. El actor tiene que depender únicamente del lenguaje corporal y el movimiento de los ojos.

  “Es más difícil actuar cuando no puedes hablar”, afirma el productor Andrew Form. “Los gestos y los movimientos pueden llevar fácilmente a la sobreactuación así que resulta complicado cuando el actor tiene que expresar muchas cosas. Andrew Bryniarski es capaz de dar con el término medio porque conoce muy bien al personaje. Es Leatherface y se toma muy en serio su papel”.

  Por su parte, Bryniarski declara que su personaje padece fobia social: “Debido al maltrato que ha recibido toda su vida padece ansiedad y cuando decide que ya ha sufrido bastante se convierte en la persona responsable de la masacre”.

  Como mucha gente identifica a Bryniarski con Leatherface, el actor dice que hace un esfuerzo especial por ser simpático para contrarrestar la imagen de asesino en serie que tiene: “A lo largo de los años he interpretado a muchos locos de modo bastante convincente y estoy acostumbrado a que me mantengan a distancia. Pero sabía que tenía que interpretar este papel. Como dice Michael Bay, nací para llevar la máscara”.

  Bay lo confirma, explicando que Bryniarski le repetía, “¡Ese tipo soy yo!”, una y otra vez y fue un arrebato de sinceridad imposible de rechazar.

  Una pregunta que posiblemente no tenga respuesta es la relación entre los Hewitt. Todos los involucrados en la producción - equipo y reparto – tenían una opinión diferente. Durante los descansos un juego favorito fue el de inventar la historia más estrafalaria sobre la relación entre los tres personajes.

  “Nunca concretamos la conexión”, confiesa el productor Brad Fuller. “Y nos parece más interesante dejarlo así. ¿Por qué Hoyt llama Mamá a Luda Mae, un mujer un poco mayor que él? Está claro que no podría ser su madre. No tiene ningún sentido. Y Monty, ¿es el marido de Luda Mae? ¿O él y Hoyt son hermanos? Sólo pensarlo inquieta”.

  Terrence Evans tiene su propia teoría: “Luda Mae es mi hermana y Hoyt mi hermano. Hoyt no heredó toda la inteligencia de la familia pero si que se quedó con toda la maldad. Hacemos lo que diga Hoyt, sea lo que sea”. “Todos tenemos nuestra teoría”, dice Form, riéndose. “Y parece que no nos ponemos de acuerdo”. La familia Hewitt es graciosa y extraña y la dinámica familiar funciona a la hora de asustar a los espectadores. Como familia, acoge a un huérfano deformado que bajo sus cuidados se convierte en un asesino sangriento.

  “Le crían como a uno de los suyos”, indica Fuller. “Pero Thomas Hewitt es más como una mascota que un miembro de la familia. Y se quieren y se admiran aunque sea de un modo bastante extraño”.

  “Es imposible conocer a una familia si no vives con ellos. Puede que les veas durante una cena o disfrutes de su compañía en un acontecimiento social pero realmente no sabes lo que ocurre en su casa. Pensamos que sería fascinante mostrar lo que pasa en una familia realmente desequilibrada. Pero lo más curioso de los Hewitt es que ellos no se ven anormales. Cuando entras por su puerta hay que obedecer sus reglas y lo que prevalece al final es la anarquía. Pero eso da miedo, porque podría ocurrir en cualquier parte. Nunca sabes lo que pasa detrás de la puerta de tu vecino”.

  En lugar de optar por el camino fácil y comentar las implicaciones sociales de la deformidad de Thomas Hewitt, los cineastas decidieron centrarse en los Hewitt como un estudio de las relaciones familiares. ¿”Qué hace que una familia sea una familia?”, pregunta Brad Fuller.

  El cambio de enfoque en esta nueva entrega no sólo permitirá a los espectadores conocer mejor a esta familia sino que presentará a otro grupo de jóvenes actores con quienes podrán identificarse en su papel de víctimas inocentes. Los productores describen a estos personajes como “los representantes de los espectadores”.

  Fuller explica este concepto diciendo que “los espectadores se verán como los jóvenes atrapados en esta horrorosa situación. Las emociones que sienten son las que esperamos que sientan los espectadores, así que tuvimos que encontrar a personas compasivas para encarnar a estos personajes. Los espectadores tienen que identificarse con ellos y ponerse de su parte. Intentamos encontrar a los actores más creíbles y simpáticos que hicieran que los espectadores pensaran, ‘yo haría exactamente lo mismo que ellos’. Es la esencia del buen terror”.

  El director Jonathan Liebesman añade que sus personajes preferidos en las películas de terror son siempre los que quieren ser fuertes a pesar de tener tanto miedo como cualquier otra persona normal: “Todos los personajes de la película cuestionan su propio valor. No se trata de si lloran o no, si son fuertes o realmente cobardes, lo importante es que hacen todo lo posible por salvar a sus amigos. Y Jordana Brewster, que encarna a Chrissie, es exactamente esa clase de chica”.

  Brewster fue la primera del nuevo reparto en ser contratada. Su personaje, Chrissie, es una chica completamente dedicada a su novio - Eric Hill - y a su relación. Cuando descubre que Eric planea volver a alistarse sigue apoyándole a pesar de su miedo de que no vuelva a casa. Chrissie también sabe que, aunque tiene reparos sobre su decisión de regresar a Vietnam, el sentido del honor y de la responsabilidad de Eric confirma la clase de persona que es, un hombre al que admira y quiere.

  Y cuando los jóvenes se ven obligados a luchar por sus vidas, Chrissie nunca flaquea en sus esfuerzos por salvar a los otros tres chicos. “Es vulnerable y tiene miedo y ves cómo duda en cada momento sobre la forma de ayudar a sus amigos”, constata Liebesman. Como Sigourney Weaver en Alien o Jodie Foster en El silencio de los corderos, Chrissie tiene miedo de lo que hay detrás de la puerta, pero va a entrar de todos modos. Es una verdadera heroína”.

  Tanto Brewster como los cineastas eran conscientes del gran nivel que demostró Jessica Biel en La matanza de Texas de 2003. “Conseguimos trabajar con Jessica justo cuando su carrera estaba a punto de despegar”, explica Michael Bay. “Tuvimos mucha suerte porque es una actriz de gran talento. Además le encanta su trabajo y está dispuesta a hacer lo que sea para mejorar sus proyectos. Es muy generosa con sus compañeros de reparto y una bella persona. Aunque existen muchas diferencias entre ella y Jordana, volvimos a tener suerte porque Jordana posee esas mismas cualidades”.

  “Creo que la gente no se da cuenta de lo inteligente que es Jordana. Es imposible no fijarte en su belleza, pero cuando hablas con ella su intelecto y su interés por todo lo que le rodea te sorprenden. Y además tiene experiencia en el género del terror y sabe perfectamente lo que hace”.

  Para Brewster, la clave de su personaje se encontraba en alejarse de la típica interpretación de la chica abrumada por todo que se suele ver en este tipo de películas: “Jonathan y yo intentamos llegar a un término medio donde Chrissie no fuera ni una súper heroína ni una señorita en apuros.

  “Cuando llega el momento en que pierde todo lo que le importa, entonces reacciona. Compartí una escena con R. Lee Ermey donde Hoyt justifica lo que su familia le está haciendo a Chrissie y sus amigos llamándonos pecadores. Eso realmente me molestó y lo utilicé para que mi personaje no se rindiera”.

  La siguiente incorporación fue la de Diora Barid en el papel de Bailey. Guapa, de espíritu libre pero decidida, Bailey convence a su novio de Dean que sería incapaz de sobrevivir como marine y que su única posibilidad de encontrar la felicidad consiste en fugarse con ella a México, lejos de la locura de la guerra.

  Baird describe a Bailey como “atrevida y muy hippie. Es una romántica incurable pero por otra parte no deja que nadie la toree, ni siquiera los Hewitt. Me gusta el personaje porque tiene mucho carácter. Incluso cuando sufre no deja de decir a sus captores lo que piensa de ellos”.

  “Bailey es una verdadera bola de fuego”, señala el director Jonathan Liebesman. “En cualquier otra película de terror sería la típica niña tonta pero decidimos darle un poco de chispa”.

  Los cineastas buscaron un contraste entre las dos actrices protagonistas porque, aunque las dos son muy guapas, Bailey y Chrissie son muy diferentes. “Chrissie es erudita y contemplativa mientras que Bailey es más sencilla y libre”, dice Brad Fuller. “Cuando Bailey tiene miedo es increíble porque se palpa su temor. Ver a Diora en esta terrible situación y escucharla gritar es escalofriante”.

  Liebesman, que pidió a la actriz que chillara sin parar después de oírla dar un grito durante una escena de tortura al principio del rodaje, también aplaude el gran trabajo de la actriz: “Es como el conejo Energiser del chillido”, declara.

  Por su parte, la actriz explica que no gritó durante la prueba para el papel y tampoco figuraba en el guión: “Pero una vez que lo hice Jonathan me pidió que siguiera. Después de un rato me afectó físicamente así que espero no volver locos a los espectadores”, dice riéndose.

  A sus 21 años, Taylor Handley es el miembro más joven del reparto. Grabó una prueba tan impresionante que los productores le ofrecieron el papel de Dean sin verle.

  “Normalmente hacemos unas cinco o seis pruebas”, comenta Brad Fuller, “pero Taylor ni pisó nuestra oficina. Es muy joven y todavía no posee una gran experiencia pero tiene muchísimo talento”.

  La facilidad con la que Handley consiguió el papel es la garantía de su personalidad relajada. Cálido y afable, fue uno de los favoritos del rodaje, una de esas personas que cae bien a todo el mundo. Sin embargo, la amplitud de registros del actor sorprenderá a los espectadores.

  El actor califica a su personaje como “artista y amante. Es muy inocente y no tiene muchos conocimientos acerca de Vietnam pero sabe que no es un lugar para él”.

  Con respecto al género de la película, Handley se declara muy aficionado al terror: “Permite a los actores entrar en un lugar atormentado de su alma y sacar todas las cosas que no pueden expresar en la típica película de adolescentes. En una película de terror estás todo el rato gritando a pleno pulmón, corriendo, tropezando y cayéndote, y te entra pánico de verdad cuando te persigue un tipo con una motosierra. Incluso cuando te rodea el equipo te metes en la historia porque lo más divertido es el subidón que te da”.

  Encontrar al actor apropiado para el papel de Eric Hill fue lo más difícil. “Dar con un tío duro pero simpático no es fácil”, declara Fuller. “Queríamos a alguien que se pareciera a Taylor pero al final le dimos más importancia a su capacidad como actor”.

  “Pedimos a Jordana que viniera a leer con diez actores al día durante una semana. Cuando entró Matt Bomer notamos la química inmediatamente. Y queda claro en la pantalla que Chrissie estaba enamorada de Eric y Eric de ella. Matt también supo transmitir la idea de que había estado en Vietnam”.

  Graduado en el prestigioso programa de drama de la universidad Carnegie-Mellon, Bomer preparó su papel viendo películas sobre Vietnam y leyendo “Nacido el cuatro de julio”, que cuenta la experiencia de un soldado herido en Vietnam. “Fue un buen punto de partida para interpretar a Eric”, comenta el actor, “porque así comprendí la sensación de alienación que sufren estos hombres mientras intentan seguir adelante”.

  Durante la producción, Bomer también habló con R. Lee Ermey - un ex marine - lo cual le resultó de gran ayuda. Tras la prueba de Matt Bomer con Jordana Brewster, Michael Bay preguntó a la actriz si le había gustado. Su respuesta fue sencilla: “Me ha encantado”, dijo. Y así se completó el cuarteto. Otros papeles más pequeños aunque también claves son los del motero Holden, interpretado por Lee Tergesen, y su novia Alex, encarnada por Cyia Batten.

  Una vez completado el reparto, los cineastas se dedicaron a trabajar la química entre ellos. A este respecto, Andrew Fuller explica que surgió con bastante rapidez comparado con sus películas anteriores: “La química entre los actores jóvenes se puso a prueba durante la primera semana del rodaje porque las escenas iniciales entre las dos parejas son las más íntimas de la película. Y ésta se hunde o sale a flote dependiendo de si los espectadores creen en ellos y en lo que sienten el uno por el otro”.

  Cuando vio La matanza de Texas de 2003, el director Jonathan Liebesman quedó impresionado por la dedicación de los actores. Descubrió que había un ‘método Platinum Dunes’ para establecer vínculos entre los actores.

  En aquella película los cineastas se aseguraron de que Jessica Biel, Jonathan Ticker, Erica Leersen, Mike Vogel y Eric Balfour pasaran bastante tiempo juntos antes de comenzar el rodaje. El resultado de este esfuerzo fue tan positivo que decidieron repetirlo con el nuevo reparto y así entró a formar parte de la política empresarial.

  “Es muy importante dedicar tiempo a estas cosas, especialmente cuando existen lazos fuertes entre los personajes”, explica Michael Bay. “A veces hacen falta varias semanas para que aparezca una verdadera conexión entre los actores y estoy muy a favor de que pasen un tiempo juntos desde el principio para que se hagan amigos y se conozcan. Crea un grupo más cohesionado”.

  Brewster, Baird, Handley y Bomer se reunieron con los cineastas en Austin (Texas) dos semanas antes del comienzo del rodaje. El productor Andrew Form cuenta que no pasaron este tiempo ensayando sino saliendo a comer o cenar, viendo películas y haciendo compras y que el beneficio de los vínculos establecidos en este periodo se ve claramente en la pantalla.

  El domingo antes del comienzo del rodaje los productores y el director llevaron a los actores a la casa de los Hewitt, la misma que se utilizó en la película de 2003. Construida en 1854, está situada en una granja de 750 acres en Texas. Quedó vacía en los años sesenta y nadie había vuelto a ella desde el rodaje de la última película, en septiembre del 2002. Los productores se alegraron de ver que no había perdido nada de su aspecto amenazante. En esta ocasión los espectadores verán más escenas de la casa, incluyendo las habitaciones de la planta superior, el pequeño garaje y el terreno que rodea la propiedad.

   Los productores hicieron un ‘tour’ con los actores y después los dejaron solos para que exploraran a su aire. “Ir sin un equipo de 100 personas les dio la oportunidad de ponerse en situación y sentir el miedo que inspira la casa”, comenta Andrew Form. “Tiene mucha historia y lo notas cuando entras. Es una casa que realza el guión”.

  Tras la primera película los fans se dedicaron a buscar la casa y los propietarios tuvieron que llamar a la policía en varias ocasiones para que abandonaran la propiedad.

  Otra localización favorita a la que regresaron los cineastas fue una limpiadora de algodón de 1887 situada a 45 minutos al sur. Utilizada como el sótano de la casa de los Hewitt y como el matadero, esta localización ofrecía la posibilidad de rodar exteriores además de interiores. También proporcionaba un precioso lugar en un lago para que los miembros del reparto y equipo descansaran entre escenas llenas de tortura y dolor.

  “Me quitaba los cascos, iba al lago y me recordaba que sólo era una película”, declara Brad Fuller, riéndose. “Es un lugar muy bonito y mucho mejor que el verdadero matadero donde rodamos la última película”.

  “Entonces pusimos a Jessica Biel en un congelador de carne y fue muy duro porque el sitio apestaba. No queríamos volver a pasar por eso. Además, parecía demasiado moderno para una película que arranca en 1939”.

  El responsable del diseño de producción fue Marco Rubeo (hijo del eminente diseñador de producción Bruno Rubeo) en su primera experiencia en este puesto tras trabajar como director artístico. Los productores se habían fijado en su talento como director artístico en La morada del miedo y pensaron que había llegado el momento de ascenderle. Rubeo no sólo tuvo que reconstruir decorados de la película de 2003 sino que fue necesario retrocederlos en el tiempo con modificaciones pequeñas pero claves.

  Los productores dieron a Rubeo, Liebesman y Lukas Ettlin (director de fotografía) un DVD de la primera película para que estudiaran las localizaciones y el aspecto general de la película. Necesitaban que el nuevo equipo continuara donde el director Marcus Nispel, el director de fotografía Daniel Pearl y el diseñador de producción Greg Blair habían terminado, un gran reto dado los numerosos premios que obtuvo el filme de 2003.

  Tras la incorporación del director Jonathan Liebesman empezaron a pensar en el director de fotografía. Liebesman propuso a su gran amigo Lukas Ettlin, responsable de fotografiar todas las producciones estudiantiles de Liebesman y que cosecharon numerosos galardones.

  Form y Fuller reconocen que no le tomaron en serio al principio: “Nos reímos”, confiesa Fuller. “Y le dijimos, ‘quítate esa idea de la cabeza’. Parecía muy arriesgado ofrecer al realizador de una sola película un director de fotografía que nunca había filmado una gran producción, pero Michael Bay no estaba tan preocupado como nosotros. Entonces nos reunimos con Lukas y vimos que tenía unas ideas estupendas. Entendía la imagen que habíamos creado en la primera película pero al mismo tiempo quería crear la suya. Andrew, Michael y yo lo hablamos durante un tiempo y decidimos lanzarnos. Al final resultó ser una decisión sabia porque Lukas ha hecho un trabajo maravilloso y ha facilitado enormemente el del director”.

  Ettlin viajó a Austin durante la fase de preproducción para entrevistar al equipo potencial y en el proceso aprendió mucho sobre el rodaje de una gran producción. También pudo confiar en la experiencia de los cámaras Michael Scott y Brown Cooper. “Aporté mucho entusiasmo al proyecto pero, como ya se ha dicho millones de veces, una película es un trabajo de equipo y necesitaba a todos ellos”, dice Ettlin.

  Liebesman, Ettlin y Rubeo fijaron tres colores principales para la película: rojo, blanco y azul. Rubeo explica el motivo: “Discutimos nuestras ideas sobre una familia de granjeros, que sobrevive durante muchos años con muy poco, y lo que salió de esas discusiones fue la idea de utilizar una bandera americana desaturada como nuestra paleta de colores. Además añadimos unos tonos sepia y ocres de la película anterior para unir algunos elementos de los dos filmes”.

  Liebesman recuerda que miró un libro de fotos de los años cuarenta: “Tenía viejas fotos de lo que América quería ser, y también de lo que esta familia quería ser pero no consiguió. Los colores desteñidos representan de alguna manera el fracaso del sueño americano, una familia que se descarrila”.

  Liebesman aplaude la dedicación de la decoradora Randy Huke, que también trabajó en la película de 2003, que prestó una atención infinita a los detalles y organizó todo el trabajo del departamento de arte. “Fue un gran trabajo en equipo y Randy tuvo muchísima paciencia con todos nosotros, los novatos”, comenta Liebesman.

  Por su parte, Ettlin declara que siguieron el ejemplo de la película de 2003: “Creo que fue tan popular porque resultó muy real. Se rodó de modo que los espectadores tuvieron la impresión de estar en medio de la acción, casi como el cine verité. Por eso es una película de culto. Nunca sabes lo que va a ocurrir y nunca te deja relajarte. Eso es algo que queríamos repetir en esta entrega, que la intensidad no bajara nunca y fue una idea que evolucionó a lo largo del rodaje”.

  “En la historia pasamos del romance a un accidente de coche con el que comienza el terror y para subrayar el cambio modificamos el ángulo del obturador de 180 a 90 grados. Así la acción se vuelve más extrema y brusca e indica a los espectadores que están a punto de subir a una montaña rusa”.

  La mayoría de las películas no se ruedan en orden cronológico. Entre las diferentes disponibilidades de actores y localizaciones y las limitaciones que impone el tiempo, es simplemente demasiado difícil seguir la secuencia de un guión. A pesar de ello, La matanza de Texas: el comienzo se rodó en todo lo posible en orden cronológico, lo cual quiere decir que empezaban a rodar durante el día y filmaban de noche durante varias semanas hacia el final del rodaje.

  Andrew Form comenta que en una película de este tipo es mejor que los actores entren poco a poco: “Al final de la película los personajes han pasado por tantas cosas que los actores están agotados. También hay que dejar que aumenten las emociones y el terror. Es importante no meter a nadie en una escena de muerte en el segundo día, especialmente cuando se dan las exigencias físicas de esta película”.

  Form nos cuenta con una sonrisa que oyó a Brad Fuller decir a algunos actores que no cogieran el trabajo: “Lo dijo precisamente por las exigencias físicas. Brad les decía ‘¿estás seguro de querer hacerlo? Va a hacer frío y calor, vas a correr como un loco, te vas a caer. Y lo tendrás que hacer mil veces. Así que, ¿estás seguro?’. Lo que buscábamos era un compromiso total”.

  A Jordana Brewster le hicieron gracia las advertencias de los productores: “Me sorprendió las bajas expectativas que tenían Brad y Andrew con respecto a mi capacidad física, como si yo fuera una princesa. Andrew se reía de mi forma de correr porque estoy acostumbrada a correr en una cinta. La primera vez que salí corriendo para escaparme de Leatherface me dijo que le recordaba algo de Carros de fuego. Me explicó que quería que corriera de un modo ‘caótico’, con los brazos al viento”.

  “A veces teníamos que recordarles que no eramos máquinas y no podíamos caernos otras diez veces más tras hacerlo todo el día, pero espero haberles demostrado que no soy ninguna princesa. De hecho, lo más duro para mí fue rodar con cero grados vestida sólo con vaqueros y una camiseta”.

  El filme está ambientado en verano pero como muchas de las escenas nocturnas se rodaron en noviembre y diciembre, durante un frente extremadamente frío que golpeó Texas y gran parte del sur de Estados Unidos, el ayudante del director - K.C. Hodenfield - pidió que los actores chuparan cubitos de hiel antes de cada toma para que no se viera el vaho de su aliento. Fue incómodo para los actores (por decir poco) porque estaban corriendo constantemente y respirando como si estuvieran aterrorizados.

  Aunque estar tumbado no parece nada difícil, Matt Bomer sufrió lo suyo durante varios días que pasó echado en una mesa de madera sin poder moverse. El personaje de Bomer fue encadenado a la mesa en el sótano de la casa, sin camisa y embadurnado de sangre falsa, y tuvo que aguantar así incluso durante una tormenta de hielo en que las temperaturas cayeron bajo cero.

  Los productores contaron con el coordinador de especialistas Kenny Bates y su ayudante Kurt Bryant para crear los momentos más críticos de la película y a la vez mantener sanos y salvos a todos los implicados. Los dos coordinadores y Michael Bay tienen una larga trayectoria en común en el cine y la publicidad. En términos de acción hablan el mismo idioma.

  Con respecto al coordinador de especialistas, Brad Fuller comenta que es capaz de hacer comprensible la escena peligrosa más difícil, hasta para novatos: “Es conocido por la calidad de su trabajo, al igual que Kurt, y muy meticuloso con respecto a la seguridad. En películas como ésta es inevitable que los actores terminen con rasguños y moratones pero nunca tuvimos que preocuparnos por heridas graves porque pudimos confiar plenamente en Kenny y Kurt”.

  Bryant trabajó sin descanso con los actores, coordinando el accidente de coche que sella el destino de los chicos, ayudando a Andrew Bryniarski a sacar a Diora Baird del coche, colgando a Taylor Handley y Matt Bomer de las vigas del garaje de la granja de los Hewitt, montando una complicada escena de pelea entre Handley y R. Lee Ermey y, por supuesto, dirigiendo el amenazante baile de la omnipresente motosierra.

  Brewster tuvo el reto adicional de tener que actuar sola en muchas escenas: “Nunca lo he hecho”, reconoce la actriz. “Nunca me había hablado un director durante una toma. Jonathan me decía todo el rato cosas como ‘escóndete’, ‘mira a tu izquierda’, ‘muévete hacia la derecha’, etc. Es muy técnico y suena aburrido pero no lo fue”.

  Al plantear el aspecto físico de una película de terror es imposible no abordar el tema de la tortura. ¿Dónde se fija el límite? ¿Existe un límite? Fue una tema de conversación constante entre Form, Liebesman y Fuller.

  “Para Jonathan y Brad no había límites”, declara Form antes de que le interrumpa Fuller. “La tortura es muy difícil de ver”, dice Fuller. “Y no se puede pretender lo contrario. No me gusta nada la violencia y cuando lo veía en el monitor a veces tenía que alejarme porque era brutal. Pero eso es lo que le gusta a esta familia y, como espectador, no sería efectivo si no te importaran las víctimas. La tortura es un elemento importante en la película pero no queríamos que fuera más importante que la historia. Si te desvía de la trama entonces es demasiado”.

  Por su parte, Fuller afirma que no trata de la sangre: “No son escenas gratuitas porque el terror proviene de la situación, no de la cantidad de sangre que se derrama”.

  KNB Effects, Inc. se encargó del maquillaje y de las prótesis. Con más de 500 películas en su haber, Greg Nicotero, Jake Garber, Kevin Wasner y los otros artistas de KNB estaban preparados para cualquier cosa.

  A Jordana Brewster le chocó la cantidad de sangre que implicaban sus secuencias. Dice con humor que disfrutó más durante los tres primeros días de rodaje, cuando sus compañeros estaban limpios y secos: “Al principio me afectó mucho la sangre pero después de un tiempo dejó de impresionarme y simplemente me molestaba porque era fría, pegajosa y dulce. Te conviertes en una atracción ambulante para todos los bichos. Es asqueroso, especialmente porque tienes que estar así día y noche”.

  La mayoría de los actores pasaron bastante rato chorreando sangre y algunos tuvieron que llevar prótesis para las que KNB hizo moldes antes del comienzo del rodaje en Texas, el 10 de octubre de 2005.

  Además de proporcionar litros y litros de sangre falsa y prótesis, KNB también diseñó dos nuevas versiones de la famosa máscara de Leatherface.

  “Una parte esencial de la historia es la evolución de la máscara”, señala Andrew Form. “Durante la primera mitad de la película Thomas Hewitt lleva lo que probablemente fabricó de pequeño para tapar su cara llena de ampollas y cicatrices. Para esto optamos por lo que llamamos una ‘media máscara’”.

  “KNB dedicó mucho tiempo a crear esta careta” constata Michael Bay. “Yo la imaginaba como una especie de correa de cuero que se pone sobre la nariz para tapar una enfermedad de la piel. E imaginé que después utilizaría piel de animal y finalmente piel humana”.

  “Pasadas tres cuartas partes de la película, Thomas se pone una máscara completa tras un asesinato”, continúa Andrew Form. “Obviamente tiene menos habilidad que en la película de 2003 porque es la primera vez que le quita la piel a una persona”.

  Consecuentes con la idea de que tiene menos experiencia, los cineastas vigilaron con atención a Andrew Bryniarski, especialmente con respecto a su habilidad con la motosierra. El director Liebesman recordaba a Bryniarski que se trataba de los primeros asesinatos de Thomas: “No era un artista todavía. Al principio era torpe y cometía errores. Thomas no es una persona agresiva, dispuesta a matar en cualquier momento. Le hace falta tiempo para convertirse en Leatherface”.

  Al comparar esta película con el éxito de 2003, Liebesman declara que le inspiró el estilo del director Marcus Nispel pero que no quería copiarlo: “Optamos por un estilo más documental aunque en aquella película hay tomas que son verdaderos iconos y les rendimos homenaje aquí”.

  “Jonathan ha hecho su propia película”, señala Michael Bay. “Creo que La matanza de Texas: el comienzo tiene más personalidad que nuestra nueva versión de la película original porque es simplemente eso, una nueva versión. Jonathan ha enfocado otras cosas y ha hecho una película de terror completamente original.”

  Aunque Bay sólo visitó el plató dos veces durante el rodaje veía todo lo que rodaban y hablaba con Liebesman a diario. “Es mejor que no esté en el plató”, dice Bay. “Pero recuerdo la experiencia de ser un director novato y tener que hablar con el productor. Tenía auténtico terror a esas conversaciones pero eran útiles porque te hacían mejorar. Es difícil ser original cuando ya existen varias películas sobre el mismo tema pero Jonathan lo ha conseguido plenamente en "La matanza de Texas: El origen". Ofrece una nueva versión de una obra maestra del terror.”


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