CÓMO SE HIZO "LOS
FANTASMAS DE GOYA"
Notas de producción © 2006
Warner
Sogefilms
1. Origen del proyecto
La idea de rodar una película sobre el genial Francisco de Goya
y la Inquisición española se le ocurrió por primera vez a Milos
Forman hace más de 50 años, mientras estudiaba en la
Checoslovaquia comunista. “La verdad es que la cosa no empezó
con Goya”, recuerda Forman. “Empezó mientras estudiaba en la
escuela de cine. Leí un libro sobre la Inquisición española y un
caso en el que habían acusado falsamente a una persona de un
crimen. Pensé que podría ser el núcleo de una historia
maravillosa. Existían numerosos paralelismos entre la sociedad
comunista en la que vivía y la Inquisición. Por supuesto, sabía
que jamás podría rodar una historia de ese tipo en
Checoslovaquia, precisamente por las muchas similitudes. Así que
me olvidé de la idea… de momento”.
Pero las buenas ideas nunca
mueren, aunque parezcan palidecer temporalmente. Se quedan en el
subconsciente, al igual que sucedió con ésta. Treinta años
después volvió a emerger, en Madrid, donde Forman y el productor
independiente Saul Zaentz promocionaban Amadeus, su segunda
colaboración ganadora de un Óscar, casi 10 años después de su
primer triunfo, Alguien voló sobre el nido del cuco.
“Milos y yo estábamos en la
calle, junto al Museo del Prado, y me dijo que nunca había visto
el famoso Jardín de las delicias de El Bosco, uno de los tesoros
más preciados de El Prado”, recuerda Zaentz.
“Pero El Prado aloja también
muchas otras obras maestras, incluyendo la más grande colección
de obras de Goya, y las estuvimos mirando. Yo ya las conocía,
pero no las había tenido delante nunca. Eran increíbles. Hubo
una que nos dejó sin palabras. Era un cuadro de un perro. Si se
ve en un libro, se piensa que debe ser del tamaño de una
pantalla de cine, por lo maravillosamente bien que está hecha.
En la realidad, descubres que no es nada grande, quizás de metro
y medio, pero la verdad es que no te defrauda. El perro te toca
la fibra, y te llevas su imagen en la retina”.
Forman se quedó fascinado con
Goya. “Me sobrecogieron las pinturas, ya no podía dejar de
pensar en ellas”, nos cuenta. “Estaba convencido de que Goya fue
el primer pintor moderno. Y ahora, más que nunca, deseaba rodar
una película sobre él”.
Durante la visita al Prado,
Forman le relató a Zaentz el incidente sobre la Inquisición que
había leído tantos años atrás, y debatieron la idea de hacer una
película que hablara de la Inquisición y Goya. A Zaentz le
pareció que el resultado podría ser maravilloso.
“Pero le dije que era
necesario tener una historia que diera soporte a la idea, una
historia en la que confiar, apasionante, que nos hiciera sacar
adelante el proyecto”, exclama el productor. Y Forman estuvo de
acuerdo.
A medida que pasaba el
tiempo, productor y director seguían hablando de la idea para la
película, e incluso se plantearon el contratar a un escritor que
esbozara un guión. Pero, de hecho, Forman ya tenía in mente a un
colaborador estrella, el guionista Jean-Claude Carriere, con el
que tanto él como Zaentz habían trabajado ya en el pasado, con
excelentes resultados.
“Jean-Claude es como una
especie de hermano espiritual”, nos cuenta el director. Forman y
Carriere se conocieron hace cuarenta años, en 1966, en un
festival de cine de Sorrento, Italia. Por aquel entonces, Forman
ya había dirigido varias películas, como Pedro el negro y Los
amores de una rubia, y Carriere había colaborado con el genial
Luis Buñuel en el guión de Diario de una camarera, y con Louis
Malle en el guión de Viva Maria.
Forman y Carriere siguieron
siento amigos después de que Forman dejara Checoslovaquia, y
colaboraron juntos en diversas ocasiones (Juventud sin
esperanza, Valmont). Siempre mantuvieron el contacto a lo largo
de los años.
“Me intrigaba la idea de
Milos, bueno, no se le podía llamar idea, era, más bien, un
deseo de rodar una película no exactamente sobre Goya, sino
sobre la España de la época de Goya”, recuerda Carriere. “Y Goya
entraría en la historia de forma natural, pero era el periodo en
el que él vivió, una época turbulenta”.
“Se trata de una época muy
interesante. El final del siglo XVIII y el inicio del XIX es
quizás uno de los periodos más importantes de la historia
europea, debido a la Revolución Francesa y la llegada de
Napoleón. Francia era el centro de Europa en ese momento, es
interesante ver todas las consecuencias de lo que allí
aconteció, y cómo afectaron a España, especialmente cuando
Napoleón invadió el país.
“España, a finales del siglo
XVIII era probablemente, a pesar de cierta modernidad, la nación
más retrógrada de Europa occidental. Era católica, conservadora,
se encontraba regida por una monarquía cuyo Rey pertenecía a la
misma familia que el Rey francés. Las obras de los grandes
filósofos del XVII y la Ilustración casi no habían influido en
el país. La Inquisición seguía operativa, capaz de infligir
terribles daños a la población. A Milos le encantó esta época y
la Inquisición”.
“Lo que me atrajo más de este
periodo en particular”, dice Forman, “era, con tantas paradojas
y tantos cambios, que reflejaba mis propias vivencias, primero,
una sociedad democrática, luego la sociedad nazi, después el
comunismo, de nuevo la democracia, otra vez el comunismo y una
vez más la democracia”.
“Es muy parecida a la
situación de España a comienzos del XIX.” El Rey Carlos
representa a la vieja guardia, cuando súbitamente Napoleón
invade y trae el progreso, los ideales y los valores de la
Revolución francesa. ¿Y eso qué es? Me recordaba a mi propia
vida, cuando los soviéticos trajeron la “libertad” a
Checoslovaquia.
“En lugar de traer la
auténtica liberación, Napoleón instala a su hermano en el trono,
hasta que los británicos, bajo la supervisión de Wellington,
invaden el país, dan caza a los franceses y restauran la
represiva monarquía. Un periodo muy interesante”.
Carriere y Forman estaban
convencidos de que Goya era la figura perfecta a través de la
que contar la historia de aquella época. Goya nació mucho antes
de la Revolución Francesa, y murió mucho después.
“No creo que Goya se
implicara políticamente de forma consciente. Simplemente era un
observador increíble, como una periodista”, dice Forman.
“Comentaba, registraba todo aquello de lo que era testigo. Tal y
como dice en la película, “Pinto lo que veo”.
Carriere dice que “Goya
pintaba a los reyes y reinas de España, a sus hijos, la familia
entera, y podía entrar en el Palacio Real, donde pintaba también
a la gente de la Corte. Pero también conocía la vida de la gente
del pueblo. Recorría las calles, entraba en las tabernas, y
realizó dibujos y grabados de todo ello, muchos de los cuales,
Los Caprichos y Los horrores de la guerra gozan de fama mundial,
y con razón. Incluso realizó un retrato de uno de los
Inquisidores, y también del hermano de Napoleón al que
instalaron en el trono, así como de ciudadanos corrientes y
soldados. Comprendía el corazón de todos los seres humanos”.
En lo que respecta a la
película que querían hacer, Forman, Zaentz y Carriere
comprendieron que una simple bio-pic de Goya o una descripción
didáctica de la Inquisición no funcionarían. Querían una
aproximación nueva, así que continuaron puliendo el proyecto,
investigando en la historia de España, concentrándose en el
periodo, leyendo todo lo que pudieron encontrar sobre Goya y la
Inquisición.
Forman y Carriere, que habla
español y conoce el país, incluso pasaron varias semanas
conduciendo por el campo, y realizaron un segundo viaje con Saul
Zaenz para profundizar sus conocimientos del país y su cultura.
2.
El guión
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