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Novela de "Los fantasmas de Goya" (Jean-Claude Carriere y Milos Forman)
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LOS FANTASMAS DE GOYA


Dirección: Milos Forman.
País:
España.
Año: 2006.
Duración: 106 min.
Género: Drama.
Interpretación: Javier Bardem (hermano Lorenzo), Natalie Portman (Inés/Alicia), Stellan Skarsgård (Francisco José de Goya y Lucientes), Randy Quaid (rey Carlos), Michael Lonsdale (Gran Inquisidor), José Luis Gómez (Bilbatúa), Mabel Rivera (María Isabel Bilbatúa), Blanca Portillo (reina María Luisa), Unax Ugalde (Ángel Bilbatúa), Fernando Tielve (Álvaro Bilbatúa).
Guión: Milos Forman y Jean-Claude Carrière.
Producción: Saul Zaentz.
Música: Varhan Bauer.
Fotografía:
Javier Aguirresarobe.
Montaje: Adam Boome.
Diseño de producción: Patrizia von Brandenstein.
Vestuario: Yvonne Blake.
Estreno en España: 10 Noviembre 2006.

CRÍTICA por Almudena Muñoz Pérez

  Reconozco que he seguido de cerca el rodaje de “Los fantasmas de Goya” porque parte de ella se ha ubicado en mi –permítanme decirlo, preciosa para una película– ciudad. Sentía curiosidad por saber si un checo era capaz de abstraerse a un escenario tan complejo como el español, y más aún a las ideas de un pintor de altura. En cierta medida, mis expectativas se han cumplido, pues Milos Forman sabe emplear con soltura la escenografía de nuestro país, pero con tanto preciosismo que ha olvidado embarrar con más suciedad las calles y la historia.

 

  En un momento del filme, el personaje de Javier Bardem define a España como una casa de putas. Gente que se vende hay en todas partes, pero aquí vuelve a reiterarse el prototipo de un país poblado de prostitutas, maquiavélicos inquisidores y reyes palurdos. Tuvimos, y aún tenemos, de todo eso, aunque no debería constituir ni nuestra definición ni nuestros pecados. El director de "Amadeus" recae como en producciones anteriores en el barroquismo ambiental, en la acumulación de efectos que, de uno en uno, sólo aportan más ruido y menos precisión. Las sentencias que se derivan de un guión fantasioso resultan más bien pobres: ¿mantenerse fiel a unos principios? ¿No pueden hacerse oídos sordos ante la degradación de la inocencia? Y es que Forman se pierde en la narración de unos hechos que deberían haber servido como pura metáfora de una época y un país más que como novelón rosa. Un religioso que es sobornado para sacar a una joven inocente de las garras de la Inquisición, irremediablemente atraído por ella. Relación ilícita, desapariciones, búsquedas... Todos los ingredientes de cualquier serial en crescendo dramático a los que se añade la figura de Goya como pudiera haber sido cualquier otro pintor –o escritor, o músico, o arquitecto... –.

  La personalidad del pintor aragonés es algo tan inabarcable para cualquier director –así lo atestiguan las películas de Carlos Saura y Bigas Luna–, que ésta queda simplificada para poder jugar con ella en pantalla. El Goya de Stellan Skarsgård, aunque interpretado con cierta soltura, aparenta simplón, apagado e ingenuo –¿cómo no iba a saber él la sinceridad que imprimía en sus cuadros, en especial los de la realeza?–. Actúa como un simple nexo de unión entre personajes que deben conocerse para dar pie al dramón, y la denuncia social que intenta colarse a través de la repetición visual de sus pinturas y grabados llega demasiado tarde. ¿Dónde se trata el afrancesamiento del artista? ¿Y cuáles son esos fantasmas tan superficialmente entrevistos en “La carga de los mamelucos”? Que a la película no le interesa el sentido histórico queda claro desde el momento en que recurre a una elipsis de quince años para volar del guillotinamiento del francés Luis XVI hasta la invasión napoleónica. Toda perspectiva sobre una época de inestabilidad en la cultura española se subordina a la continuación de ese material folletinesco. Y por el mismo motivo Goya, en lugar de ser la voz de los que no hablan, se convierte en la mirada de lo obvio.

  A pesar del contenido que se articula en tono de falsete, el estilo lumínico que imprime el genial Javier Aguirresarobe convierte el largometraje en un inteligente retrato repleto de profundidad. Sin abusar de los evidentes y tópicos traslados de la paleta del pintor a la acción –algo que sucede, por ejemplo, en la vista nocturna de Madrid en plena escaramuza con los franceses–, la puesta en escena es tan rica como pobre el motivo para el que se reúne tanto valor. Y así da lástima comprobar cómo algo puede dar lo mejor de sí en vano. No sólo por la selección de los decorados y los paisajes, sino por la de unos secundarios firmes en sus papeles, sobre todo cuando se está rodando en el propio país con un idioma extranjero –Mabel Rivera, Blanca Portillo, José Luis Gómez o Unax Ugalde, por ejemplo–. El fondo vuelve a destacar más que lo que se sitúa en primer plano, pues, aparte del ya mencionado y correcto Skarsgård, Javier Bardem no aporta gran decisión a un personaje rocambolesco y basado en demasiadas gesticulaciones manuales. A su lado, Natalie Portman afronta un difícil doble rol por causas físicas: el paso de quince años apenas se percibe más que por un afeamiento y unas muecas tan poco creíbles como goyescas. Su entrega se palpa y se agradece su arrojo, pero, de nuevo, ese esfuerzo cae en saco roto cuando un personaje que reúne ternura y debilidad pasa toda la película como una simple víctima circunstancial.

  Sólo en el último tramo, una vez superadas las improbables evoluciones de los protagonistas, el uso anecdótico del pintor y las resoluciones sentimentales, Forman parece recuperar un poco el sentido crítico de “Ragtime” y componer un potente choque en pantalla de todos los ideales enfrentados. Sólo entonces Francisco de Goya despierta de su letargo y esboza algo verdaderamente trágico y punzante. En esos pocos minutos de cierre la estética se vuelca al servicio de algo más profundo que un simple drama de época. Con una cruel canción infantil, muy en la línea de Robert Aldrich, se deja sobre la mesa la estampa de una España que baila sobre su propia tumba, al son del sistema político que toque el tamboril. Los tontos y los muertos caminan por delante y detrás, muy atrás, suben la cuesta las olvidadas ideas y advertencias: las artes. Una imagen demoledora y bella que, quizá, lo sea el doble para esta firmante, conmovida por esa calle que también ha recorrido igual de solitaria algunas mañanas.

Calificación:


Imágenes de "Los fantasmas de Goya" - Copyright © 2006 Xuxa Producciones. Distribuida en España por Warner Sogefilms. Todos los derechos reservados.

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