CRÍTICA
por
Albert Meroño
Peñuela
En unos pocos
años y con tan sólo tres títulos, la hija de
Francis Ford Coppola puede
presumir de haber consumado un estilo propio. Tras anunciar,
siendo ya reconocida abiertamente por Hollywood en 2004, que su
siguiente trabajo llevaría por título “María Antonieta”, la gran
pregunta fue si aplicaría los componentes de la fórmula de
"Lost in translation"
(2003) a ‘Madame Déficit’ y, dado el caso, cuáles de ellos.
Es importante observar que el peculiar
estilo narrativo de Sofia Coppola
no tenía por qué ser válido para un biopic histórico. A
Sofia le gusta recrearse en trivialidades, a las que confiere
gran valor expresivo, pero también en tomas de ángulos
rebuscados y montajes casi experimentales, que usa con cierta
cadencia para reflejar, esencialmente, sentimientos. En este
marco de exaltación interiorista, ¿es posible narrar la vida
de un conocido personaje de la corte francesa de finales del
siglo XVIII?
Lo cierto es que no, aunque siendo
precavido debería dejarlo en un “no lo sé” y postergar la
pregunta a otra entrega de esta directora o de cualquier otra
(no soy capaz de imaginar a un hombre tomando el rol
‘coppoliano’ de introspección de la mujer) que realmente ponga
sobre la mesa un biopic histórico. Lo han adivinado:
“María Antonieta” no lo es. Aunque tome por base a alguien de
los libros de Historia, el interés por relatar los hechos
relevantes previos a la Revolución Francesa es meramente
testimonial; de hecho, Sofia Coppola elude inmiscuirse en
discusiones políticas, e incluso pasa de refilón cuando pone en
la pantalla sucesos de comprometido contraste histórico
(como el conocidísimo “si no hay pan, que coman pasteles”) con
una elegancia sublime. Toda su atención se centra en retratar,
mediante una espléndida Kirsten Dunst
(rescatada de las profundidades de la comedia
romántica, con permiso de "¡Olvídate
de mí!", 2004), a su María Antonieta desde el ángulo
más íntimo posible: el de su interior. Son libres de observarla
bajo el prisma que crean oportuno, pero sobra decir que como
formalismo histórico el film resulta poco menos que puro vacío.
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Incluso antes
del primer plano recibimos el aviso acústico de unos estridentes
acordes a la guitarra eléctrica que, sustituyendo a las
delicadas teclas del clave, anuncian tres de las características
más importantes de este largometraje: el comentado enfoque en el
personaje y no en el contexto, la incisión musical (de la que
Coppola hace uso y abuso con multitud de propósitos) y la
analogía presente-pasado. Mediante esta última se da a conocer
la conclusión más explícita de la directora, en la que intenta
decirnos que el tan ansiado rigor histórico teje un velo que nos
impide imaginar a los personajes de entonces tal y como serían
ahora, lo que constituye una aproximación humanamente más
realista, aunque por supuesto sin ninguna base más allá de la
romántica.
Aunque es
una escenógrafa nata, Coppola ha estructurado su narración en
tres partes bien diferenciadas. La primera, vacía de diálogo
a propósito para reflejar la frialdad de los acontecimientos,
cuenta cómo María Antonieta es desprovista de su pasado
austriaco y se le inculca un presente francés, sin que su
directora abandone un momento todas esas ‘irrelevancias
relevantes’ que plasman el miedo, pero también las buenas
intenciones de su personaje. Esta introducción queda
perfectamente resumida en la escena de recepción de la corte en
Versalles; bajo su atenta mirada va a tejerse el juicio que la
cambiará para siempre. La segunda, iniciada con los aplausos
inducidos en la ópera, y también el llanto, es en sí una fiesta
sin fin, tanto a nivel narrativo como de realización: María
Antonieta sucumbe a la presión de la corte y se entrega a la
vida de lujos y gastos que la apodaron ‘Madame Déficit’,
mientras Sofia se recrea en un surtido de escenas rebosantes de
calidad fílmica y detalles escénicos, trabajando directamente
sobre Dunst y con quien ésta encarna, que es sin lugar a dudas
donde más cómoda se siente. Con la excepcional antítesis y
genial simetría a los aplausos operísticos comienza la tercera y
última parte, en la que se narra el periplo real hacia la
decadencia de la monarquía a favor de los poderes civiles,
aunque se nos priva previsiblemente del conocido final, puesto
que la mujer que se nos quería presentar muere mucho antes de lo
que dicen los libros, con ese “me estoy despidiendo”.
Aunque no lo
tenía nada fácil, Coppola se ha superado en la puesta en escena.
Además de hacer gala de la mencionada narrativa escénica, ha
conseguido junto con Lance Acord
una fotografía absolutamente exquisita, dedicando a cada
segmento de su historia los tonos paisajísticos de las afueras,
las texturas apasteladas del palacio de Versalles (fusión
perfecta de vestuario, decorados e incluso platos de comida) y
cambios lumínicos exagerados, cada uno caracterizando su propia
parte del metraje. La mencionada selección musical aporta las
pinceladas necesarias para convertir una escena en auténtica
sátira cuando de fondo suena un animado clave, o en la fiesta
sin medida cuando lo hace el rock (como en la fiesta de
máscaras), aportando vigor a costa de sacrificar el rigor
histórico que, como ya se ha dicho, la cinta no posee ni quiere
poseer.
Heredando del
viejo –con cariño– Francis el requisito que exige a las
audiencias ser, ante todo, pacientes, Sofia Coppola ha
trasladado su ecuación de análisis de la mujer sobre “María
Antonieta” con una gracia sólo al alcance de unos pocos.
Superponiendo lo escénico a lo narrativo –en el sentido de que
lo primero adopta responsabilidades tradicionalmente asignadas a
lo segundo–, ese punto que le falta representa la incertidumbre
de si su estilo es todavía más genérico de lo que nos ha
planteado hasta ahora y, por tanto, trasladable a cualquier otra
cosa que no sea pura introspección femenina, de la que, hablando
claramente y sin tapujos, ha alcanzado ya la perfección.
Calificación:
    
Imágenes
de "María Antonieta" - Copyright © 2006
Columbia Pictures, Pricel, Tohokushinsha Film y American Zoetrope. Distribuida en España por
Sony Pictures Releasing de España. Todos los derechos
reservados.
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