CRÍTICA
por
Javier Quevedo
Puchal
Retrato de la soledad
femenina
Se quejaba
parte de la crítica especializada durante su pase por Cannes de
que, con su peculiar biopic,
Sofia Coppola había acabado convirtiendo a María
Antonieta en una suerte de Paris Hilton dieciochesca. Desde
luego, podemos convenir que ser trata de una crítica tan
ingeniosa como, quizás, insensata. Y decimos ingeniosa porque,
efectivamente, no son pocos los puntos en común que emparentan a
ambos personajes tanto en la vida real como en el celuloide:
ambas jóvenes y ricas herederas (cada cual, princesa a su manera
y, también a su manera, futura reina), tremendamente
despilfarradoras, amantes de las fiestas y de la moda, del lujo
y de la "gente VIP"... en fin, personajes aparentemente más
definidos por su frivolidad galopante, su joie de vivre,
que por otros logros más meritorios. Pero decíamos también que
había algo de insensato en la jocosidad de la crítica de Cannes,
y ello se debe a que, en efecto, y mal que a muchos les pese, la
María Antonieta real, la que hoy ocupa un puesto de honor en los
libros de Historia, no fue mucho más que lo que Sofia Coppola
plasma en su cinta. Y es que, en el caso de la delfina, no
podemos hablar de grandes hazañas personales que lograran
cambiar el rumbo de la Historia (aparte de una incuestionable
audacia a la hora de revolucionar la moda de una época), sino
más bien de tempestades recogidas en base a los vientos que se
sembraron en tiempos pretéritos y que, de forma más o menos
circunstancial, sí marcaron la transición de una época a otra.
Posiblemente, si hay algo que realmente
se le pueda reprochar a Sofia Coppola es el modo con que nos
ha escamoteado los últimos años de vida de María Antonieta,
precisamente aquellos en los que no tuvo otro remedio que
crecerse ante la adversidad y acabar adoptando una dimensión
más fuerte, la de la gran reina que finalmente no pudo llegar
a ser. Pero también hay que admitir que ese final abrupto con
que cierra la película, el de la huida del palacio de
Versalles, puede leerse de manera ambivalente, tanto como un
gran error como un gran acierto. Error porque, como acabamos
de señalar, necesariamente castra nuestra visión global del
personaje. Sin embargo, el hecho de que Coppola acabe
renunciando a los manierismos más recurrentes del biopic
histórico –a saber, las grandes masas, los grandes finales
épicos, la gran tragedia– no hace sino subrayar la naturaleza
de proyecto de vanguardia, insospechadamente intimista y,
sí, de autor, que algunos, apabullados por el abultado
presupuesto y el aparente contraste con las anteriores cintas
de la directora, parecen no captar. De hecho, ni siquiera el
trabajo de Kirsten Dunst
como la mal llamada “Loba Austriaca”, muy satisfactorio pero
lejos de resultar sobrecogedor, se ajusta a los habituales
tour de force interpretativos que cabría esperar de
papeles de este género.
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Se podría
afirmar, pues, que la “María Antonieta” de Coppola es una
propuesta notablemente valiente, incluso atrevida, aunque no
precisamente por los anacronismos en los que cae de forma
absolutamente consciente (verbi gratia, esa banda sonora
tan comentada y anárquica, cuajada de temas rock y minués
ocasionales). Por el contrario, el auténtico atrevimiento de
la propuesta reside en la voluntad de encerrar al espectador
durante más de dos horas en esa especie de burbuja, de torre de
marfil en la que se asimismo se encerró María Antonieta
durante su vida en Versalles y que, en cierta medida, fue uno de
los detonantes de la revolución. Al igual que ella, nunca
llegamos a tener contacto con el contexto histórico-social de su
pueblo, ese que dio un golpe de timón a la Historia de Francia,
y lo poco que sabemos es gracias a los sucintos rumores de
palacio que llegan a sus oídos. Incluso cuando la turba se hace
más presente a las puertas de palacio, Coppola tiene la
deferencia de regalarnos un breve plano general tan sólo cuando
la propia María Antonieta sale al balcón para verlo con sus
propios ojos... pero la mayoría del tiempo la revolución es para
nosotros lo mismo que está siendo para la reina: un ruido fuera
de palacio, una amenaza que se oye pero no se ve. Y es
precisamente en ese aislamiento donde se encuentra la clave del
genio de Sofia Coppola, quien, sustentándose en una puesta en
escena minuciosa y detallada, una fotografía preciosista y,
sobre todo, una (a priori) peligrosa contención de diálogos,
consigue convertir lo que podría haber sido un grandilocuente
relato histórico en un nuevo refuerzo a su proverbial discurso
sobre la soledad femenina.
Calificación:
    
Imágenes
de "María Antonieta" - Copyright © 2006
Columbia Pictures, Pricel, Tohokushinsha Film y American Zoetrope. Distribuida en España por
Sony Pictures Releasing de España. Todos los derechos
reservados.
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