CRÍTICA
por
José Arce
Perros,
gatos, ranas, abejas, hormigas, gusanos, babosas, arañas, lobos,
mandriles, pájaros, cangrejos, pirañas, tiburones… La
prepotencia de la raza humana sobre nuestros hermanos animales
se ha visto castigada en incontables ocasiones desde las
trincheras del cine fantástico. No somos bondadosos con aquellos
que consideramos inferiores a pesar de caminar junto a nosotros
por la Tierra, y lo hemos pagado con creces, ya sea desde súper
producciones espectaculares o a partir de pequeñas propuestas
más humildes pero, inevitablemente, más desquiciadas. Y ahora le
ha llegado el turno a los óvidos.
Dos han sido los grandes aciertos de
los responsables del programa doble del que forma parte
“Ovejas asesinas” a la hora de su comercialización. Por un
lado, si se estrenase de manera independiente, el resultado en
taquilla de esta producción neozelandesa sería probablemente
irrisorio, independientemente de sus méritos artísticos, por
lo extraordinariamente demencial de su carta de presentación:
«Hay cuarenta millones de ovejas en Australia… y están muy
cabreadas». Solo los más incondicionales acudirían a las
salas, y en nuestro país, desgraciadamente, esto no es
suficiente. Y por otra parte, una vez encajada dentro de esta
peculiar double feature, la película ha sido ubicada
para ser proyectada después de la ostensiblemente superior
"Desmembrados" (Christopher Smith, 2006),
mucho más llevadera para el espectador poco habituado a este
tipo de desvaríos cinematográficos, convirtiéndola en un
relajado complemento de su hermana conceptual.
El film se centra en las peripecias de
los hermanos Angus (Peter Feeney) y Henry Oldfield (Nathan
Meister), a quienes una terrible experiencia de juventud
hizo separar sus destinos. El primero triunfa como empresario
ganadero, mientras que el segundo ha huido de la campiña que le
vio nacer y trata de rehacer su vida en la urbe, donde cree que
podrá superar su fobia a las ovejas. El espectador llega a las
vidas de ambos cuando están solucionando amistosamente la
partición de la granja familiar. Pero Angus resulta estar
ocultando un intrigante plan de manipulación genética de sus
reses para conseguir perfeccionarlas con viles ambiciones
económicas. El bueno de Henry, ayudado de su viejo amigo Tucker
(Tammy Davis) y la defensora del medio ambiente
Experience (Danielle Mason), deberá hacer frente a una
amenaza que puede acabar con la humanidad al ritmo de siniestros
balidos. Es inevitable que, ya en los primeros minutos, la mente
del espectador se retrotraiga a las obras de las que bebe esta
descacharrante cinta dirigida por el debutante Jonathan King,
principalmente “Mal gusto” (1987) y, sobre todo, “Braindead: Tu
madre se ha comido a mi perro” (1992), dos obras seminales del
gore moderno firmadas con el sello inconfundible del ya
universal Peter Jackson. Las similitudes narrativas, estéticas e
incluso musicales son evidentes –por no hablar de los F/X, obra
de Weta Workshop, taller responsable del festín visceral en el
que buceó nuestra improvisada scream queen nacional,
Diana Peñalver–, y pueden leerse como un sentido tributo al
realizador de la trilogía del anillo o como una sencilla
gamberrada que no da más de sí; si bien la primera opción es, a
todas luces, la más válida, la segunda tampoco es desechable.
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King logra
improvisar un espectáculo que, si bien adolece de lo limitado de
sus recursos y no logra sacudirse del todo una mediocridad que
convierte su ópera prima en un producto de consumo rápido
fácilmente olvidable, regala a la ultraexprimida galería del
fantástico un nuevo elemento hasta ahora no explotado: los
borregos mutantes. No deja de ser chocante que un animal tan
dócil e inofensivo como éste se convierta en una máquina letal,
y que un rebaño, recortado contra el horizonte al amanecer,
pueda convertirse en una visión realmente inquietante… dentro de
lo cómico de la situación, claro. Las apariciones de las bestias
son, en la mayoría de las ocasiones, acompañadas de espontáneas
risotadas, máxime cuando empiezan a mutar y a devorar con
fruición humanos eviscerados por doquier. Afortunadamente, el
equipo es consciente de lo surrealista de su propuesta, y nadie
se toma demasiado en serio su papel en la función. Es de
destacar la labor de Peter Feeney, cuyo Angus emerge como un
mad doctor involuntario apoyado por su extraordinario
parecido físico con el mítico Bruce Campbell; junto a él, los
actores principales tratan de esquivar lo inverosímil de la
situación con unas actuaciones exageradas en todos los casos,
pero que resultan simpáticas por lo poco pretencioso de sus
intenciones.
El ritmo cae,
se levanta a ratos y vuelve a desplomarse, y aunque no llega a
venirse nunca abajo del todo, el espectáculo acaba resultando un
tanto pesado pese a su ajustada duración, que ni siquiera
alcanza los noventa minutos de rigor. A lo largo del metraje,
nuestro interés por lo que ocurre decrece para renacer en
ocasiones gracias a pasajes realmente hilarantes, como las
paulatinas transformaciones de los personajes, los
inmisericordes ataques de los borregos o ciertos diálogos
acertados y repletos de humor –sobre todo, de la mano de la
comprometida Experience–, por no citar la secuencia que recuerda
la clásica aventura del vellocino de oro, digna de ser
celebrada. Los que deberían contarse entre los momentos más
destacados, desgraciadamente, quedan como los menos atinados:
las peleas mano a mano entre los protagonistas y los
hombres-oveja –novedosa variante del licántropo tradicional–, en
la que los trabajados animatronics de Weta no salen bien
airados por la torpe realización de King. Si bien todo es
previsible para el ojo avezado y bastante ridículo para el poco
experimentado en estas lides, “Ovejas asesinas” tiene que ser
disfrutada como lo que es, un divertimento pasajero, una toma de
contacto de un realizador novel con un género que acoge con las
manos abiertas cualquier propuesta que trate de aportar algo
nuevo, lo consiga o no.
No sabemos de
dónde vendrá la siguiente amenaza del reino animal. El silencio
de los corderos ya se ha roto, y de qué manera. ¿Quiénes serán
los siguientes?
Calificación:
    
Imágenes
de "Ovejas asesinas" - Copyright © 2006 Live
Stock Films y New Zealand Film Commission. Fotos por Ken George. Distribuida en España por Manga Films. Todos los derechos
reservados.
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