CRÍTICA
por
Leandro Marques
Buenos Aires no arde
Es la naturaleza del ser
humano, contradictoria, paradójica. Como si se tratara de un mal
chiste. Pero generalmente es cierto, por mal que pese. La
mayoría de las personas necesitan de una muerte cercana para
poder sentirse más vivas que nunca. Un poco jugando con esta
hipótesis, “Ciudad en celo”, película que reseñamos dentro de la
cobertura del 22º Festival Internacional de Cine de Mar del
Plata, se postula como una propuesta que pretende, a través de
una muerte como vehículo disparador, aprender a celebrar la
vida. Sin caer en la falsa prédica, ni en bajadas de línea
morales, la cinta de
Hernán Gaffet
se aferra a una ambientación sencilla –un bar– y a un grupo de
amigos –dos hombres, una mujer y el dueño del bar– con
conflictos comunes y corrientes para poner de manifiesto un
punto de vista sobre cómo convivir con las problemáticas que
cada individuo debe encarar día a día.
Gaffet retrata un universo de
seres solitarios. Hombres fascinados por las mujeres. Una mujer
aquejada por su ingreso a una etapa difícil de la vida. Todos
presentan, eso sí, un gran punto que los unifica: sus ávidos
deseos de encontrar la compañía ideal para sus almas. A su
alrededor, otros personajes, también solitarios, establecen
algún vínculo con ellos. Un viejo bar de barrio, escenario de un
mundo de códigos bien propios del ciudadano de Buenos Aires,
pero seguramente no ajenos a los de cualquier café de cualquier
otra ciudad del mundo, sirve de excusa para darle marco a los
sucesos de la trama. Al estilo de la cinta de culto “Smoke”, de
Wayne Wang, el punto de encuentro de este grupo de amigos, el
bar Garllington, es también casi el exclusivo epicentro de los
encuentros y desencuentros de cada uno de los personajes.
El film tiene una estructura
llana. La historia avanza de manera lineal, sin grandes
misterios. La cámara no trabaja ángulos innovadores, sólo está
allí, registrando de cerca lo que sucede.
Estéticamente no puede decirse que se haya realizado un trabajo
brillante. Pero la fuerza de la película no está en su
componente visual, sino más bien en la capacidad del realizador
de construir una atmósfera cálida,
en la que los personajes encuentran cierta libertad para exponer
algunas de sus penas, sus inquietudes, lo que les va pasando, y
con humor bastante negro tratan de desdramatizar la vida. La
muerte de un gran amigo del grupo es el punto de inflexión que
hace girar la historia en función de un sentido. Sin esa muerte,
probablemente la película no habría tenido razón de ser. Y pese
a que, una vez que sucede, la intención es alejarse de la
tendencia a registrar el dolor explícito, esa defunción marcará
cada uno de los acontecimientos posteriores en la trama.
“Buenos Aires es como una
mina complicada. Si no la tenés, sentís que te falta. No podés
vivir sin ella. Si la tenés, a veces la querés tirar por la
ventana”. Las charlas en el bar, entre los hombres del grupo,
giran siempre en torno a mujeres. Cómo conquistarlas, cómo
amarlas, cómo entenderlas. En un tono algo machista y pícaro,
como el porteño, los pasajes en los que se
relatan o se muestran aventuras, que son amores, son los más
divertidos del film.
Gaffet, tanto antes como después de la muerte que sirve de punto
de quiebre en la trama, utiliza el humor como una herramienta
casi filosófica. Tal vez para motorizar esa intención, el
director tenga que hacer un recorte de los temas que se ponen
sobre la mesa, eligiendo solamente los pertinentes al rumbo que
desea para su historia, y dejando de lado otros que podrían
haber sido pertinentes para la composición de los personajes. A
través del humor, entonces, y casi especialmente para referirse
a la muerte, se pretende levantar casi una apología de este
recurso particular del hombre para liberar su dolor, hasta
tratar de reírse de él, y poder así continuar con la vida de
cada día.
También el amor ocupa un
lugar preponderante en la trama. Al contrario de varias
películas argentinas de los últimos años, que pretendían hablar
de Buenos Aires a través de sus crisis sociales, políticas,
económicas, o mediante el registro a modo de denuncia del mundo
marginal, Gaffet elige suavizar con sustancia. Habla de Buenos
Aires con el tango, con los códigos de conquista y seducción,
con los códigos de amistad. En definitiva, el director opta por
hablar del amor. Amor sin exageraciones, no como salvación pero
sí como receta, casi en voz baja, pero perfectamente audible.
Con la ciudad en celo del título como eje, el director pinta una
Buenos Aires repleta de personas que no encuentran a quien amar.
Siempre sostenido en una
estructura liviana de forma, basada en el humor, el film se
torna ágil y entretenido. Y sin ninguna intención de convertirse
en un manual de autoayuda, sino que de manera sutil e
inteligente propone una mirada honesta –tal vez algo
simplificada– que merece ser escuchada. Pero es básicamente por
el excelente aporte de los actores que toda esta apuesta llega a
un buen puerto. En el marco de una historia de tono casi
teatral, donde las imágenes, si bien tienen entidad propia,
sirven más que nada para complementar la fuerza de aquello que
los personajes dicen y sienten, la presencia de
Daniel Kuzniecka,
Adrián Navarro,
Dolores Solá y
Claudio Rissi
en los roles protagónicos, a quienes debe sumarse la excelente
participación de Julia
Calvo, es
fundamental para dotar a la trama de la coherencia y
verosimilitud que necesita un film de este tipo. Porque por más
que la propuesta intente ser sencilla y transparente, sin
actores que se desempeñen con naturalidad y fluidez sería
imposible lograrlo.
Calificación:
    
Imágenes
de "Ciudad en celo" - Copyright © 2006 Cruz
del Sur Zona
Audiovisual, Haddock Films y Tornasol Films. Distribuida en
España por Alta Films. Todos los derechos
reservados.
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