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DÉJÀ VU


Dirección: Tony Scott.
País:
USA.
Año: 2006.
Duración: 128 min.
Género: Thriller, acción.
Interpretación: Denzel Washington (Doug Carlin), Val Kilmer (Andrew Pryzwarra), Paula Patton (Claire Kuchever), Bruce Greenwood (Jack McCready), Adam Goldberg (Denny), Jim Caviezel (Carroll Oerstadt), Elden Henson (Gunnars), Erika Alexander (Shanti), Matt Craven (Larry Minuti).
Guión: Bill Marsilii y Terry Rossio.
Producción: Jerry Bruckheimer.
Música: Harry Gregson-Williams.
Fotografía:
Paul Cameron.
Montaje: Chris Lebenzon.
Diseño de producción: Chris Seagers.
Vestuario: Ellen Mirojnick.
Estreno en USA: 22 Noviembre 2006.
Estreno en España: 1 Diciembre 2006.

CRÍTICA por Almudena Muñoz Pérez

  Los déjà vu son una sensación de traslado a un hecho o diálogo que se ha vivido con anterioridad. Ese fenómeno, cualquiera que sea su origen, es terriblemente odiado por quien suscribe, lo mismo que la impresión de haber visto con anterioridad una película nueva. El blockbuster de Tony Scott que recoge el nombre de esta anomalía mental no necesita generar falsos déjà vu en el espectador a partir del montaje o la narración, pues ya posee en sí mismo una repetición real de los esquemas de un thriller al uso.

 

  Así que no se engañen si salen del cine sintiendo algo parecido al título. No ha sido provocado por la historia, cuya base parece a simple vista bastante original. Un atentado en un ferry se cobra la vida de más de quinientas personas y un policía sin seres queridos se implica tanto en su investigación que termina descubriendo un modernísimo sistema para ver el pasado en una dimensión paralela. Hasta mitad de metraje la película mantiene la virtud de moverse en un espacio reducido: la oficina de los policías que monitorizan ese tiempo pretérito mientras buscan pistas sobre la identidad del terrorista. La acción se multiplica a través de las pantallas que siguen a una mujer (Paula Patton), la única conexión entre asesino y masacre. Pero nadie debe cometer el error de olvidarse del sello Bruckheimer, aunque ya se hace patente en esa fotografía de colores secos y gélidos, zooms molestos y vibraciones de cámara, pues enseguida la cinta gira desde las pesquisas detectivescas a las carreras, las explosiones y los coches volando que tanto gustan al productor.

  Pero hay más aspectos que rompen el hechizo de toda historia narrada al revés: el enamoramiento que sufre el policía de Denzel Washington hacia la joven víctima, muerta en el presente, viva en el pasado, bebe de clásicos como “Laura” o “La mujer del cuadro” (ambas de 1944), en los que la persecución de un sueño irreal se trastocaba en un golpe doloroso con la realidad. Bien, Tony Scott no es Preminger ni Fritz Lang, así que el tono pesimista acerca de la inmovilidad del tiempo, las decisiones y la llegada de la tragedia rompe su coherencia para caer en el obligado happy end. Sin embargo, desde el comienzo estamos avisados: una oleada de marines de permiso suben al ferry que poco después estallará en mil pedazos, y el director se encarga de mostrárnoslos con sus familias de niños rubios y sonrisas gigantes, con esos ralentíes y primeros planos que nos obligan a aceptar que la América feliz nunca podrá ser destruida.

  La sombra de las Torres Gemelas es más obvia que alargada, pues bajo todo filme de tema terrorista, aunque sea una excusa argumental como en “Déjà vu”, laten lecturas de carácter político. Se nota que Bruckheimer no desea meterse en tales trigales, por lo que aparca la idea de que el 11-S, como la explosión del ferry, supuso una ruptura de la falsa felicidad y las fiestas propias de Estados Unidos. Tanto el atentado como las imágenes posteriores de estética televisiva y documental que muestran los equipos de socorro, los policías y los familiares llorosos, no pretenden recuperar el dolor de los dramas que han marcado a fuego al país, sino que se utilizan como pretexto para transmitir al público el dolor y el deseo de linchar al culpable. Precisamente en él, el terrorista interpretado por un fugaz Jim Caviezel, reposa el discurso políticamente incorrecto de la historia: el traslado de la culpa hacia la propia América, hacia un patriotismo exacerbado que, bajo forma de guerras preventivas, supone el mayor peligro para el mundo. “Yo estoy aquí para ganar”, dice este desaprovechado personaje, quien habla del coste de la libertad en términos bélicos y que, con el trazo grueso de estas producciones, termina convirtiéndose en un estereotipo demente que hay que exterminar.

  Los intereses de “Déjà vu” se alejan enseguida de ese territorio. Es mucho más fácil centrarse en la acción, por fortuna condensada, en la tecnología ininteligible y fantasiosa y en la historia de amor –de curiosa perspectiva: nutrida del pasado para proyectarse en un futuro imposible–. La máquina del tiempo que han descubierto por casualidad los policías que investigan el caso se asienta también en referentes previos: el sistema de "Minority report" (2002) para evitar el crimen, o los bucles temporales en los que caía el protagonista de "El efecto mariposa" (2004), y que dejaban patente, como en este largometraje, que el pasado nunca puede sufrir cambios. Y añadiría, aunque la relación es descarada, que el casco para ver cómo era un lugar tiempo atrás recuerda a la tv-movie de Álex de la Iglesia “La habitación del niño”. La verdad es que, puestos a aceptar que Scott sólo quiera entretenernos con una fantasía policíaca, la aparición del tema central y la dichosa máquina se retrasa demasiado para hacer del último tramo un viaje trepidante. Mientras, sólo nos queda ponernos del lado de ese policía de expresión alelada –aunque su carrera no sea mala, Denzel Washington debería cambiar de registro–, de un Val Kilmer gordísimo –¿de verdad lo exigía el papel?– y de ese eterno rostro secundario, el de Adam Goldberg, que despierta el auténtico déjà vu de toda la película. Con tales datos, los fans de Bruckheimer y el Scott más moderado –olviden los excesos de "Domino"– se sentirán satisfechos, y el resto…, pues tenemos para un rato llanamente entretenido y libre de los tejemanejes psicológicos que podía anunciar su título.

Calificación:


Imágenes de "Déjà vu" - Copyright © 2006 Touchstone Pictures, Jerry Bruckheimer Films y Scott Free Productions. Distribuida en España por Buena Vista International Spain. Todos los derechos reservados.

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