CRÍTICA
por
Manuel Márquez
De que
Daniel Burman
es eso que podríamos denominar como un director “festivalero”,
creo que cabe poca duda, vista la excelente acogida de sus
últimos filmes en muy numerosos y diversos festivales –incluso
de primerísimo nivel, como es el caso del de Berlín–. Si alguien
se plantea algún interrogante acerca de cuáles pueden ser los
motivos de tal circunstancia, le bastará con echarle una mirada
a su última entrega, "Derecho de familia", para cerciorarse de
que Burman manufactura un producto cuyos ingredientes y
preparación son del sumo gusto de la crítica cinéfila (que es la
que suele marcar la pauta canónica en ese tipo de eventos).
De
todos modos, no pretendo con el comentario anterior verter un
apunte negativo sobre este sencillo, simpático y agradable
film argentino. La peripecia vital –o, más bien, las
interminables reflexiones al hilo de la misma– de Perelman
Hache (tomo prestada al señor Aristarain la “denominación de
origen”...), un joven doctorado en abogacía que se dedica a la
docencia, y que se encuentra, en un corto periodo de tiempo,
ante un cúmulo de fronteras existenciales de esas que nos
enfrentan a las “grandes cuestiones” (el amor, la vida y la
muerte) –y de las que omitiré detalles por rigurosa “cortesía
crítica”–, está contada por Daniel Burman de una manera que
consigue que su interés trascienda más allá de ese que cabría
calificar como su “público natural”, es decir, aquel que puede
sentirse más concernido por la identificación con las
circunstancias vitales (edad, sexo, situación laboral y
familiar, especialmente) del protagonista, hasta hacerla
atractiva para un público muchísimo más amplio.
Contada,
por cierto, y nunca mejor dicho, porque esta película, en la que
las imágenes están servidas con pulcritud carente del más mínimo
barroquismo, si con algo cuenta –y en cantidades industriales–
es con texto; un texto no tanto dialogado, como “monologado”,
dado que son esas reflexiones que el doctor Perelman (hijo) nos
va trasladando, incansablemente (cual héroe “röhmeriano”...), a
lo largo de todo el metraje, las que constituyen su armazón
fundamental, el pivote sobre el que se sustenta la historia. Más
bien, digamos que “son” la historia. Y son una
historia que no aburre, ni cansa, ni exaspera, porque su
narración es fluida, porque su soporte en imágenes está trazado
con precisión, y porque, además y por encima de todo, se trata
de un texto ingenioso, divertido, y no por ello carente de un
contenido sustancioso.
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Tampoco es circunstancia nada desdeñable a la hora de
enjuiciar la película la valoración que cabe hacer del
trabajo de su protagonista. Al fin y al cabo, toda ella
gira alrededor de él; es su vida la que se nos cuenta, y
todos los personajes se definen en función de su relación
con el suyo –su padre, Perelman, un abogado especializado
en ese derecho que da título al film; su novia, que
acabará convirtiéndose en su esposa; y su hijo de dos años
(interpretado por el propio hijo del director)–. Y de tal
empeño sale no sólo indemne, sino con buena nota, el alter
ego del realizador, su compañero de batallas previas (y,
previsiblemente, futuras),
Daniel Hendler:
hay que agradecerle a Burman que no juegue a ser Nani
Moretti, y, cediendo a previsibles tentaciones ególatras
(que no hubieran resultado descartables, dado el fuerte
componente autobiográfico del material narrativo con que
juega), ceda el testigo de la interpretación a alguien muy
capacitado para tales menesteres, como es este joven y
buen actor, que lo demuestra con una
actuación muy, muy convincente, en un papel nada fácil,
dadas las peculiaridades (o rarezas, o excentricidades:
elijan ustedes el adjetivo) de un personaje, cuyo perfil,
por otro lado (introversión, inexpresividad), requiere
afinar mucho en los matices
para no convertir la
cinta en un peñazo infumable (aun así, habrá a quien se lo
parezca, pero eso es entrar ya en especulaciones sobre
gustos, siempre tan volátiles, tan personales).
En suma, se puede concluir que este "Derecho de familia" resulta
un producto cinematográfico bastante solvente, y un ejercicio de
narración fílmica muy bien resuelto, pese a la complejidad de
sus premisas, por su autor, Daniel Burman, un hombre que
consolida cada día más, paso a paso, una carrera que ya es,
ciertamente, muy consistente. No era un empeño fácil; baste,
para apreciarlo, hacer un rápido repaso mental de los mil y un
títulos que, con precedentes y pretensiones similares,
terminaron convirtiéndose en petardos estallados en las manos de
sus pirotécnicos creadores: su relación ocuparía una extensión
bastante más amplia que la de esta reseña que se cierra, justo,
aquí. O no. Disfrútenla, si tienen ocasión. Y ahora sí. Punto y
final.
Calificación:
    
Imágenes
de "Derecho de familia" - Copyright © 2006
BDCine, Wanda Visión, Classic y Paradis Films. Distribuida en
España por Nirvana Films. Todos los derechos
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