CRÍTICA
por
Miguel Á. Delgado
Hay algo tan
fuera de lo corriente, un órdago tan valiente en “La fuente de
la vida”, el proyecto que tuvo ocupado al ex niño prodigio
Darren Aronofsky los últimos
ocho años, que inevitablemente predispone a su favor a la hora
de valorar sus resultados. Porque un proyecto tan
arrebatadoramente romántico, tan deseoso de crear una sinfonía
donde hasta ahora sólo había levantado convulsos y nerviosos
cuadros, es imposible evitar que se deslice por un campo de
minas, y sólo los verdaderamente grandes consiguen que ninguna
les explote por el camino.
Aronofsky no sale totalmente indemne
del empeño: a esta saga entrelazada en tres momentos
temporales (una improbable España del siglo XVI, nuestros días
y un posible y alejadísimo ¿futuro?), y con el mito del Árbol
de la Vida que nos preservará del castigo divino de ver cómo
nosotros y los que queremos habrán de morir, como eje central,
le acechan una serie de peligros, como es el de una
trascendencia a veces demasiado explícita y evidente, con
algún momento cercano al ridículo y algún exceso visual que
evapora, como lo puede hacer una estrella al explotar, el
potencial sugerente de sus propuestas.
Y, sin embargo, lo poderoso de la
imaginería de Aronofsky nos retiene más que nos aleja, nos
fascina y, sobre todo, levanta sus mejores momentos en la
historia de amor contemporánea de los sobresalientes
Hugh Jackman y
Rachel Weisz, en el hipnotizante acierto visual de
esa esfera celestial sumergida en el seno de una nebulosa con el
Árbol y un Jackman futurista en su interior, en la soberbia
banda sonora de un Clint Mansell
que firma su mejor partitura para Aronofsky, superior
incluso a su ya excelente trabajo en
"Réquiem por un sueño", en una construcción musical que
no duda en utilizar la repetición de planos y secuencias
parecidas para crear un orden en su interior, una cadencia que
acaba impregnando aunque, en algún momento, algo de ruido visual
o conceptual interfiera en nuestra recepción de la obra.
No es “La fuente de la vida” una película
fácil de ver ni de resumir, porque se aleja de casi cualquier
componenda comercial o de entretenimiento. Tampoco, en el fondo
(y me temo que a pesar de los intentos de su director), es una
película para reflexionar, porque sospecho que en este terreno
contiene bastante menos de lo que podría parecer. Pero sí que es
una película para dejarse llevar por ella, por su poderoso
aparato visual que funde en una misma paleta apagada, y con un
pie en el misterio, una recreación de una estancia de la
Alhambra, un laboratorio de investigación oscuro como un templo
que guarde los misterios, por la belleza de Rachel Weisz y la
obstinada determinación de Hugh Jackman, por la inquietud de sus
creaciones visuales (atención a la escena junto al Árbol, en
Guatemala), de esta fábula sobre cómo el amor se ve enfrentado a
la muerte.
Ante ello,
¿importa de verdad que por momentos Jackman nos recuerde a un
buda barato de todo a cien, o que la necesidad de dar un sentido
último a la obra destruya la magia de instantes como el del
templo maya? Ahí ya entra la decisión última del espectador;
creo que, como se puede leer hasta aquí, para quien esto firma,
no; lo que no quiere decir que ojalá el bueno de Darren (que
habrá que ver si no ha firmado el finiquito de su carrera como
director con esta película, al menos ante la industria) no
hubiera hecho mejor en ahorrárnoslo y buscar otra solución. Pero
ahí queda la valentía, la belleza, los aciertos y los errores de
una propuesta atípica.
Calificación:
    
Imágenes
de "La fuente de la vida" - Copyright © 2006
Regency Enterprises, Warner Bros. Pictures, Protozoa Pictures y New Regency Pictures.
Distribuida en España por Hispano Foxfilm. Todos los derechos
reservados.
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