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BANDERAS DE NUESTROS PADRES
(Flags of our fathers)


Dirección: Clint Eastwood.
País:
USA.
Año: 2006.
Duración: 132 min.
Género: Drama, bélico.
Interpretación: Ryan Phillippe (John 'Doc' Bradley), Jesse Bradford (Rene Gagnon), Adam Beach (Ira Hayes), Barry Pepper (Mike Strank), John Benjamin Hickey (Keyes Beech), John Slattery (Bud Gerber), Paul Walker (Hank Hansen), Jamie Bell (Ralph Ignatowski), Robert Patrick (coronel Chandler Johnson), Neal McDonough (capitán Severance), Melanie Lynskey (Pauline Harnois).
Guión: William Broyles Jr. y Paul Haggis; basado en el libro de James Bradley y Ron Powers.
Producción: Clint Eastwood, Steven Spielberg y Robert Lorenz.
Música: Clint Eastwood.
Fotografía:
Tom Stern.
Montaje: Joel Cox.
Diseño de producción: Henry Bumstead.
Vestuario: Deborah Hopper.
Estreno en USA: 20 Octubre 2006.
Estreno en España: 3 Enero 2007.

CRÍTICA por Julio Rodríguez Chico

Representaciones de una guerra

  La maestría de Clint Eastwood en labores de dirección se ha afianzado en los últimos años con películas como "Mystic river" o "Million dollar baby", historias de fuerte carga dramática y precisa narrativa, donde lograba bucear en el interior de unos personajes amargados por la culpa y con necesidad de redención. Ahora sigue centrando su atención en el individuo concreto, pero éste aparece inmerso en un proceso socio-político que le ahoga hasta ocultarle por completo. Su última propuesta arranca con el desembarco y conquista de la isla japonesa de Iowa Jima al final de la 2ª Guerra Mundial, así como con lo acontecido en torno a la mítica fotografía en que unos marines izaban la bandera estadounidense en el monte Suribachi.

 

  En esta matizada aproximación, no propiamente pacifista ni patriótica, asistimos a un análisis sobre la ficticia construcción del héroe, algo necesario en una sociedad que atravesaba momentos de guerra donde se precisaba esperanza y también fondos para llevarla a término. Eastwood dirige su mirada hacia toda la maquinaria de propaganda que entonces se puso en funcionamiento buscando una implicación social y financiera en la empresa, incluso a costa de la verdad –sabremos que fueron dos las banderas levantadas, y que los verdaderos héroes eran los caídos–, y pasando por encima de los sentimientos de unos jóvenes inexpertos a los que se empujaba a construir su vida sobre la mentira, utilizados para la causa, para ser luego abandonados a su suerte: es el drama de unos veteranos con pesadillas post-bélicas que recuerda al recogido por William Wyler en “Los mejores años de nuestra vida”, donde también se abordaba la difícil vuelta a la vida civil de otros tres héroes de guerra.

  El director de “Sin perdón” se empeña, desde el inicio, en mostrar y defender una tesis, y lo hace de manera reiterada y machacona, con un guión que huye de estereotipos –aunque ceda ante algún tópico racista–, que recurre a frecuentes flash-back y flash-forward para enfrentar y contrastar la realidad de los hechos con la ficción ofrecida según intereses políticos. Por eso, articula la historia en tres niveles de realidad que va presentando con imágenes tratadas según diversos discursos, estilo fotográfico, planificación y puesta en escena. Por un lado, a modo de documental, el hijo de uno de los héroes aborda una investigación sobre lo sucedido en aquellos momentos de 1945, con entrevistas a los supervivientes y recuerdos de su padre, en lo que pretende ser la narración más veraz y desdramatizada de lo sucedido. Por su parte, otro plano de representación atiende a los momentos “reales” de preparación y desarrollo de la batalla, con un estilo hiperreralista de crudas y violentas imágenes de guerra, con errores de estrategia y acciones salvajes incluidas, todo recogido por una cámara nerviosa, elaborado en un montaje rápido y con una fotografía filtrada en blanco y negro: son los instantes de un desembarco que recuerda al de Steven Spielberg –aquí productor– en "Salvar al soldado Ryan", y que constituyen un alarde técnico de rodaje y montaje. En tercer lugar, la necesidad de recaudar fondos para terminar la guerra propicia que el Estado Mayor decida hacer su propia “puesta en escena” de la toma del peñón, con unos héroes a los que pasea por el país siendo vitoreados y fotografiados, entre discursos y flashes: es el puro espectáculo lleno de una fatua parafernalia que Eastwood alterna con imágenes del intenso bombardeo y de las sangrientas muertes de Iwo Jima. Así, a fuerza de repetición y contraste, el director incide en cómo la leyenda enterró y ocultó la realidad –como Ford hiciera en “El hombre que mató a Liberty Valance” con el dúo Doniphon-Ransom–, y cómo los medios de comunicación estatales crearon su propia historia y levantaron sus interesadas banderas.

  Pero es precisamente esa eficaz estructura narrativa lo que priva a la cinta de la necesaria fuerza dramática, hasta convertir las distintas secuencias –de guerra o de campaña propagandística– en algo cansino y reincidente, con unas escenas duras y otras envueltas en el artificio del auto-bombo –todas bien rodadas y fotografiadas, pero poco humanas–, que dejan al espectador distante en su butaca, sin el clímax de sus anteriores producciones y sin personajes que provoquen empatía ni conmuevan, ni siquiera en la escena del encuentro con las madres de los soldados muertos, tratadas con respeto pero en tono dulzón y hueco. Así, aunque Eastwood pretende homenajear al hombre que hay detrás del héroe fabricado, parece que aquí los personajes han sido sepultados por un andamiaje demasiado pesado que les impide respirar y coger altura.

  A la espera de que se estrene "Cartas desde Iwo Jima" –la otra película del director sobre la misma batalla, pero desde la óptica japonesa–, nos quedamos con el magnífico tratamiento fotográfico y planificación para cada una de las secuencias de esta triple representación de una guerra en que los supervivientes lucharon como falsos héroes ensalzados y murieron como auténticos hombres anónimos.

Calificación:


Imágenes de "Banderas de nuestros padres" - Copyright © 2006 Warner Bros. Pictures, DreamWorks, Malpaso y Amblin Entertainment. Distribuida en España por Warner Bros. Pictures International de España. Todos los derechos reservados.

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