CRÍTICA
por
Miguel Á. Delgado
Que una bomba
tan subversiva como “Borat” haya sido no ya filmada, sino
estrenada con impresionante éxito en Estados Unidos y lanzada en
nuestro país con un gran apoyo publicitario, sólo puede ser
calificado como extraordinario. Porque se trata de uno de los
productos más críticos, contundentes y demoledores que nos hayan
llegado en años, y su carga corrosiva reduce los libelos de
Michael Moore a los niveles de inofensivas pedorretas.
“Borat”
pasará, sin lugar a dudas, a la no tan larga lista de humor
irreverente encabezada por los Monty Python. Y ello porque, bajo
un envoltorio desastrado y de brocha gorda (de tan escatológicos
que son algunos de sus momentos, acaban siendo francamente
hirientes para la vista y el gusto), se esconde una explosión
que es todo menos controlada, un documento que acaba sacando al
exterior las miserias internas del país líder mundial.
Y lo mejor de
la jugada es que el cómico británico
Sacha Baron Cohen lo consigue a través de una
estrategia que sólo puede ser calificada de diabólicamente
genial: tomando la apariencia y la identidad de un reportero de
Kazajistán que incorpora todos los tópicos del país
subdesarrollado, inculto, bestial y ajeno a cualquier influencia
civilizadora, su recorrido de Este a Oeste a través de los
Estados Unidos, con paradas en algunos de los centros donde
reside el poder y la esencia del país (Nueva York, Washington,
el Medio Oeste, el llamado cinturón de la Biblia, Dallas, Los
Ángeles…), terminará sacando a la luz las profundas
contradicciones de quienes se señalan a sí mismos como faro de
democracia, libertad y predilección divina.
Película
para no todos los públicos (habrá espectadores que,
inevitablemente, se estrellen contra una estética y un sentido
del humor deliberadamente feístas y por momentos profundamente
desagradables), la impresión que uno se lleva cuando se
encienden las luces, mientras suena en los altavoces el apócrifo
himno de Kazajistán, es por un lado la de haber asistido a un
ejercicio de riesgo, en el que uno no sabe si el protagonista
acabará linchado (especialmente angustiosas son las secuencias
del rodeo y la de la increíble reunión evangélica) y, por otro,
una cierta sensación de escalofrío al percatarnos de qué
material está hecha la conciencia profunda que dicta muchas de
las acciones de la potencia que rige los destinos del mundo.
Si los
antiguos bufones eran los únicos autorizados para reírse de los
monarcas, Borat lleva su carga vitriólica a todos los
estamentos: no sólo saca al aire las vergüenzas y
contradicciones de los poderosos, sino que ataca con saña las
contradicciones a las que puede llevar lo políticamente correcto,
en un sistema que dice proteger a las minorías pero en el que
uno puede preguntar en una tienda cuál es el mejor arma para
matar a un judío, y que el dependiente conteste, sin alterar
mínimamente el rostro, que lo que él recomienda es o bien una 9
mm. o un 45. Un huracán del que no se salvarán tampoco las
minorías y los lobbys: gays, negros, judíos, sociedades
gastronómicas de gente de clase alta, estrellas como Pamela
Anderson… todas sus contradicciones acabarán surgiendo y se nos
terminará mostrando el mapa de un país fragmentado, temeroso y
odioso de la diferencia.
Un material
así es tan difícil de manejar como cualquier explosivo altamente
inestable, y de hecho hay momentos en los que los responsables
de la cinta parecen a punto de perder el control (¿de verdad era
necesaria una secuencia como la de la pelea en el hotel, que
nada aporta al conjunto del film?), pero, a cambio, en la
vorágine, aparecen momentos de lucidez que apuntalan el sentido
último del largometraje, como la deferencia casi rayana en la
ternura con la que está tratado un personaje tan vulnerable como
el de la prostituta: no son los débiles el objetivo de la farsa.
Como siempre
ha ocurrido con una propuesta de estas características, muchos
aclamaremos “Borat”, mientras que otros la repudiarán con todas
sus fuerzas. Otro recibimiento sería un fracaso para una obra
que tiene su razón de ser en la polémica y la controversia.
Pero la duda que asalta es: ¿sería posible que se hiciese una
película así en un país como el nuestro? Francamente, lo dudo
mucho; y eso que nos tenemos por mucho más liberales que los
sufridores de las bromas de Mr. Cohen.
Calificación:
    
Imágenes
de "Borat: El segundo mejor reportero del glorioso país
Kazajistán viaja a América" - Copyright © 2006 Four By Two, One America
y Everyman Pictures.
Distribuida en España por Hispano Foxfilm. Todos los derechos
reservados.
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