CÓMO SE HIZO "BORRACHERA
DE PODER"
Notas de producción ©
2006
Wanda
Visión
Entrevista a Claude Chabrol
Abre la película con esta
advertencia: "como se suele decir, cualquier similitud con
personajes reales es totalmente fortuita..." Es una buena burla
contra la realidad en la que se inspira la película...
Lo he hecho sobre todo para decirle al espectador
que debe dejarse llevar por los posibles parecidos, pero sin
buscarlos. De hecho, nos las hemos arreglado para no nombrar a
ninguna persona que exista en la realidad. ¡Así que se trata de
un universo totalmente ficticio! Sin embargo, y a pesar de que
hay personas bien definidas por la realidad de la historia, la
película da a entender que entre los que detentan el poder
también hay algunas personas a los que se podría llamar canallas
y que habría que aplicar agua a presión para que
desaparecieran...
Cuando decidí hacer esta película, empecé enumerando una lista
de trampas en las que no debía caer y por encima de todo la de
la identificación inmediata y la del imaginario absoluto. Porque
resultaba evidente que si la película no tenía ninguna relación
con la realidad, no iba a resultar interesante. En realidad, lo
que me interesaba era probar la verosimilitud de los
acontecimientos que se relatan comparándolos con una realidad
familiar.
En Francia se hacen muy pocas
películas sobre escándalos político-financieros.
En los años 70 se hicieron trabajos de denuncia,
como por ejemplo las cintas de Yves Boisset. Pero en mi caso, no
he querido denunciar acontecimientos que todos conocemos, sino
más bien mostrar cuáles pueden ser las repercusiones en el
espíritu humano de un poder, sea el que sea, y hasta dónde puede
arrastrar a los individuos.
¿Qué tipo de
investigaciones ha realizado?
He leído recortes de prensa y obras publicadas en
la época en la que se produjo este escándalo. Pero en varias
ocasiones me encontré con artículos que ofrecían versiones
contradictorias, así que tomaba la que más encajaba con las
necesidades del guión. En mi opinión, esto es lo que debe hacer
cualquier buen historiador, y es por esa razón que en historia
no existe una certidumbre completa.
Se nota cierta
inclinación por expresiones que a pesar de todo no resultan
literarias.
Sí, es cierto. He intentado evitar las expresiones
literarias, sin por ello evita la jerga política. Hay sobre todo
una frase de la que estoy especialmente orgulloso, cuando el
senador Descarts declara con deleite: "¡Los negracos están
cabreadísimos!". Es la típica frase de político.
Pasa usted de
un reto colectivo a un reto intimista, con una fluidez
desconcertante.
Para mí era fundamental. Es cierto que cada vez me
gusta más la fluidez, sobre todo porque ya casi no la encuentro
en el cine. En la actualidad hay un gusto por el staccato que me
molesta mucho porque los directores de cine suelen confundirlo
con el ritmo.
Pero es necesario añadir que la estructura del guión me ha
ayudado mucho ya que nos obligaba a cambiar de escenario muy a
menudo:. se pasa del general -en las dependencias del Palacio de
Justicia- al íntimo en las casas particulares. Esa oposición
termina por convertirse en algo casi esquizofrénico: por una
parte está la vida íntima y por la otra la expresión del poder.
Ambas traducen los enfrentamientos que se producen en el
despacho de la juez. Y por esa razón, en la esfera privada los
personajes están juntos, mientras que he reservado los campos y
los contracampos a las escenas que ocurren en los despachos.
BORRACHERA DE
PODER es una obra más conductista que psicológica.
Totalmente, incluso si la película puede dar a
entender lo contrario. Creo que esa idea se debe a que he leído
más literatura conductista que análisis psicológicos: sobre todo
en lo que se refiere a la literatura anglosajona, pero también
la de Proust, que tampoco creo que sea muy psicológica...
Da la
impresión de que evita emitir cualquier juicio moral en relación
con el escándalo. Se muestra mucho más duro con las relaciones
entre clases sociales...
Es el principio del "jefecillo": cualquiera puede
ser el jefecillo de alguien. Lo que me interesaba en la posición
del juez de instrucción, es que -en teoría- es quién tiene todo
el poder, mientras que en realidad, el único poder que tiene es
el que le dan. Y esa realidad es cierta en todos los ámbitos: el
conjunto de los personajes están borrachos de poder, aunque eso
no se distinga a primera vista. En cuanto se pone en cuestión su
poder, se convierten en marionetas que no saben qué hacer. Por
ejemplo, cuando Jeanne le dice al presidente del tribunal
"¡Cómprese un par de cojones!", está totalmente desconcertado
porque eso no forma parte de las reglas del juego.
La
construcción recuerda a una estructura teatral: las vistas
constituyen la escena en la que se desarrolla la acción, y los
tratos entre los políticos y los especuladores, el núcleo que
comenta esa acción...
Hace tiempo que le doy vueltas a la idea del
comentario de la acción. Ya lo intenté en Inocentes con manos
sucias (1975): eran dos polis que seguían los acontecimientos,
pero que siempre cogían el siguiente metro... Llegaban a
conclusiones basándose en lo que acababa de pasar, ¡sin
sospechar nunca lo que iba a pasar! Ocurre algo parecido en
BORRACHERA DE PODER: se produce un desfase continuo entre lo que
provocan los políticos y la acción en la que Jeanne se ve
inmersa. ¡Me encanta!
Es cierto que
al principio sentimos más simpatía hacia la juez. Pero poco a
poco, Jeanne nos parece una especie de Robespierre con faldas,
mientras que sentimos compasión por Humeau ...
Por supuesto el título de la película también se
puede aplicar a : persigue un ideal de justicia, pero el poder
que encarna la embriaga. Llega a decir con enorme satisfacción
que un juez de instrucción es el personaje más poderoso de
Francia. Por el contrario, quería que Humeau resultara bastante
patético, sobre todo cuando le descubren inmovilizado en el
sillón del hospital... Para mí, la situación ideal es que al
final de la película, ambos personajes se apiaden el uno del
otro. Es en ese momento cuando comprende la inanidad de todo el
escándalo, mientras que él lo comprende a la fuerza, a base de
encajar golpes. Se da cuenta de que el poder siempre está entre
bastidores y que siempre algún poder por encima del personaje,
por muy poderoso que sea...
Esta es la
séptima vez que dirige a Isabelle Huppert.
Lo cierto es que me hubiera resultado muy difícil
hacer la película sin ella. No creo que nadie más podría
encarnar esa especie de fragilidad fuerte que la caracteriza. Me
gusta ese estilo de "mujercita que se pelea", me emociona mucho.
Además, sabía que en ningún momento Isabelle intentaría defender
su causa ante el espectador, sino que estaría siempre
justificándose: se acepta al asumir el personaje sin hacer
trampas al espectador, y eso es muy difícil de encontrar en un
actor.
Sus gafas son
color malva y sus guantes son rojos como su bolso...
Isabelle quería que la película se titulase Los
Guantes Rojos. El mérito de ese título era recordar que cuando
se ejerce el poder en contra de los seres humanos, las manos se
vuelven rojas...
Philippe
(Robin Renucci) es un personaje muy complejo. Se podría decir
que Jeanne revuelve el fango, mientras que él lo cuida...
¡Por supuesto! Es plenamente consciente de que no
es malo rebuscar entre el cieno, pero también que no basta... Es
un personaje que se muestra totalmente desesperado a lo largo de
la película: no logra recuperar a su mujer porque ella tiene
cierto poder, mientras que él tiene que hacer concesiones.
Además, se ha casado mal ya que Jeanne es la "hija de la
portera", mientras que él proviene de un ambiente burgués.
Félix (Thomas
Chabrol) encarna una especie de conciencia y un hipotético
amante para Jeanne...
Como indica su nombre, Félix es un hombre feliz.
Es feliz porque no le preocupa nada y no le interesa la ambición
en un ambiente totalmente opuesto. Es un personaje que se parece
un poco a Thomas. Y esa peculiaridad es lo que atrae a Jeanne.
Por el contrario, él sólo siente afecto por ella y le gustaría
ayudarla de verdad. Me gusta mucho ese tipo de relaciones
ambiguas que no son sexuales, pero que tienen algo de
misterioso.
Y contra todo
pronóstico, Jeanne y Erika (Maryline Canto) se entienden
maravillosamente bien...
¡Es porque son igual de altas! No bromeo. Estoy
convencido de que si una de ellas hubiera sido más alta que la
otra, se hubiera creado una relación de fuerza.
La relación
Jeanne / Sibaud (Patrick Bruel) es intrigante. Está basada en la
seducción, pero también en la traición...
Aunque parezca increíble, Sibaud pretende hacer de
ella una aliada que no le va a costar cara, y que va a poder
utilizarla para provocar la caída de Humeau: Patrick Bruel
interpreta magníficamente al macho seguro de sí mismo. Jeanne se
da cuenta de que la está cortejando, y en cierto sentido se
siente traicionada, como si le abandonara su amante... De ahí
viene su actitud bastante borde durante las pesquisas.
¿Por qué
escogió a François Berléand y a Jean-François Balmer?
En primer lugar, me pareció que tenían varios
punto sen común: no tienen superegos y no se toman demasiado en
serio. Además, ya había dirigido a Balmer, en Madame Bovary y en
No va más, pero nunca a Berléand. Y me di cuenta de que había
trabajado con todo el mundo, ¡salvo conmigo! Además, me gusta
mucho trabajar con actores con horizontes diferentes para luego
darme cuenta de que se conocen: como por ejemplo Berléand, que
conocía a Isabelle Huppert desde el principio de su carrera. Por
el contrario, siempre intento no trabajar con actores que no se
llevan bien porque eso puede ser un verdadero desastre para la
película. Por esa razón, debido a que no sabía la relación que
existía entre Berléand y Balmer, evité que rodaran juntos.
¡Después me di cuenta de que eran amigos del alma!
¿Cómo decidió
filmar las vistas, que no son escenas especialmente
cinematográficas?
Era imposible rodar careos de verdad porque casi
siempre había otro personaje -el secretario- dentro del plano.
Así que no se trataba de un enfrentamiento puro... Cuando la
cámara enfoca a Isabelle, la presencia del secretario se vuelve
invisible, mientras que cuando enfoca al interrogado, el
secretario está a veces dentro del campo y otras veces fuera:
decidí volver a meterlo dentro del campo cuando la persona a la
que se interroga se imagina que está ahí y por consiguiente no
se produce el principio del careo. Por supuesto, a la juez le
gustaría olvidarse de la presencia del secretario, pero eso es
imposible...
¿Qué
iluminación quiso para la película?
Junto con Eduardo Serra, el operador jefe,
quisimos que el espectador se diera cuenta si era de noche o de
día. Además, queríamos sobre todo que tuviese un papel
dominante. Así que nos decantamos por una iluminación natural.
¿Ha rodado en
escenarios naturales?
Sí, y lo cierto es que lo prefiero porque los
actores no interpretan de la misma forma en un estudio y en
escenarios naturales. Y si se quiere ser realista, es mejor
rodar en escenarios naturales... Realizamos algunas
investigaciones en el Palacio de Justicia para captar los
detalles que tienen importancia, como el hecho de que el juez de
instrucción -un personaje muy poderoso- no pasa por la escalera
principal sin por una escalera lateral, o también que el
despacho del juez no está muy limpio que digamos. También volvía
a ver Délits Flagrants (1994) de Depardon para no cometer
demasiados errores, e hice que la decana de los jueces de
instrucciones nos diera su visto bueno.
Entrevista a
Isabelle Huppert
Usted ha
interpretado para Claude Chabrol a personajes de pura ficción y
otros que existieron realmente. ¿Aborda los papeles de la misma
forma?
Sí, al menos de forma consciente. Aunque se trate de personajes fuertes
que existen en el imaginario colectivo como es el caso de Madame
Bovary, o de personajes totalmente inéditos como él de No va
más, uno se apropia enseguida de los papeles hasta el punto de
olvidar en qué están inspirados. Es la única forma de liberarse
de una representación impuesta en beneficio de una
representación imaginaria que aporta mucha más realidad al
"personaje".
Encarna a
un personaje con varias facetas.
Es lo que le hace interesante. Ella es la encargada de la conexión entre
la esfera pública y la esfera privada. Es a la vez magistrada,
mujer casada, amiga del joven sobrino y la película quiere
mostrar la forma en la que un escándalo de este tipo puede
afectar al comportamiento de los seres humanos no sólo en su
vida pública sino también en su vida privada y afectiva.
¿El guión
es tan elíptico como de costumbre?
Puede que un poco menos que el de La ceremonia y Gracias por le chocolate.
Pero leo mucho más fácilmente un guión básico que sólo ofrece un
esqueleto de la historia y que deja más espacio a la
imaginación. Cuando un guión es demasiado descriptivo y se
inclina hacia la literatura, no me inspira mucha confianza...
Jeanne
descubre un poco más tarde que no tiene tanto poder como creía.
Y este descubrimiento le duele aún más porque los suyos la abandonan. No
sólo se trata de que la máquina contra la que lucha se le
resista. La abandonan desde dentro y eso es aún más desgarrador.
No tanto por ella sino porque se ponen de manifiesto las
relaciones extraordinariamente perversas entre la política y la
justicia. De ahí viene su frase al final de la película: "¡Que
se busquen la vida!".
¿Cree
usted que Jeanne siente compasión por Humeau cuando le encuentra
en el hospital al final de la película?
En ese momento ya no hay nada en juego y le impresiona verlo tan
deteriorado. Sin embargo no se siente culpable: siente una
especie de compasión que no tiene que ver con lo que ha pasado
anteriormente entre ellos. Hay en ella una especie de
conformismo y de adaptación funcional a la situación que vive en
el momento en que la vive.
Sus
accesorios están muy estudiados: lleva un bolso y unos guantes
rojos y también gafas rosas...
Sus gafas, bastante originales, son un símbolo de autoafirmación y también
un toque de feminidad. A ella le gusta representar, a imagen de
la teatralidad que se produce en las vistas judiciales. Además,
es más fácil imaginarse a un juez bien vestido que a un poli: a
diferencia de un policía, el juez no necesita anonimato y se
puede permitir el lujo de llamar la atención. Puede mostrar los
signos de su poder y de sus certidumbres. Y además, cierta
elegancia da a Jeanne la seguridad que necesita ante los hombros
que desfilan ante ella.
¿Cómo ha
trabajado su relación con Sibaud?
Se deja seducir por él, pero se venga ferozmente de él cuando descubre que
más que manipuladora, ha sido manipulada. Cae ligeramente en el
hechizo de su seducción, y es una situación muy interesante en
el plano interpretativo. Era necesario transmitir que se trata
de sentimiento que ella no controla del todo, pero con él que
mantiene cierta distancia. Es como una pequeña brecha en el
edificio de sus convicciones.
La
relación entre Jeanne y Félix es bastante inquietante.
Félix encarna el polo opuesto de lo que ella representa. El disfruta con
el momento, mientras que ella disfruta con la acción. La postura
de Félix le confiere una capacidad de escuchar y comprender la
situación que puede suscitar en Jeanne la reflexión. Porque no
escucha de forma pasiva...
Siempre
se dice que Chabrol habla poco con los actores...
¡Es muy raro, nunca me había hablado tanto como en esta película! Estaba
especialmente acertado y me daba pequeñas indicaciones, algo que
no se había producido en rodajes anteriores. Estaba muy atento
al más mínimo detalle. Y la película es extremadamente tensa,
como un arco preparado para disparar una flecha.
Claude
Chabrol habla de la "fragilidad fuerte" que le caracteriza y que
no ha encontrado en ninguna otra actriz.
Intento huir de las caricaturas. Una actitud que potencia la
sobreactuación de un supuesto cliché social o profesional de un
personaje es un verdadero desastre... Nadie está totalmente
identificado con su función: detrás de un poli o un juez,
siempre hay un ser humano que no se parece en nada a la idea que
nos hacemos del personaje. Lo que le me interesa, es mezclar
constantemente la fuerza con la fragilidad. Cuando Jeanne está
en la vista, donde se supone que tiene que encarnar el poder,
intento no interpretar al personaje como si se tratara de un
bloque. Quería que se notase lo que ocurre más allá del
interrogatorio: existe una materia humana y inconsciente que se
teje fuera del discurso y de la posición de todas las personas.
Chabrol
también afirma que usted no intenta justificarse ante el
espectador, sino que asume su personaje sin hacerle trampas al
espectador...
Eso es algo que comparto con él. No creo que sea necesario limar las
asperezas. En las heroínas de Chabrol siempre hay un pequeño
fondo de maldad y de dureza que no hay que rechazar porque sus
películas se basan de forma sistemática en el mismo mecanismo:
sumerge a un personaje femenino en un universo hostil. Lo que
también ocurre en BORRACHERA DE PODER ya que la protagonista se
comporta como una caja de resonancia del mundo que la rodea.
Ella lucha, sobrevive con la misma violencia que combate. Y muy
a menudo sin éxito. No hay cinismo en el cine de Chabrol. Es un
humanista.
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