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Dirección: George Miller.
Países: Australia y USA.
Año:
2006.
Duración: 108 min.
Género:
Animación,
comedia, aventuras.
Doblaje original: Elijah Wood (Mumble),
Robin Williams (Ramon/Lovelace), Brittany Murphy (Gloria), Hugh Jackman
(Memphis), Nicole Kidman (Norma Jean), Hugo Weaving (Noah el
Viejo), Anthony LaPaglia (Alpha Skua), Miriam Margolyes (Sra.
Astrakhan), Magda Szubanski (Srta. Viola), Carlos Alazraqui
(Nestor), Johnny Sanchez III (Lombardo), Jeff Garcia (Rinaldo),
Lombardo Boyar (Raul).
Guión: George Miller, John
Collee, Judy Morris y Warren Coleman.
Producción: Doug Mitchell, Bill
Miller y George Miller.
Música: John Powell.
Diseño de producción: Mark Sexton.
Dirección artística:
Simon Whiteley.
Estreno en España: 5 Diciembre 2006. |
CRÍTICA
por
Miguel A. Delgado
Curioso el caso de
George Miller:
después de alcanzar el éxito como director, gracias sobre todo a
la saga de Mad Max, ha sabido sobrevivir a muchos de sus
compañeros de generación gracias a su olfato para descubrir el
filón que se avecinaba con las tecnologías por ordenador, como
demostró en la en su momento innovadora (y en muchos aspectos
aún insuperada) “Babe, el cerdito valiente”, quedando así
patente que las nuevas herramientas, aplicadas a la imagen real
y con un guión de hierro, podían llevar las posibilidades de la
fábula cinematográfica hasta extremos insospechados.
Por
ello, no es de extrañar que su nueva propuesta, “Happy feet:
Rompiendo el hielo”, despertara una enorme expectación por
cuanto todo hacía presagiar un paso adelante y la respuesta a
una intrigante pregunta: más de diez años después de las
aventuras del pequeño cerdito, ¿qué sería capaz de aportar
ahora el bueno de Miller? Por desgracia, el decepcionante
resultado muestra que más bien poco.
De todas
formas, entendámonos: “Happy feet: Rompiendo el hielo” es un
abrumador despliegue de tecnología, un prodigio de animación en
la que las posibilidades estéticas y de plasmación de imágenes
imposibles ha roto un nuevo techo (sí, sí, ya sé que decimos lo
mismo cada año, pero es que la velocidad a la que evoluciona la
tecnología empieza a empequeñecer el significado de la palabra
“imposible”): son incontables las escenas llamadas a dejar con
la boca abierta, desde los primeros planos de los pies (resulta
difícil llamarlos “patas” cuando vemos tan claramente cómo
bailan claqué) hasta planos-secuencia propios de una atracción
de parque temático como el largo y vertiginoso descenso sobre el
hielo de Happy Feet y sus compinches.
El problema es que, en algún lugar, a Miller y sus
guionistas se les ha olvidado la otra parte de la película: la
necesidad de un guión que dé unidad, sin el cual el conjunto se
queda en poco más que una experiencia pirotécnica pero sin alma,
digerible y absolutamente olvidable en cuanto pones el pie en la
calle. Para encontrar algo parecido a un alma en este producto
excesivamente pendiente de las necesidades de marketing (cuota
para la minoría hispana, espectacularidad a raudales… incluso
cuando tenemos la sensación de que lo que se nos cuenta en ese
momento no necesitaba de tantos alardes; un aparato musical tan
abrumador como el de "Moulin
Rouge",
pero sin decantarse totalmente por la apuesta barroca de ésta…),
tenemos que llegar hasta secuencias como los divertidos diálogos
de Happy Feet con Ramón y sus secuaces, o el magistral segmento
en el pingüinario, único instante donde el talento de
Miller hace acto de presencia, con ese punto inquietante
heredado del mejor espíritu de los cuentos clásicos.
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En suma: una
cinta que transcurre sin mayores problemas pero, a la vez, sin
ninguna emoción (nada
que ver, por ejemplo, con una "Monster
house"
que, quizá, ya podemos ir reivindicando como la mejor película
de animación de un año saturado de ellas). Ya puestos, uno echa
de menos que hubiese sido dirigida por un mago del exceso como
Baz Luhrmann porque, de tanto querer jugar a varias cartas,
Miller acaba quedándose en un terreno intermedio, que provoca
que la película sólo funcione a tramos. Y, ya puestos, uno sigue
dándole vueltas a la posible moraleja final, la de que sólo los
animales que nos entretienen merecen ser salvados… algo que, en
realidad, conecta con la malévola idea central de “Babe, el
cerdito valiente”, pero que, en la que ahora nos ocupa… bien,
uno aún tiene dudas de si es una denuncia o si va en serio.
Calificación:
    
P. S.: Durante la proyección,
se oyó claramente a un niño pequeño gritar: “Mamá, ¡quiero que
se termine ya!”. Quede constancia de la aportación
crítico-infantil.
Imágenes de "Happy feet: Rompiendo el hielo" - Copyright ©
2006 Warner Bros. Pictures, Village Roadshaw Pictures, Kennedy
Miller Productions y Animal Logic Film. Distribuida en España
por Warner Sogefilms. Todos los derechos
reservados.
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