CRÍTICA
por
Javier Quevedo
Puchal
Suspense con buenas intenciones
Dicen que dentro de todo crítico cinematográfico hay un director
frustrado. Es posible, por eso uno no puede dejar de sentir
cierta simpatía por
Daniel Monzón,
antiguo cronista de la revista Fotogramas que un día decidió
pasar a primera línea de fuego con “El corazón del guerrero”,
fábula arriesgada, pero a la postre efectiva, en la que
confirmaba no sólo que era capaz de detectar las faltas en los
filmes de los demás, sino que también lo era de sortearlas con
más o menos pericia en lo suyos propios. Vamos, que no se le
daba mal lo de predicar con el ejemplo.
Después de
"El robo más grande jamás contado",
cinta inferior respecto a su ópera prima, pero igualmente
disfrutable, Monzón se desvía por primera vez de la senda de la
comedia para adentrarse de lleno en los fangosos terrenos del
thriller. Muy posiblemente, un salto mortal y sin red, en
especial para un autor que, de entrada, y marcando las
distancias que haya que marcar, podríamos relacionar más
cómodamente con un Alex de la Iglesia que con un Amenábar. Y es
que, ya sin la coartada del humor, con “La caja Kovak” Monzón se
lo juega todo a una sola carta: la del cine “serio”, o, mejor
dicho, la de ese género de suspense que, al contrario de lo que
ocurre con el cine de terror, tan pobres referentes suele tener
en nuestra tradición fílmica (con honrosas excepciones, como
"Intacto"
o “Tesis”).
Es
una pena que, a fin de evitar un spoiler, no podamos
comentar uno de los mejores hallazgos de la cinta, esa idea
germinal tomada de un viejo suceso real, triste y
desconcertante, y que “La caja Kovak” reinterpreta bastante
ingeniosamente dentro de los cauces del thriller
conspiranoico. Y lo es porque precisamente ahí reside el
quid de todo lo que la película de Monzón pudo y no supo ser...
reincidiendo de este modo, una vez más, en el problema del que
suelen adolecer la gran mayoría de thrillers patrios (a saber,
que casi invariablemente se desinflan llegados a mitad de
metraje). En efecto, ni la música del indispensable
Roque Baños,
inspirada y enérgica como de costumbre, haciéndose eco de la
herencia de Hermann y Goldsmith, ni el buen oficio de Monzón
tras la cámara, ni siquiera la buena voluntad de un espectador
predispuesto a poner el piloto de suspensión de incredulidad y
entrar en el juego, consiguen hacer remontar el vuelo a
un guión que, arrancando bastante bien y desarrollándose mejor,
se pierde en sus propios vericuetos y acaba pulverizando todo
rastro de credibilidad (y, lo que es aún peor, de interés).
Para cuando el relato entra en la recta final, ya muy poco nos
importan las vicisitudes de la poco probable pareja compuesta
por Timothy Hutton
y Lucía Jiménez,
que hacen lo que bien pueden con dos personajes poco matizados
(sobre todo en el caso de ella) y que, irónicamente, son
definidos en un momento de la cinta como “el escritor” y “la
chica que se intentó suicidar”, subrayando así de forma
inconsciente la estereotipación de los mismos. Así pues, durante
la última media hora, y de modo cada vez más acusado, las
fuentes de diversión derivan hacia derroteros completamente
opuestos a aquellos por los que había transitado durante buena
parte del metraje, y acaban reduciéndose a la detección de cabos
sin atar, la falta de plausibilidad en la que la idea degenera
y, ay, a la jocosidad involuntaria de determinadas escenas.
Todo lo señalado no tendría mayor trascendencia, claro está, si
“La caja Kovak” no albergara otra aspiración que la de hacer
caja (valga la redundancia). Pero, lamentablemente,
hay elementos de suficiente interés como para entender una
voluntad por parte de Monzón de ofrecer un producto digno e
inteligente, cosa que no acaba de conseguir.
Desde los sugerentes títulos de crédito hasta el acierto
esporádico en dotar de una pizca de alma a los personajes (véase
a Hutton intentando rellenar el parte de defunción), pasando por
la desasosegante –aunque gratuita– escena cronenbergiana
de arranque o el pasaje del intento de suicidio de Silvia
(Monzón aún no se atreve con los planos-secuencia, pero rinde
tributo al maestro De Palma con alguna escena de planos largos
en travelling), se observa en “La caja Kovak” una serie
de aciertos e incluso hallazgos que, por razones varias,
prometen otro resultado distinto a aquél en que cristalizan. Y
qué lastima, porque las intenciones eran buenas.
Calificación:
    
Imágenes
de "La caja Kovak" - Copyright © 2006
Estudios Picasso, Castelao Productions y Future Films.
Distribuida en España por Filmax. Todos los derechos
reservados.
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