CRÍTICA
por
Almudena Muñoz Pérez
“The holiday
(Vacaciones)” arranca con un beso de película. Entonces el plano
se abre y se nos muestra que no es real, sino procedente de una
pantalla. Este rasgo de metacine, que podría anunciar una
crítica hacia las construcciones ficticias que Hollywood ha
hecho del amor, en realidad se convierte en un homenaje a sí
mismo. Nancy Meyers
seguramente era una de esas niñas que se conformaban con la
historia del príncipe y la plebeya y nunca se cuestionó qué
sucedería tras el rótulo del ‘fin’.
Esta
directora especializada en comedia romántica –aunque sus
resultados nunca alcancen el éxito de un auténtico especialista–
tiende a centrarse en el antes más que en el durante o el
después, el período menos interesante por su felicidad de ‘pin y
pon’ y por el traslado de cualquier estrato de edad al
enamoramiento típico de la adolescencia. Después de la
dedicatoria a las maduras en
"Cuando menos te lo esperas...", la
guionista vuelve a las parejas jóvenes con una premisa de corte
clásico: el intercambio de vidas para abrir la perspectiva ante
un presente vacío de sentido y amor. Pero como suele ocurrirle,
la historia recae en los trucos narrativos de siempre y en un
esquema de 'chico conoce chica' –en este caso más bien
'chicas conocen chicos'– con los típicos tiras y aflojas del
acercamiento-obstáculo. No hay sorpresas porque Meyers ha
comprendido que su sello personal es precisamente la monotonía
en su manera de contar siempre la misma relación amorosa, con
ese toque rosa –o dorado, ya que la cinta es navideña– que
reconoce sin pudor a través del personaje de
Kate Winslet: “Quiero que lo
cursi forme parte de mi vida”.
Pero la clave
para la comprensión de “The holiday (Vacaciones)” como un
panfleto de autosatisfacción de su creadora se encuentra en un
personaje secundario, el anciano guionista de Hollywood que Kate
Winslet conoce en el vecindario de Los Ángeles. El cariño que
derrama en él es evidente en cuanto le prepara una gala de
homenaje y le convierte en el artífice de una de las frases más
famosas de “Casablanca” –por otra parte una opción nada
arriesgada cuando se trata del guión más caótico de la
Historia–. Nancy Meyers sabe que no le corresponde un lugar
preeminente en el mundo de la comedia, y que hasta su escena más
famosa forma parte de la película de otro –“¡Ese orgasmo fue
mío!”, podrá exclamar ante el recuerdo de “Cuando Harry encontró
a Sally”–. De ahí las continuas referencias a filmes clásicos
–“Las tres noches de Eva” o “La fiera de mi niña”– y el uso de
una banda sonora remix de otras memorables poniendo como
excusa al personaje de Jack Black,
compositor de scores. Aunque de vez en cuando se le
escape algún intento por ensalzarse a sí misma, la directora
tiene la honestidad de dejar las concesiones a sus personajes,
puesto que si ella no podrá ser Preston Sturges, por lo menos
permitirá que sus heroínas se conviertan en mujeres de rasgos
gloriosos.
Si bien la
cinta comienza con la voz en off de Kate Winslet, pronto
de produce una descompensación entre su historia y la de
Cameron Diaz. Mientras se sigue
uno de los episodios, el otro termina por olvidarse, y, cuando
el montaje parte de cambios de escenario más rápidos, el
desarrollo se estanca. Meyers sabe hacia dónde quiere que vayan,
pero sigue resistiéndosele el trayecto, que además posee un
metraje excesivo en relación al suspiro que suelen ser este tipo
de comedias, como una somatización del propio suspiro del
enamoramiento. Por esa razón no parece importarle que para
alcanzar el final feliz recurra a una serie de tópicos: la
enamoradiza que cae siempre en el mismo error y el gordo
bonachón; la guapa inconstante y el guapo engañoso que esconde
más de un secreto. Al menos dentro de esas predecibles parejas
–hubiese sido más divertido, tal vez un poco Farrelly, que se
las intercambiaran como se cambian las casas–, somete a las
protagonistas a una prueba a su medida: Iris (una Kate Winslet
un tanto excedida) tiene la autoestima por los suelos y debe
experimentar un subidón en su nuevo hogar, repleto de
materialistas remedios contra la depresión. Amanda (la Cameron
Diaz de siempre), por su parte, posee demasiado buen concepto de
sí misma y debe enfrentarse a un entorno hostil, con pruebas que
cuestionen su seguridad vital. Las escenas con sus
partenaires no desprenden una química inolvidable, aunque
funcionan dentro de unos inestables límites de credibilidad,
impuestos por el comedido Jack Black y el cada día más soso
Jude Law.
Envuelta en
una luminosidad blanca y acertadamente situada en unos
escenarios pintorescos, “The holiday (Vacaciones)” es el enorme
regalo de color rojo que pretende destacar más por su apariencia
que por su repetitivo contenido. Y cada año nos toca
encontrarnos con uno, sonreímos más por condescendencia que por
sinceridad y terminamos relegándolo a un cajón de la memoria.
Nos conformaremos con este efímero rato de buenos sentimientos
navideños hasta que Meyers se decida a contarnos la historia que
siempre anuncia, la de los enamorados no correspondidos que
terminan la Nochevieja con algo más novedoso que un caballero de
corcel blanco, champán en mano.
Calificación:
    
Imágenes
de "The holiday (Vacaciones)" - Copyright ©
2006 Universal Pictures, Columbia Pictures, Relativity Media y Waverly Films.
Distribuida en España por UIP. Todos los derechos
reservados.
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