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LA FLAUTA MÁGICA
(The magic flute)


cartel
Dirección: Kenneth Branagh.
Países:
Reino Unido y Francia.
Año: 2006.
Duración: 138 min.
Género: Musical.
Interpretación: Joseph Kaiser (Tamino), Amy Carson (Pamina), Benjamin Jay Davis (Papageno), Silvia Moi (Papagena), René Pape (Sarastro), Lyubov Petrova (Reina de la Noche), Tom Randle (Monostatos), Ben Uttley (sacerdote), Liz Smith (vieja Papagena), Teuta Koco, Louise Callinan, Kim-Maria Woodhouse.
Guión: Kenneth Branagh y Stephen Fry; basado en la ópera de 1791 de Wolfgang Amadeus Mozart (música) y Emanuel Schikaneder (libreto); con libreto y diálogos en inglés de Stephen Fry.
Producción: Pierre-Olivier Bardet y Simon Moseley.
Fotografía: Roger Lanser.
Montaje: Michael Parker.
Diseño de producción: Tim Harvey.
Vestuario: Christopher Oram.
Estreno en España: 4 Abril 2007.

CÓMO SE HIZO "LA FLAUTA MÁGICA"
Notas de producción © 2006 Manga Films

1. El proyecto

  Peter Moores lleva mucho tiempo ambicionando ‘sacar la ópera de su marco habitual’ y alcanzar nuevos públicos; ello fue lo que llevó a la realización de esta nueva versión cinematográfica de La flauta mágica, cantada en inglés. La obra maestra de Mozart ha disfrutado de una enorme celebridad popular y ha cautivado a públicos de todos los niveles, jóvenes y adultos, desde que se representó por primera vez en 1791. Mozart tiene un poder de atracción muy generalizado y es esta aventura romántica y operística llena de humanidad y amistad la que ha devenido perennemente favorita para todas las generaciones de aficionados a la ópera. Aunque los financieros del film, la Peter Moores Foundation, sopesaron cierta cantidad de directores cinematográficos, lo que acabó convenciéndoles de que Kenneth Branagh era el director que tendría la capacidad para sobrellevar el considerable reto de insuflar vida cinematográfica a La flauta mágica fue el éxito tanto artístico como comercial que el actor y realizador consiguió con sus adaptaciones cinematográficas de Enrique V (Henry V, 1989); Mucho ruido y pocas nueces (Much Ado About Nothing, 1993); y Hamlet (Hamlet, 1996).

 

  Como el productor Bardet explica: “Acudí a Kenneth Branagh por la sencilla razón de que es alguien con un éxito tremendo en la labor de trasladar el teatro de Shakespeare a la gran pantalla. Hemos tenido que hacer lo mismo con esta ópera: pasar de un medio a otro, y ello afrontado el hecho de la gran distancia que separa el cine de la ópera”.

  La energía y pasión de Branagh han asegurado que esta nueva versión de La flauta mágica tenga el potencial para convertirse en una experiencia cinematográfica extraordinaria, visualmente imponente, y con un entrelazado de drama y comedia que resulta absorbente, al tiempo que se centra en una historia irresistible poblada por unos personajes extraordinarios.

  Una vez en la nave, Branagh comenzó a escribir el guión para La flauta mágica, y recurrió a su viejo amigo y colaborador Stephen Fry —cuyos varios talentos incluyen su labor como actor, autor, y director—, para adaptar y crear un nuevo libreto en inglés para la producción. Recurriendo a los parecidos entre pasado y presente, el productor Bardet destaca que “Cuando Mozart creó La flauta mágica en el siglo XVIII, tenía que ser una ópera muy popular, pensada para un amplio espectro de público. Ésa es la razón por la que el libreto se escribió en alemán, y no en italiano, como era habitual en aquel entonces. Así que al decidir traducir el libreto al inglés, nos situamos en la misma tesitura que Mozart y Schikaneder en su época, es decir, tratar de hacer la obra tan accesible como fuera posible. Y el inglés es, hoy en día, el idioma principal del mundo cinematográfico”.

  Al describir cómo funcionó la colaboración entre ellos, Branagh añade: “Ofrecí las 120 páginas del guión a Stephen, con tantos detalles como pude acerca de los escenarios para cada escena, descripción de los personajes —adaptados a esta versión—, y las distintas maneras en las que intenté responder a algunas de las cuestiones que Mozart y Schikaneder plantearon en el argumento. Entonces él cogió una traducción literal del libreto y nos pusimos a discutir cómo reflejar el lenguaje apropiado de la época que habíamos elegido: 1916. Queríamos agudeza y emoción, y a Stephen no le asusta ninguna de ellas”.

  El desafío que Fry tenía ante sí en lo referente a actualizar el libreto, teniendo que evidenciar al mismo tiempo el humor y la comedia innatas de la pieza operística, consistía en hallar el lenguaje con la métrica y el ritmo más adecuados para un texto originalmente escrito en alemán.

  Joseph Kaiser, quien encarna a Tamino, comenta: “Stephen Fry ha hecho un gran trabajo al asegurar que haya suficiente semblanza entre el original y su versión en inglés, lo que convierte el material en algo muy, pero que muy fácil y apto para ser cantado.” Igualmente, el nuevo libreto también le pareció un gran logro a Tom Randle, quien encarna a Monostatos: “Se trata de un libreto bastante abierto y libre, lo que nos permite tener un margen para improvisar en cierto modo, sin la sensación de estar demasiado constreñidos.” Ben Davis, que da vida a Papageno, percibió que la labor de Branagh y Fry hacía de esta ópera un material más narrable, con personajes realmente de carne y hueso: “Creo que Kenneth Branagh y Stephen Fry se han esforzado en desarrollar y logrado un lenguaje para la obra que en verdad te involucra en la vida de los personajes y hace que los sientas próximos”.

  Branagh aportó al proyecto su considerable experiencia en el campo cinematográfico, del teatro y la televisión, un paquete de conocimientos verdaderamente inusual que le capacita para trabajar desahogadamente con actores más acostumbrados a las exigencias del mundo de la ópera. Lyubov Petrova, la Reina de la Noche del film, destaca: “Trabajar con Kenneth Branagh ha sido una experiencia singular y sorprendente. Al ser cantante de ópera, no disfruto del prurito de poder profundizar a conciencia en los personajes, de trabajar cada palabra, cada sentimiento, y poder discutir realmente el desarrollo de los personajes con el director. Con Kenneth Branagh, dispongo de todas esas oportunidades”.

  Tradicionalmente, La flauta mágica se ha representado dentro de los confines del teatro, haciendo uso de un amplio abanico de escenotecnia mágica y surrealista. Uno de los retos fundamentales para Branagh estribaba en hallar un contexto en el que emplazar su adaptación a la pantalla con miras a obtener resonancia, relevancia, y consonancia con los públicos actuales.

  Desde el punto de vista de Branagh, “Los desafíos tenían mucho en común con las películas de Shakespeare: Trasladar a otro medio un arte grande sin perder la brillantez que quieres celebrar. Pero como Shakespeare, Mozart es muy sólido. Se ha escenificado La flauta mágica con tan variados escenarios como los que se han visitado con Hamlet. Se ha enmarcado en la Luna, el circo, Stonehenge, la playa… y Mozart puede vivir en todos ellos. Para mí, algo fundamental, sea cual sea la composición o el enfoque, es la total veracidad de la interpretación, no importa que las exigencias técnicas que demanda el argumento sean extremas, o si se trata de Shakespeare o Mozart”.

  Optando por confundir a los tradicionalistas, Branagh ha enmarcado su versión de esta ópera a principios del siglo XX, en una época en la que el primer conflicto global de la era industrializada dominaba el mundo y demostraba la increíble fuerza, resistencia, y capacidad de destrucción de las estados modernos.

  Al clarificar esta decisión, Branagh comenta que “En lo profundo de La flauta mágica, existe una exploración del conflicto. Esto queda corporizado musicalmente, y el desarrollo de la ópera tiene que ver con la resolución de opuestos que se enfrentan: La oscuridad contra la luz; el amor contra el odio; y, en nuestro caso, y más directamente, la paz contra la guerra. El conflicto evidente está entre Sarastro y la Reina de la Noche. Al darles a cada uno un ejército y visualmente mostrar el escenario de la Primera Guerra Mundial, aparece un sentido de la importancia y dimensión de los actos de estos personajes. La Gran Guerra suministra un territorio a un tiempo literal y metafórico que resulta tan emotivo y complejo como la misma ópera. También es cierto que en ese momento tan terrible de la historia, la música, la canción popular, la poesía, y la risa eran parte del mecanismo de supervivencia. El escenario, pues, permite que amoríos, humor, y ‘ópera bufa’ emerjan vigorosamente. Finalmente, por lo que respecta al esquivo argumento, éste posibilita un marco para una aventura épica que puede ofrecer una narración cinematográfica llena de suspense y que con todo permanece coherente”.

  Aquella guerra se libró en una época en que el patriotismo y la fe en la jerarquía social existente estaban en pleno apogeo; convencimientos que la guerra estaba contribuyendo a destruir, y que el mundo moderno resultante tendría muchas dificultades para siquiera entenderlos. Fue un momento de gran cambio social; de emancipación nacional, financiera y política; un tiempo de extraordinarias transformaciones culturales. Ello se vio reflejado en el ámbito del diseño, con la aparición de nuevas escuelas en un mundo moderno como el de De Stijl y la Bauhaus; y en las artes visuales, donde el impacto de lo nuevo en el mundo de la pintura fue proclamado por la ascensión del fauvismo, expresionismo, cubismo, futurismo y surrealismo.

  Precedido por un siglo de transformación industrial en la mayor parte de Europa, con crecimientos de la población enormes, el desarrollo de la urbanización, y nuevos inventos de la ciencia, aquel siglo XX incipiente era el punto de inflexión entre el Viejo mundo, con todos sus valores culturales inherentes y un Nuevo mundo hecho de modernidad, progreso y cambio creciente.

  Comentando las opciones tomadas en la producción de los escenarios, el diseñador de producción Tim Harvey hace notar que “La noción fundamental con la que Kenneth Branagh apareció fue que la guerra entre las fuerzas de la oscuridad y las fuerzas de la luz ocurre contra un escenario que nos recuerda el de la Primera Guerra Mundial. No decimos que se trata de la Primera Guerra Mundial porque claramente no lo es.

  La decisión de Branagh de establecer la ópera como contraste a los hechos que conducen a un cambio cataclismático en el mundo de principios del siglo XX daba credibilidad y cierto marco naturalista para algunos de los más familiares recursos argumentales de la ópera: La serpiente que casi mata a Tamino al principio de la ópera, en nuestro film es la estela de gas mostaza serpenteando por las trincheras en las que él se halla; las Tres Damas aparecen primero como monjas etéreas en un claustro local, y posteriormente como auxiliares de enfermería en un hospital de campaña; en esta versión, el cazador de pájaros deviene el encargado de los canarios que se usaban para detectar el gas; la Reina de la Noche llega triunfante montando un tanque ufana, mientras que con la voluntad de imitar la idea de evolución hacia el conocimiento y la luz de la historia, el palacio de Sarastro sufre una transformación, desde su primer aspecto ruinoso debido a los destrozos de guerra hasta el de un celestial château francés.

  En Septiembre de 2004, junto con la directora de reparto Sarah Playfair, quien resulta toda una erudita acerca de cantantes jóvenes y con talento que emplean el inglés, Branagh y Bardet se embarcaron en un largo periplo de pruebas de cásting que les llevaría por todo el globo a la búsqueda del reparto definitivo para esta nueva adaptación de La flauta mágica. Tras una intensa búsqueda recorriendo todas los teatros de la ópera del mundo más destacados, los cuales se encargan de educar a nuevos cantantes, se logró acortar a 60 nombres una lista de 750. Se invitó a los 60 elegidos a viajar hasta Londres para una prueba con Branagh y el director de orquesta James Conlon.

  Para marzo de 2005, el vibrante reparto de cantantes de ópera de Branagh se había completado; se componía de un reparto internacional integrado por jóvenes estrellas emergentes de la ópera: Joseph Kaiser como Tamino; Ben Davis como Papageno; Silvia Moi como Papagena; y la debutante Amy Carson como Pamina, junto con nombres más establecidos del mundo de la ópera: René Pape como Sarastro; Lyubov Petrova como la Reina de la Noche; y Tom Randle como Monostatos. Juntos formaban un reparto de conjunto que bajo el atento tutelaje de Branagh ofrecerían una combinación de capacidades, talento y entusiasmo a esta nueva interpretación de La flauta mágica.

  Hablando de su reparto, Branagh hace notar que “Aunque la experiencia, con unas pocas excepciones, era limitada, el entusiasmo y la franqueza para con una nueva manera de trabajar no conocieron límites. El proceso del reparto fue vasto y agotador para los artistas. Cuando llegó el momento de los ensayos, vertimos mucho tiempo hablando del libreto, asegurándonos que habíamos explorado la sicología de los personajes, y sus relaciones, al detalle, incluso antes de empezar a cantar. Trabajamos duro para crear una atmósfera de sinceridad. Muchos no habían trabajado antes en una película; yo no había trabajado antes en ópera alguna. Todos éramos extraños en terreno extraño. Eso te hace vulnerable y te despierta el ansia por escuchar y aprender. Todos tuvimos mucho de ambas cosas”.

  Hacia finales de 2005, en los Estudios Shepperton, al sudoeste de Londres, Branagh, para llevar a término su visión del film, reunió un equipo de producción tras la cámara integrado por colaboradores habituales. Entre ellos está el diseñador de producción Tim Harvey, nominado al Oscar; el director de fotografía Roger Lanser; el coreógrafo Stuart Hopps; el asesor de interpretación Jimmy Yuill; y el supervisor de producción Simon Moseley. Para una obra que siempre ha dependido de los efectos de escenario en algunas de sus secuencias más fantásticas, Branagh se proveyó de un amplio espectro de la tecnología que actualmente está a disposición de los realizadores contemporáneos, desplegando efectos especiales e imágenes generadas por ordenador para realizar plenamente su visión creativa. Con rodaje en cuatro de los grandes estudios de Shepperton, La flauta mágica es una de las más grandes producciones cinematográficas del Reino Unido, que se rodó en la Gran Bretaña en 2006.

  Uno de los retos, tanto para el reparto como para los realizadores, a la hora de llevar a la gran pantalla esta ópera tan bien conocida y muy apreciada estribaba en que era esencial que esta interpretación de la pieza lograra atraer tanto a los públicos amantes de la ópera de siempre como a uno de nuevo para el que acaso ésta sería la primera experiencia con la ópera. Refiriéndose al potencial del film, Joseph Kaiser destaca que “Todo se ha dispuesto para hacer de La flauta mágica una presentación tan buena como ha sido posible. Hay una gente estupenda; grandes músicos; unos actores inmensos; y un director fantástico que realmente cree en la historia. Creo que es una historia que debería compartirse con un público mayor y nuevo”.

  Para Lyubov Petrova, lo que hace esto posible es “Ante todo, Mozart. Su música es, sencillamente, maravillosa y habla a todo el mundo. Creo que es fácil lograr disfrutar con ella; y la historia es igualmente muy mágica.” Pensando en lo que significa La flauta mágica para Tom Randle, éste opina: “Es un cuento de hadas; una pieza moral; algo muy complejo a escala numérica y simbólica que funciona a muchos niveles. La música es exquisita, encantadora, infantil... hay una gran cantidad de cosas, por lo que es una gran, gran obra para que los niños la vean. Es como esas películas de primera cita: Sabe activar todos los mecanismos emotivos y no es ostentosamente sofisticada para gente que acaso se sienta algo intimidada ante la palabra ‘ópera’.” Esas impresiones también las comparte Ben Davis, quien añade: “Creo que La flauta mágica es una gran pieza porque lo tiene todo. Posee drama, comedia, tragedia: un poco de todo para todo el mundo. Es humana, y versa de la humanidad y de cosas con las que nos identificamos”.

  Resumiendo todos esos puntos de vista, Branagh concluye: “La música es una invitación a la imaginación. La gente obtendrá de esta flauta lo que quieran. Las reacciones ante una obra de arte son necesariamente subjetivas. Nuestras ideas de producción han intentado liberar la ópera, no confinarla. Ofrecemos un mapa de ruta a lo largo del marco de la acción y de la interpretación, y en nuestro tratamiento del argumento. Tratamos de usar el máximo de recursos y de creatividad, pero en último extremo queremos que el público se aficione a Mozart en la medida que deseen. Como Peter Moores comenta: ‘Tratamos de abrir la puerta, pero en modo alguno de empujar hacia dentro a la gente’”.

2. Sobre la ópera >>


Imágenes y notas de cómo se hizo "La flauta mágica" - Copyright © 2006 Peter Moores Foundation e Idéale Audience. Distribuida en España por Manga Films. Todos los derechos reservados.

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