CRÍTICA
por
Miguel Laviña
Guallart
Digna función de despedida
Hacía más de 20 años que
Peter O'Toole
no llevaba sobre sus hombros el peso de un papel protagonista
como el de “Venus”. Guarda algunos puntos en común con Maurice,
un septuagenario actor que continúa haciendo pequeños papeles en
telenovelas y que descubre ser todavía capaz de apasionarse;
personaje que parece destinado a proporcionarle la que tal vez
sea su gran despedida del cine. Pero detrás de esta visible
cabeza de cartel y la apariencia de “película de actor” con un
gran recital interpretativo a cuestas, el sentido del film debe
buscarse en la nueva colaboración de otros dos nombres propios:
el realizador
Roger Michell
y el escritor
Hanif Kureishi,
responsable del guión. La destreza e inquietudes de ambos
autores imprimen un trasfondo amargo que hace oscilar la comedia
inicial hacia un drama que no duda en abordar cuestiones
incómodas con una firme mirada desprejuiciada.
La trayectoria de Michell, que tuvo su espaldarazo comercial con
“Notting Hill”, ha estado vinculada a la del escritor desde que
adaptase para televisión su primera novela, la emblemática “El
buda de los suburbios”, y en 2003 dirigió otro de sus guiones,
“The mother”, un tanto desapercibida en su momento y recuperada
como uno de los trabajos del ahora celebérrimo Daniel Craig
–donde encarnaba un objeto de deseo de una madre y una hija algo
prosaico–. En esta ocasión invierten los papeles y reinciden en
similares amores otoñales rayados por la imposibilidad. La
trayectoria vital de Kureishi se refleja paso a paso en sus
novelas, recopilaciones de relatos cortos y guiones; el
recorrido desde la rebeldía, el desenfreno, el entusiasmo de sus
inicios a una madurez cargada de sabiduría queda recogido en dos
volúmenes autobiográficos, “Soñar y contar” y, sobre todo, “Mi
oído en su corazón”, donde pueden encontrarse las claves de
estos dos certeros retratos en torno a la vejez. El recuerdo de
su padre fallecido hace unos años, con el que nunca llegó a
entenderse del todo, y la condición de su propia paternidad, le
hacen preguntarse sobre las dificultades de comunicación con la
generación anterior, las divergencias respecto a un pasado común
y la recuperación de la memoria, aspectos que quedan reflejados
en estos dos guiones.
Las relaciones insospechadas entre personas que parecen
destinadas a no entenderse es otro de sus signos de identidad,
que el director sabe hacer suyo, junto al humor, las diferencias
sociales y un tono de marcada sensualidad. En "Venus", la
comedia tiene su punto de partida en el contraste entre dos
antiguos intérpretes de Shakespeare y la llegada de la sobrina
de uno de ellos, Jessie, una joven aficionada a los tatuajes, la
comida basura y los estribillos pop. Las situaciones cómicas y
equívocos funcionan, pero la historia no deriva por los
derroteros de una especie de revisión de “Pigmalion” –muchacha
arisca de fondo encantador esperando a ser educada por un maduro
de gran corazón– sino que no oculta rasgos mezquinos y egoístas,
y las oscuras motivaciones que impulsan el acercamiento.
Y así, el autor no duda en encarar con valentía cuestiones
peliagudas sobre las que no gusta saber, momentos de nada
disimulada lujuria que dejan más de una vez congelada en la boca
la sonrisa de la anterior secuencia. Tensa la cuerda poniendo
sobre la mesa ciertos prejuicios sexuales y morales, que sortea
y analiza sin tapujos. Esta aspereza en sus planteamientos
deriva, incompresiblemente, hacia unas resoluciones mucho más
acomodaticias. Y ésta es la mayor objeción a una cinta que, al
contrario de la desoladora “The mother”, no se atreve a llegar
hasta el fondo del callejón sin salida de unos sentimientos
turbios, y deja el triste regusto de haber podido ir mucho más
allá en la exploración de unas situaciones irresolubles.
El arrollador Peter O'Toole como Maurice realiza un proceso de
revisión de su propio pasado en el que por momentos se confunden
personaje e intérprete, cargado de referencias y diálogos
ingeniosos.
Parece dejar claro que no niega nada, ni el recurso a pequeños
papeles en productos indignos para continuar en la brecha, ni
sus infidelidades o la afición al alcohol, un exceso por el que
estuvo a punto de morir a mitad de los 70. En esta
reconciliación le acompaña un prestigioso elenco británico:
Leslie Phillips,
Richard Griffiths
y, en especial,
Vanessa Regdrave.
Con la protagonista de “Blow-up” comparte un par de emotivas
secuencias que dejan sentir el implacable paso del tiempo y sus
estragos en dos de los intérpretes de mayor prestancia en su día
en pantalla.
A pesar este marcado carácter crepuscular, el film es algo más
que un recorrido nostálgico y se sitúa al pie de calle. Sus
artífices trasladan la pasión por Londres y hacen de esta ciudad
y de los rincones de su tradición teatral un personaje más;
continúan con historias pegadas a la realidad y sus innumerable
contrastes, aunque esta vez se queden a medio camino en el
desarrollo de sus propuestas. Y por supuesto, permite admirar el
desfase entre la buscada vulgaridad de Jessie (buen debut de la
joven actriz Jodie
Whittaker) y la
mejor escuela del todavía vigoroso protagonista de “Lawrence de
Arabia” y “El león en invierno”.
Calificación:
    
Imágenes
de "Venus" - Copyright © 2006 Free Range
Films, FilmFour, UK Film Council y Miramax Films. Distribuida en España por Golem. Todos los derechos
reservados.
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