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MEMORIAS DE QUEENS
(A guide to recognizing your saints)


Dirección: Dito Montiel.
País:
USA.
Año: 2006.
Duración: 98 min.
Género: Drama.
Interpretación: Robert Downey Jr. (Dito), Shia LaBeouf (Dito de joven), Chazz Palminteri (Monty), Dianne Wiest (Flaurie), Channing Tatum (Antonio joven), Eric Roberts (Antonio), Rosario Dawson (Laurie), Melonie Díaz (Laurie joven), Martin Compston (Mike O'Shea), Adam Scarimbolo (Giuseppe), Julia Garro (Diane), Scott Campbell (Nerf).
Guión: Dito Montiel; basado en su libro.
Producción: Trudie Styler, Travis Swords, Cjarlie Corwin y Clara Markowicz.
Música: Jonathan Elias.
Fotografía:
Eric Gautier.
Montaje: Christopher Tellefsen y Jake Pushinsky.
Dirección artística: Jody Asnes.
Vestuario: Sandra Hernández.
Estreno en USA: 13 Octubre 2006.
Estreno en España: 8 Junio 2007.

CRÍTICA por Julio Rodríguez Chico

Entre lobos y culpas

  Bajo el amparo del Festival de Sundance y con la vitola de cine independiente, el escritor Dito Montiel traslada a la pantalla su autobiografía en un recuerdo-confesión de aquellos años en los que se esforzaba por sobrevivir en el barrio neoyorquino de Queens, antes de abandonar a los suyos y marcharse a California. La cinta ha resultado muy premiada en festivales como el de Gijón y, sobre todo, en el promovido por Robert Redford, aunque su tormentosa historia de iniciación a partir de un ambiente hostil no es ninguna novedad, y su factura vanguardista tampoco se pueda identificar, a estas alturas, con lo experimental ni rupturista.

 

  Una llamada telefónica de su madre reclama a Dito su presencia en el barrio de Astoria, cuando su padre está gravemente enfermo. De regreso por las calles de su infancia y adolescencia, sobrevienen recuerdos y conflictos dormidos en su interior, dramas de aquellos desastrosos años en los que vivía junto a sus amigos como ratas desesperadas o como una manada de lobos abandonados, entre la violencia de las bandas, los ligues y las drogas, o las ansias de venganza y los sueños por evadirse de esa sordidez o encontrar acogida en el hogar paterno. Un clima infernal e irrespirable que un día le empujó a huir hacia Los Ángeles, con heridas abiertas que exigían una cicatrización.

  La historia de los años 80 se entremezcla con el presente por medio de abundantes flashbacks, y el director apuesta por la recreación de ambientes para mostrar –y justificar– las decisiones de huida y regreso del protagonista, que son las suyas. De esta manera, su mérito y su rémora están al mismo tiempo en la profusión y subrayado de elementos destinados a tal fin. Son tiempos convulsos y difíciles en ese barrio interracial, donde los jóvenes se hacen viejos prematuros, pelean entre sí por su chica o por su territorio, rechazan la autoridad paterna y civil con brusquedad y hastío, y se ahogan en la droga o el trapicheo a falta de esperanza e ilusiones auténticas. Es un ambiente cerrado y asfixiante, donde sus propios pobladores se consideran escoria y desecho, donde toda la comunicación se realiza a base de golpes e insultos, y donde el exabrupto y la venganza son moneda común de cambio. La familia tampoco ofrece ningún alivio ni oxigeno ante panorama tan desolador, y mientras el padre de Dito se nos presenta como un hombre autoritario y nada receptivo, el de Antonio lo hace como maltratador en su permanente estado de borrachera. Ambientes e individuos desquiciados en la violencia e incomunicación, pero deseosos de oír un “te quiero”, que suena a extraño o falso cuando Dito lo escucha de su padre o se lo dice a su novia Laurie.

  En su afán por dar veracidad a lo evocado, esos momentos sórdidos y desesperanzados son recogidos por una cámara en permanente agitación y movimiento, con planos descuidados en su composición y montados con un ritmo trepidante. La fotografía presenta frecuentes desenfoques en los fondos de plano, y los fuertes contrastes lumínicos y filtros generan una sensación entre sucio y tonos cálidos, no porque trasmita afecto o sentimiento sino más bien porque su hiperrealismo callejero acaba “quemando” el celuloide a la par que la vida de sus protagonistas. Los diálogos son cortos y rápidos, artificiosamente espontáneos, caóticos y lanzados como puñales al enemigo... porque, en esta selva sin autoridad ni conciencia, el hombre es un lobo para el hombre, y por eso las heridas físicas y emocionales, los cadáveres muertos y vivientes, las cárceles de barrotes y las interiores... son la materia fílmica de este atormentado protagonista-director. Los personajes están dibujados con el recuerdo personal de lo vivido, y con la necesidad de dejar patente que el Dito adolescente no tenía más remedio que huir de ese infierno si quería abrirse camino en la vida. Son retratos simples, quizá como la propia vida de Antonio, Giuseppe, Laurie, Mike o Nerf, expuestos en su pequeño mundo..., que veinte años después apenas parece alterado.

  Con más pliegues y matices están recogidos los caracteres de Dito –tanto adolescente como hombre maduro– en su lucha interior por permanecer junto a los suyos y también por liberarse de ese submundo de violencia; y también la complejidad de su padre Monty, inmerso en su pasado de mediocre boxeador e incapaz de escuchar y más tarde perdonar. Las interpretaciones, premiadas en Sundance, están a la altura de tanto drama existencial, y Robert Downey Jr. esconde tras su mirada evocadora un pasado de culpa del que no acaba de curarse y también una vida de fracaso..., pues sigue necesitando la confirmación de que su padre realmente le ha querido y le quiere. Hubiera sido interesante incidir más en la relación paterno-filial para explicar la dureza y rencor de esos fríos corazones y su necesidad mutua, pero la figura de Monty queda un tanto enterrada ante tanta basura y olor malsano, desligada de la realidad de esas malas calles en su autismo paterno y en su misteriosa atención hacia el pobre Antonio. Por eso, la película queda como una serie de brochazos un tanto deshilvanados para pinturas negras de un pasado difícil, que su director necesita ahora confesar (de hecho, el propio Downey Jr. se dirige al espectador al inicio advirtiéndole de que tiene que contarles lo que fue su vida, aunque no les adelantará nada hasta su debido tiempo).

  Aparte de la planificación y tratamiento fotográfico, la cinta de Montiel explora algunos recursos que dan dramatismo y verismo a la historia. Quizá los más conseguidos sean el uso del sonido, que deja en off para reforzar la violencia en algunos de los ataques callejeros o de las disputas y dramas familiares, o esa superposición y repetición de diálogos y pensamientos que tiene lugar en el tranvía entre el joven Dito y su amigo escocés Mike en el momento en que se conocen y hacen planes de futuro. Además, resulta curiosa –también innecesaria– la introducción de textos del propio guión ocupando todo el plano, o los fundidos en negro –efectismo que busca sin reparos un incremento dramático– para los ataque cardiacos que sufre Monty. Más llamativa aún es esa ruptura narrativa que el director se saca de la manga, mediada la película, para que sus jóvenes protagonistas miren a cámara y se presenten al modo teatral al espectador, apostillando el carácter aciago de su corta existencia. Son toques de modernidad que, como decíamos, sirven para crear un clima irrespirable, pero también para cargar las tintas y excederse sin ningún tipo de contención ni equilibrio narrativo.

  Historia de huida de un infierno y su necesario regreso reparador, de una justificación y confesión impúdicas, de unas problemáticas adolescentes y de las difíciles relaciones paterno-filiales, bien ambientada e interpretada en su nihilismo, nada complaciente ni agradable a la vista o al oído. Gustará a quienes tengan películas de Martin Scorsese como “Malas calles” o “Uno de los nuestros” entre sus preferidas, porque su parentesco resulta evidente y la visita a esos conflictivos barrios de emigrantes es paralela a la del infierno interior de sus personajes.

Calificación:


Imágenes de "Memorias de Queens" - Copyright © 2006 Xingu Films, Original Media y Belladonna Productions. Distribuida en España por Alta Films. Todos los derechos reservados.

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