CRÍTICA
por
Julio Rodríguez
Chico
Olvidos y
recuerdos de una vida
La canadiense
Sarah Polley es la penúltima actriz en dar el salto a la
dirección, y lo hace con un melodrama de corte intimista y
espíritu contemplativo, muy en la línea de los papeles que ella
misma ha venido interpretando. Algunos han visto en ello la
ausencia de una “personalidad” cinematográfica propia, que la
empujaría a imitar los modos de directores con los que había
trabajado como Atom Egoyan o Isabel Coixet. Otros lo han
calificado como señal de coherencia y madurez de quien aprovecha
el cine como un medio para trasmitir estados interiores de
individuos que buscan el equilibrio emocional en un mundo
difícil. Viendo su ópera prima
en la pasada Seminci,
da la impresión de que se acerca más a lo segundo, pues sus
cuidadas imágenes y el retrato de personajes respiran
sinceridad, sensibilidad y una voluntad de atender a los
aspectos más humanos del cine.
Por eso, en
su película importan más los silencios que los diálogos, la
expresividad de la mirada que la acción exterior, la
ambientación del entorno más como espejo anímico de los
protagonistas que como belleza puramente estética. Aquí lo que
intenta reflejar son los momentos finales de un matrimonio,
cuando en ella se manifiestan los primeros síntomas de Alzheimer
y es ingresada en una residencia especializada. Polley sabe
trasmitir la delicadeza de un amor maduro que llega hasta el
heroísmo de renunciar a todo por el otro, y también acierta a
sugerir un pasado en el que se adivinan momentos de infidelidad
sobre los que han “pactado” no hablar pero que permanecen en la
memoria. Película, por tanto, sobre el amor y el perdón,
sobre la memoria y el presente, temas tratados con una sutilidad
y elegancia que elevan la cinta por encima de la típica historia
melodramática y sensiblera.
La
oportunidad de abordar el Alzheimer de Fiona no se queda en el
análisis de una enfermedad y en la reacción que genera en un
marido desconcertado. Va mucho más allá, y viene a convertirse
en una suerte de purificación por un pasado de engaño y cobardía
en el que no se supo o no se quiso afrontar la verdad, en una
oportunidad que la vida les ofrece para engrandecer su amor
mutuo y en una invitación para curar una herida mal cicatrizada.
Es también la mirada sobre el individuo como persona que
necesita tener su pasado, hasta el punto de que perder los
recuerdos puede suponer, en cierta medida, su degradación o
deshumanización: tanto Fiona como su marido Grant afrontan, de
esta manera, la recta final de su vida como una lucha por
recuperar el tiempo perdido, un pasado dormido en el silencio de
su “mirar hacia otro lado”. Es la exigencia del supremo
sacrificio que se exige a Grant, entregar su mujer a otro hombre
porque en su enfermedad ha dejado de ser “ella”, y también la
demostración de hasta dónde esta dispuesto a llegar por amor.
Lo curioso es
que tal prueba se pone en escena sin dramatismos extremos ni
histrionismos interpretativos, con la mayor serenidad y ánimo
contemplativo, algo que no resta emoción y dureza interior a las
secuencias. Éstas son rodadas con una planificación primorosa y
con un tempo lento, adecuado para una historia que exige el
sosiego de unas almas que sienten el desgarro de la muerte, y
que necesitan de un tiempo preciso para que la verdad de sus
vidas se repose y penetre también en el ánimo del espectador.
Pero todo ello sería imposible de trasmitir sin unos rostros y
un oficio, algo que sin duda tienen el dúo interpretativo.
Julie Christie logra un papel sublime en su contención
expresiva, con una evolución desde la lucidez de conciencia
hasta la progresiva pérdida de identidad, con una elegancia
admirable y una belleza que parece no haberse marchitado desde
los tiempos de “Doctor Zhivago”; la réplica la pone Gordon
Pinsent en su papel de atribulado esposo,
extraordinariamente elocuente en su mirada de renuncia y
generosidad. Por otra parte, la fotografía atrapa una luz
invernal casi cegadora que otorga romanticismo y melancolía a la
historia, a la vez que sirve de metáfora sobre la memoria y su
pérdida.
Cine
lírico y lleno de sensibilidad, de ritmo lento y pausado, de
carácter independiente y alejado de convencionalismos, idóneo
para un espectador que prefiera historias interiores y dramas
llenos de sentimientos profundos. Ternura, melancolía y
dolor contenido que experimentan los protagonistas y que se
precisan del mismo sosiego en un público dispuesto a contemplar
una bella historia de amor y de perdón. Sin duda, Sarah Polley
entra con buen pie en la dirección cinematográfica al ofrecernos
esta sentida y sincera historia, que bebe de la misma vida y que
por eso conectará especialmente con aquellos que hayan vivido
experiencias similares.
Calificación:
    
Imágenes
de "Lejos de ella" - Copyright © 2006 The
Film Farm, Foundry Films, Capri Releasing, Hanway Films y Echo
Lake Productions. Distribuida en España por Notro
Films. Todos los derechos
reservados.
Página
principal de "Lejos de ella"
Añade "Lejos de ella" a tus películas favoritas
Opina
sobre "Lejos de ella" en nuestro blog

Recomienda
"Lejos de ella" a un amigo
|