CRÍTICA
por
Miguel A. Delgado
En su debut
como directora, Sarah Polley ha demostrado no sólo que ha
sido capaz de aprender de los directores con los que ha
trabajado (se ha repetido hasta la saciedad el nombre de Isabel
Coixet, pero lo cierto es que el plantel de cineastas que la han
tenido a sus órdenes es de los que impone: Hal Hartley, Michael
Winterbottom, Kathryn Bigelow, David Cronenberg, Atom
Egoyan...), sino que es capaz de asumir lo aprendido con ellos
para construir una sorprendente ópera prima, sólida y modélica
en su tratamiento de un tema difícil, el del alzhéimer y sus
consecuencias, no sólo para los enfermos, sino también para
quienes les rodean.
Sin embargo, Sarah Polley consigue ir
más allá de este tema único para, en realidad, retratar la
fragilidad del sentimiento y de las relaciones
interpersonales. Allí donde el intento de Isabel Coixet de
plasmar la enfermedad en "Mi
vida sin mí" chocaba con una intención estilística
que restaba credibilidad a lo narrado, Polley consigue
alcanzar un equilibrio en el que todo lo referido al mal que
sufre el personaje de Julie Christie se integra a la
perfección en la estética y el ritmo de la cinta. El relato,
así, va deslizándose con una cadencia llena de elegancia que
encuentra el punto justo para mostrar las duras consecuencias
de la enfermedad sin caer, en ningún momento, en el
exhibicionismo ni el sensacionalismo propios de un telefilm.
Tanto es así, que en el relato cobra
tanta importancia la persona que sufre la enfermedad, Fiona (o
Aubrey, interpretado por Michael Murphy), como los
personajes de su marido (estupendo Gordon Pinsent, un
actor que por su aspecto no habría desentonado en cualquier
trabajo del último Bergman) o Marian (Olympia Dukakis), a
quienes toca vivir la experiencia de verse abandonados por
aquellos de quienes deben cuidar, y cuya deriva emocional es tan
importante como el proceso de pérdida de conciencia que sufren
los dos enfermos. Y de este modo, el centro de gravedad de la
película abandona el típico recurso de “actriz famosa
interpretando a una enferma” para abordar una perspectiva más
compleja y arriesgada, pero también por ello infinitamente más
rica.
Con un uso
maravilloso del paisaje frío y nevado como adecuada metáfora de
lo que viven los personajes que lo habitan, con una sobria banda
sonora que no abusa de los subrayados, y con un guión de hierro
en el que la inclusión de citas cultas no suena impostada,
“Lejos de ella” certifica la inmediata madurez de quien acaba de
adentrarse en la gran pantalla, capaz de asomarse con 27 años de
edad a una historia de esta profundidad, y desde la perspectiva
de una pareja que ha convivido durante más de cuarenta años. Una
sensación de naturalidad presente a lo largo de todo el metraje
y que tiene en la perfecta dirección de actores una de sus
causas: simplemente, sus interpretaciones son inmejorables.
Lástima que algún inserto desafortunado, como el comentario ante
la información televisiva sobre Iraq, que sorprende por lo fuera
de contexto que se produce, empañe levemente, y durante un solo
instante, esa sensación.
Desde luego,
la carta de presentación de la menuda Sarah Polley no podía ser
mejor; por qué hemos tenido que esperar más de un año para poder
verla daría pie para un nuevo repaso a los absurdos de la
distribución. Sobre todo, cuando uno repasa la lista de
películas que se han estrenado desde que ésta consiguiera una
nominación al Globo de Oro para Julie Christie, y observa que se
encuentra muy por encima de la calidad media de lo que suele
alimentarnos la cartelera; que su estreno se haya podido demorar
tanto resulta desazonador.
Calificación:
    
Imágenes
de "Lejos de ella" - Copyright © 2006 The
Film Farm, Foundry Films, Capri Releasing, Hanway Films y Echo
Lake Productions. Distribuida en España por Notro
Films. Todos los derechos
reservados.
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