CÓMO SE HIZO "EL BUEN
PASTOR"
Notas de producción ©
2006
Universal Pictures
1. Origen del proyecto
El actor, director y productor Robert De Niro empezó a recopilar
información en los años noventa para su segunda película como
realizador después de la aclamada Una historia del Bronx (1993).
“Bob siempre se ha interesado por la política exterior y la
forma en que Estados Unidos recaba información”, dice la
productora Jane Rosenthal, de Tribeca Films. Pero el oscarizado
actor no quería dirigir la habitual fantasía de espías. Estaba
interesado en hacer una película que mostrara la escala a la que
trabajan los espías y cómo estas personas, en su mayoría
anónimas, han controlado nuestro mundo, pagando por ello un
elevado precio personal y profesional. Un amigo presentó al
cineasta a Milton Bearden, un agente de la CIA jubilado después
de 30 años de servicio y que se convertiría en el primer asesor
técnico de la película. El ex espía, que se encargaba de las
operaciones de la CIA en Afganistán a mediados de los ochenta,
aceptó llevar a Robert De Niro por Europa y Asia en un viaje
didáctico y enseñarle cómo se obtiene información.
Desde Afganistán, cruzaron a
Pakistán y llegaron hasta Moscú para que Robert De Niro viera
por sí mismo lo que quería contar en la película. Durante este
viaje y en la investigación que llevó a cabo, el actor/director
obtuvo información que está al alcance de muy pocos. “Me parece
que Bob conoce mejor a la gente de la CIA, a los agentes de mi
generación y de la generación anterior, que cualquier otra
persona que no pertenezca a este mundo”, dice Milton Bearden.
Autor de varios libros sobre
la CIA, Milton Bearden explica que es posible hablar de las
operaciones de espionaje de Estados Unidos sin perjudicar a los
agentes que trabajan actualmente: “Tengo una regla. No hago nada
que pueda hacer daño o poner en peligro a nadie, ni tampoco
complico la tarea de aquellos que siguen trabajando”, explica.
La fascinación de Robert De
Niro por el espionaje seguiría creciendo durante varios años
antes de que le llegara una copia del guión de EL BUEN PASTOR,
escrito por Eric Roth, acerca de los primeros años de la CIA y,
casualmente, con los temas que tanto le intrigaban. La
productora Jane Rosenthal recuerda: “Bob no lo dudó un momento y
dijo: ‘No sólo quiero hacer el papel, también quiero dirigir la
película’”.
El guionista, autor de
películas tan famosas como Forrest Gump, El dilema/The Insider,
Ali y Munich, había creado una historia en la que se mezclaban
elementos de un auténtico thriller de calidad con la vida diaria
de los agentes que crearon la Agencia. “Eric es el mejor
guionista de la industria actual”, dice la productora. “Nos
convenció su visión del funcionamiento interno de la CIA”.
Eric Roth estaba interesado
en un periodo anterior al que Robert De Niro y Milton Bearden
habían investigado, pero no tardaron en encontrar puntos
comunes. “Me intrigaba la CIA y cómo se había formado”, dice el
guionista. “La Agencia empezó con unas 17 ó 18 personas, y ahora
tiene una plantilla de 29.000”.
Basó el relato en los
acontecimientos clave de la historia de la CIA – el guión
empieza con la OSS en la II Guerra Mundial y acaba en la época
del fracaso de la CIA en la misión crucial de la bahía Cochinos
en 1961 – y estudió la vida de los hombres que formaron el
servicio de espionaje actual.
“Investigué quién había
ingresado en la CIA en sus primeros años, de dónde venían”, dice
Eric Roth. “Me di cuenta de que casi todos estudiaban en Yale y
pertenecían a la sociedad ‘Skull and Bones’. La cúpula estaba
compuesta casi exclusivamente por hombres blancos pertenecientes
a la ‘Ivy League’ (asociación elitista de ocho universidades de
la Costa Este), considerados como lo mejor de Estados Unidos”.
De hecho, la sociedad secreta
contó con estadounidenses de gran preeminencia en sus filas,
entre los que mencionaremos al presidente George W. Bush, a su
padre el ex presidente George Bush (director de la CIA antes de
presidente), al padre de su padre, Prescott Bush, y a John
Kerry, el oponente de Bush en las elecciones presidenciales de
2004. “Algunos eran hombres muy nobles e idealistas que
decidieron dedicarse al servicio público”, añade Eric Roth.
Edward Wilson, el joven
protagonista de la historia que se une a la OSS en 1939, cayó
bien a Jane Rosenthal y Robert De Niro. Los productores vieron
que a través de la historia de Wilson, Eric Roth exploraba una
vertiente muy personal de la Agencia.
“El personaje, de joven, era
un idealista; intentaba proteger sus valores”, explica el
guionista. “Cree de todo corazón en la justicia. Busqué un
personaje que pudiera ayudar a redactar las reglas y que fuera
el alma de la Agencia”.
“Me intrigaban los valores
morales de las personas y lo que están dispuestos a sacrificar”,
sigue diciendo Eric Roth. “Quería saber cómo era la vida de
estos hombres, cómo eran sus familias, cómo se comportaban con
sus hijos, qué esperaban para ellos”.
Parecía inevitable que los
hombres que encabezaban el departamento de contraespionaje
fueran algo paranoicos, pero Eric Roth quería saber hasta dónde
llegaban. “Me interesaba el efecto psicológico de vivir en un
mundo en el que no se sabe qué está bien y qué está mal, ni
quién es el amigo o el enemigo”, añade.
Hasta la II Guerra Mundial,
Estados Unidos no sintió la necesidad de contar con una red de
espías. Robert de Niro dice: “Nuestro país empezó hace poco si
lo comparamos al Reino Unido u otros países que llevan mucho
tiempo con esto”.
“Estábamos protegidos por dos
océanos”, explica Milton Bearden. En Europa, sin embargo, hacía
mucho que el espionaje era una herramienta de primera necesidad
para crear y mantener complicadas alianzas con los vecinos. Al
terminar la II Guerra Mundial, Estados Unidos ocupaba una
posición dominante y, consecuentemente, se sentía más amenazado.
“El mundo se polarizó”, dice
Milton Bearden, ex agente de la CIA. “Estaban Estados Unidos y
la Unión Soviética. Se estaba con uno o con el otro. Y cuando
Jruschov dijo: ‘Vamos a enterraros’, decidimos que había que
hacer algo. El Imperio Americano surgió a partir de 1945, y un
imperio sin una organización de espionaje no tenía sentido”.
Edward Wilson, el personaje
creador por Eric Roth, es un producto de esa época de
polarización; se ve a sí mismo como la conciencia de Estados
Unidos y defensor de la libertad cuando se enfrenta a la Unión
Soviética. Como director de contraespionaje, su trabajo consiste
en infiltrarse en las filas de espías enemigos y hacerles creer
lo que no es. También se encarga de descubrir el funcionamiento
interno del KGB y de lo que sabe acerca de Estados Unidos.
Para los productores, la
historia cobró importancia cuando el pueblo estadounidense se
enfrentó a las decisiones tomadas por el gobierno antes del 11
de septiembre de 2001. “Creo que la gente empezó a pensar en
estos temas a partir del 11-S”, dice Jane Rosenthal. “Se
abrieron puertas y se habló en serio de la película”.
Pero el tema de EL BUEN
PASTOR se hizo aún más actual cuando en julio de 2003 el
columnista Robert D. Novak reveló que Valerie Plame era una
agente de la CIA después de que un funcionario filtrase su
nombre. “Son temas candentes, estamos hablando de seguridad
nacional”, añade Jane Rosenthal. “Es de lo más actual”.
En junio de 2005, Morgan
Creek se unió a Tribeca para producir EL BUEN PASTOR. James G.
Robinson, el presidente de Morgan Creek, compartía el entusiasmo
de Jane Rosenthal y Robert De Niro. Dice, hablando del guión:
“Mejor, imposible”.
La historia le gustó porque
cree que ilustra las similitudes compartidas por ambos bandos
durante la Guerra Fría. “No creo que haya mucha diferencia entre
la CIA y el KGB”, dice. “Quizá la única diferencia residía en
que si la burocracia estadounidense se pasaba, había formas de
defenderse y de hacerla volver a su cauce, cosa que no pasaba en
la Unión Soviética”.
Los cineastas consideraban de
suma importancia que los acontecimientos descritos en la
película fueran auténticos, no sólo para el público, sino para
los arquitectos del espionaje estadounidense. Richard Holbrooke,
ex embajador de EE UU en Naciones Unidas, ex Subsecretario de
Estado y diplomático de carrera, dice, hablando de la película:
“EL BUEN PASTOR es una versión novelada de un momento de la
historia que recrea los acontecimientos con gran veracidad. Pero
el hecho de no sentirse obligados a respetar los detalles más
ínfimos ha hecho posible que los cineastas hablen de verdades
básicas acerca de esta extraordinaria época de espionaje,
contraespionaje y traición que fue la Guerra Fría”.
Y ese era el objetivo de los
cineastas. “La película es una mezcla de acontecimientos reales
y personajes inventados”, dice Robert De Niro. “Si nos
hubiésemos limitado meramente a describir hechos, sería otro
tipo de película”.
2.
El reparto
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