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Dirección: Robert De Niro.
País: USA.
Año:
2006.
Duración:
167 min.
Género:
Drama, thriller.
Interpretación: Matt Damon (Edward
Wilson), Angelina Jolie (Margaret 'Clover'), Alec Baldwin (Sam
Murach), Tammy Blanchard (Laura), Billy Crudup (Arch Cummings), Robert De Niro
(Bill Sullivan), John Turturro (Ray Brocco), William
Hurt (Philip Allen), Michael Gambon (Dr. Fredericks), Gabriel
Macht (John Russell), Keir Dullea (senador Russell), Martina
Gedeck (Hanna), Timothy Hutton (Thomas Wilson).
Guión: Eric Roth.
Producción: James G. Robinson, Jane
Rosenthal y Robert De Niro.
Producción ejecutiva: Francis Ford Coppola, David Robinson, Guy
McElwaine y Chris Brigham.
Música: Marcelo Zarvos y Bruce
Fowler.
Fotografía: Robert Richardson.
Montaje: Tariq Anwar.
Diseño de producción: Jeannine Oppewall.
Vestuario: Ann Roth.
Estreno en USA: 22 Diciembre 2006.
Estreno en España: 4 Abril 2007. |
CRÍTICA
por
Miguel Á. Delgado
La segunda película como
director de Robert De
Niro (si
exceptuamos “Un golpe maestro”, donde tuvo que tomar las riendas
de la dirección sin figurar en los créditos para sustituir a un
Frank Oz despedido por sus desavenencias con el todopoderoso
Marlon Brando) es mucho más ambiciosa que su primer título, “Una
historia del Bronx”, porque pretende narrar, nada más y nada
menos, el embrión, nacimiento y pronta corrupción de la CIA., la
mítica agencia norteamericana de inteligencia que surgió como
arma de lucha en un escenario, el de la Guerra Fría, en el que
el enfrentamiento directo se fraccionó en innumerables
conflictos de “baja intensidad” que se sucedieron como jugadas
en un tablero de ajedrez mundial.
Y lo
hace ciñéndose a un guión de hierro, firmado por
Eric Roth,
que personaliza su relato en la historia de Edward Wilson (Matt
Damon), un
brillante y patriota licenciado en Yale que desde los tiempos
de la Universidad es captado por los servicios de inteligencia
para servir a su país, contra los nazis primero, y contra los
soviéticos y sus estados satélite después. Una elección, la de
Damon, que se revela como uno de los aciertos de la película,
pues logra poner sus marcadas limitaciones como actor al
servicio de un personaje que tiene más de funcionario que de
espía aventurero, un personaje con un enorme poder que
administra con discreción, sin más palabras ni expresiones que
las estrictamente necesarias, que va a trabajar en autobús y
que es, en cierta manera, arrastrado en la vida por unas
circunstancias que nunca controla: simplemente, hace “lo que
tiene que hacer”… hasta pasar un punto de no retorno que le
impedirá, definitivamente, y con el resto de su vida
arruinada, plantearse siquiera el dedicarse a otra cosa.
Construida en una sucesión de flashbacks a partir del
desastre de la fallida operación anticastrista de Bahía de
Cochinos, que puso de relieve los fallos estructurales con los
que había nacido la agencia y llevó a una profunda limpieza de
su estructura, el metraje regala interpretaciones sobresalientes
de varios de los actores más destacados del Hollywood actual: un
William Hurt
muy cómodo en su papel de una especie de “padrino”
gubernamental; un Alec
Baldwin
definitivamente instalado en los secundarios con miga; una
Angelina Jolie
en lo que quizá sea su despedida hasta nuevo aviso de las
pantallas; el particular toque british de
Michael Gambon;
un perfecto John Turturro;
o la propina de una escena con el más que añorado
Joe Pesci.
Un menú que, a buen seguro, dejará satisfecho a cualquier
cinéfilo que se asome a esta cinta.
Lástima que el cuidado de la
producción o de la ambientación (sobresaliente la elegancia con
la que se nos sitúa en el Londres bombardeado de 1941 o el
Berlín soviético de 1945) se resienta por otras elecciones
artísticas más discutibles (resulta difícil creer que Damon y
Jolie puedan tener un hijo veinteañero, cuando poco en su
aspecto nos muestra que haya pasado tanto tiempo desde la escena
de su primera cita), o por una sobriedad y trascendencia que, si
bien captan la atención del espectador, ésta termina
viéndose afectada negativamente por las casi tres horas de metraje, algo
prohibitivo si no se es un maestro como
Francis Ford Coppola
(aquí productor ejecutivo); y De Niro, aunque ha aprendido, y
bien, muchas cosas buenas, no ha llegado aún a esa estatura.
Contar la historia de la CIA,
en definitiva, es contar la de un grupo de funcionarios de
élite, pero funcionarios al fin y al cabo. Quizá sea éste el
motivo por el que la casi ausencia de
verdaderos momentos dramáticos acaba pesando en un espectador
que asiste a un aluvión de datos
que busca equiparar el nacimiento y desarrollo de la agencia, en
cierto modo, a la de una saga con puntos más cercanos a la de
“El padrino” que a las aventuras de James Bond. Pero es difícil
otorgar al relato intensidad cuando éste se centra, casi por
completo, en las asépticas decisiones que se toman en un
despacho o en los pasillos de un impersonal edificio
gubernamental, y cuyas consecuencias apenas nos son sugeridas
(salvo algunas escenas como la del interrogatorio, brutal a
pesar de que no se pueda decir que se trate de un momento
verdaderamente explícito). Aunque, pensándolo bien, quizá sea
eso lo más terrible; qué pena que no haya calado del todo en el
celuloide.
Calificación:
    
Imágenes
de "El buen pastor" - Copyright © 2006
Universal Pictures, Morgan Creek Productions, Tribeca Films y
American Zoetrope. Distribuida en España por Universal Pictures
International Spain. Todos los derechos
reservados.
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