CRÍTICA
por
Miguel Laviña
Guallart
Interior de un
matrimonio
La poderosa
prosa de Joseph Conrad ha
generado inspiradas y muy distintas adaptaciones, un universo
transitado por personajes llevados a situaciones límite que
revisita esta vez Patrice Chéreau.
El director francés toma un relato del autor de "Los duelistas"
titulado "El regreso" como premisa para la disección sin
concesiones de las interioridades de un matrimonio burgués a
principios del siglo XX. Un arriesgado ejercicio de estilo
planteado como si su origen fuese una pieza teatral, en un
escenario prácticamente único, que descansa en el intenso
recital interpretativo de Isabelle
Huppert y Pascal Greggory.
La aparente
armonía de la pareja salta por los aires una tarde cuando por
medio de una escueta carta la esposa, Gabrielle, le anuncia a su
marido que lo abandona para vivir con otro hombre. Su inesperado
regreso horas más tarde a la mansión familiar desencadena un
doloroso proceso de revisión de su vida en común. El matrimonio
comienza una particular bajada a los infiernos de una existencia
sujeta a las convenciones sociales, que se revela de puertas
para adentro sumido en la rutina y, más que en la
incomunicación, en un profundo desconocimiento del otro,
descubriendo el abismo entre dos personas que llevan diez años
bajo el mismo techo.
El prestigio
de Chéreau alcanzó una notable proyección con su versión de "La
reina Margot", apasionado drama que convertía el folletín de
Dumas en un sangriento retrato de familia, inscrito en un
retablo histórico cincelado por el odio y las convulsiones
religiosas. Con "Gabrielle" realiza un proceso similar al
iniciado en su poco convencional adaptación de "Intimidad".
Aquel estimable film en realidad no era una traslación de la
novela de Hanif Kureishi, sino que su hilo argumental surgía de
una de sus narraciones cortas, "Lamparilla nocturna". Apenas
quedaba rastro de los signos de identidad del escritor inglés,
pero lograba transmitir el hálito existencial que desprendía la
soledad sus personajes. Desarrolla ahora similares licencias
creativas, volcando sus largos años como director teatral en la
mínima anécdota de un relato que hace suyo. Construye unos
alambicados diálogos que no arrojan demasiada luz sobre lo
narrado, y que, como ha reconocido, intentan acercarse a los
meandros por los que discurren los discursos de Proust.
Para sostener
un argumento en su mayor parte recitado, opta por una
perspectiva mucho más estilística que temática, con una
minuciosa puesta en escena que consigue la perfecta inmersión de
los personajes en el ambiente. Mueve con soltura la cámara en
las dos únicas secuencias corales, y en el resto del metraje, en
buena parte un mano a mano entre los protagonistas, se percibe
un considerable esfuerzo en la distribución de los escasos
elementos con los que cuenta. El escenario, las estancias de la
mansión, progresivamente parece más fantasmagórico, gracias a la
sensación de vacío que trasmite de luz de su director de
fotografía habitual, Eric Gautier.
Sin embargo, esta belleza formal queda supeditada a unos
estáticos encuadres que acentúan el carácter teatral, y a una
serie de cuestionables excesos visuales, sucesión de crispados
movimientos de cámara o la alternancia, sin aparente lógica
interna, del color y el blanco y negro. Entre éstos, tal vez el
hallazgo más interesante sean unos carteles, similares a los del
cine mudo, que cruzan inesperadamente por la pantalla.
De esta
forma, el hermetismo de sus diálogos, el incomprensible
comportamiento de los personajes y el manierismo de sus imágenes
empujan a que, conforme avanza el metraje, la cinta despierte
sensaciones contradictorias, pese al innegable atractivo y
hondura de algunas secuencias. El metraje que no se alarga
en exceso, pero en varios tramos cae en un tedio similar al que
sufren sus protagonistas. La falta de respuestas hace
exasperante por momentos la exhaustiva indagación del esposo en
torno a los inescrutables deseos de Gabrielle.
Isabelle
Huppert fue premiada en el Festival de Venecia de 2005 con un
León de Oro especial por su encarnación de Gabrielle, algo que
no sucedía desde hace unos 20 años. Poco más puede añadirse a la
perfección de su trabajo, uno más en su extensa galería de
enigmáticas mujeres que dejan entrever ambiguos sentimientos,
muy similar a la calidad desplegada en "La pianista" o "Gracias por el chocolate". Parece haber llegado, sin embargo, al
límite de sus posibilidades en la composición de este modelo de
mujer, y se advierte cierta inevitable repetición. A pesar de su
inquietud por moverse en distintos géneros, incluida la comedia,
le persigue esta imagen marcada por el impacto de sus
interpretaciones. Destaca en mayor medida el sorprendente
trabajo de Pascal Greggory, actor con una larga carrera a sus
espaldas, no del todo identificado con un personaje, que asume
con solidez el difícil papel de un hombre que ve cómo se
desmorona su vida íntima.
La
excelente labor de sus intérpretes y la esforzada factura formal
no son suficientes para sostener la arriesgada apuesta de
Patrice Chéreau, este minucioso estudio de dos personajes en un
espacio cerrado. En su pretensión por transformar el relato
en algo cercano al teatro filmado se tambalea en lo fundamental,
un texto que logre mantener la pulsión dramática entre ambos
durante la función. Una intensidad que, pese a las dificultades,
sí han conseguido una larga lista de notables adaptaciones. Aun
así, consigue soberbios momentos puntuales y una progresión
dramática que desemboca en un absorbente tramo final, un
ejercicio a tumba abierta de director e intérpretes que puede
producir todo excepto indiferencia.
Calificación:
    
Imágenes
de "Gabrielle" - Copyright © 2005 Azor
Films, Arte France Cinéma, Studiocanal, Love Streams
Productions, Albachiara, Network Movie, ZDF y Arte. Distribuida
en España por Vértigo Films. Todos los derechos
reservados.
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