CÓMO SE HIZO "LA VIDA EN
JUEGO"
Notas de producción ©
2006
Sony
Pictures
El cineasta Lee Stanley ya había estado involucrado en las vidas
de delincuentes juveniles violentos durante varios años antes de
pensar en hacer una película sobre el programa de fútbol de Camp
Kilpatrick. Uno de sus primeros documentales, Desperate Passage,
ganó varios premios por su historia sobre las expediciones de 10
días que hizo Stanley con jóvenes presos en su barco de pesca
para enseñar a los chicos el trabajo en equipo y la confianza en
si mismos. “He dedicado voluntariamente mi tiempo a chicos
encarcelados durante 15 años", dice Stanley. "Cuando empecé, uno
de los tutores de la condicional me advirtió que si conseguía
cambiar a un chico, sería afortunado” Y estuve de acuerdo en que
si conseguía cambiar aunque fuera la vida de un solo chico, todo
merecería la pena”.
Stanley dirigió y produjo el
documental ganador de un premio Emmy de 1993, “La vida en juego”,
con su mujer, Linda Stanley. Su hijo Shane, ganador de un premio
Emmy, que ha trabajado a menudo con su padre, fue el coproductor
del documental y el director de la segunda unidad. La película
cuenta la temporada del equipo 1990 Cinderella, el primer campo
con un equipo de fútbol de 11 jugadores con nivel de instituto.
Ese año, los entrenadores Sean Porter y Malcolm Moore condujeron
a su equipo (formado por duros delincuentes juveniles) en una
fantástica temporada, en la que se recuperaron de sus derrotas
iniciales y llegaron a la final del campeonato regional contra
Montclair Prep High School. Aunque Montclair Prep había perdido
sólo tres partidos en los últimos cuatro años, los Camp
Kilpatrick Mustangs resistieron en una dura lucha y perdieron
sólo por 13-7 contra Montclair —un partido que muchos dicen que
los Mustangs podrían haber ganado si no hubiera sido por una
serie de desafortunados penaltis y errores al final del último
cuarto. Sin embargo, aguantando todo el partido, los Mustangs se
probaron a si mismos que eran unos ganadores.
“’La vida en juego’ fue un
poderoso ejemplo de que si puedes dedicar tiempo y cuidados a un
niño, la vida de ese niño cambiará", dice Lee Stanley.
Cuando el productor Neal H.
Moritz (A Todo Gas, Triple XXX, Sweet Home Alabama) vio el
documental, inmediatamente se quedó conmovido e intrigado. “Un
día estaba viendo la televisión y me encontré este documental
que cogía a jóvenes con problemas y los convertía en un equipo
de fútbol”, relata Moritz. “Lo vi entero y lloré. Me dije a mi
mismo: ‘Tengo que hacer una película con esto’”.
El primer paso era encontrar
una narrativa de ficción convincente, entretejiendo las
situaciones que hacían al documental tan persuasivo. Moritz
acudió al ocupado guionista Jeff Maguire, que obtuvo
recientemente una nominación al Oscar por su guión para En la
Línea de Fuego, protagonizada por Clint Eastwood. “Jeff no
podría haber estado más solicitado en ese momento”, recuerda
Moritz. “Resultó que también había visto el documental al mismo
tiempo que yo y se conmovió tanto que se hizo voluntario en una
prisión. Luego me dijo que quería participar e inmediatamente
hablé con todos los chicos, los entrenadores y la familia
Stanley. Se dio cuenta de que había tanto que contar que lo más
difícil iba a ser comprimir todo en una película de dos horas".
Cuando se desarrolló el
proyecto, Moritz comenzó la búsqueda del equipo apropiado para
el director Phil Joanou y con Dwayne “La Roca” Johnson supo que
su búsqueda había terminado.
Joanou, conocido por su
dirección progresiva y enérgica de documentales (U2: Rattle and
Hum), largometrajes (El Clan de los Irlandeses), anuncios
publicitarios y videos musicales, ni siquiera necesitó leer todo
el guión para convencerse de que quería dirigir La vida en
juego. “Después de haber leído sólo 30 páginas del guión de
Jeff, supe que quería formar parte de esta historia. Ya estaba
enganchado al problema de los niños y de Sean por superar las
dificultades”.
Dwayne “La Roca” Johnson
también se mostró muy entusiasta la primera vez que oyó hablar
del proyecto cenando con el productor Moritz. "Neal me habló de
la película y me pasó el guión", dice Johnson, la estrella de
películas recientes tan populares como El Rey Escorpión y The
Rundown. "Me pidió que viera el documental antes de leerlo. Lo
hice y me conmovió y me inspiró. La lucha por la que pasaban
Sean Porter y aquellos chicos era increíble. Me gustó el hecho
de que la mayoría de los jóvenes que aceptaron el desafío de los
Mustangs luego se convirtieron en ciudadanos de provecho. Hizo
que los admirara todavía más".
Para Moritz, Johnson encajaba
perfectamente en el personaje porque “encarna todas las
cualidades de lo que es Sean. El propio Sean Porter fue un chico
problemático y jugar al fútbol lo salvó. La historia de Sean era
paralela a la de Dwayne porque, de niño, Dwayne fue arrestado en
varias ocasiones y también se salvó canalizando su energía de
forma positiva a través de un deporte competitivo como el
fútbol”.
“Fui arrestado en ocho
ocasiones antes de cumplir los 14”, admite Johnson. “Tuve suerte
de que el oficial que me arrestó me dijo que o seguía dándome
patadas en el culo y arrestándome todas las semanas, o me sacaba
de las calles y me apuntaba en el nuevo programa de fútbol del
instituto. Fui afortunado de que alguien cuidase de mí en ese
momento de mi vida. Me sacó de los malos ambientes y rellenó el
vacío de mi vida con fútbol. Me enseñó muchas cosas más allá del
juego real, como el trabajo en equipo, el sacrificio y el
escoger hacer las cosas correctas en la vida”.
El fútbol se convirtió en la
principal influencia para el futuro actor. Sobresalió en el
deporte en el instituto y obtuvo una beca para el programa de
fútbol puntal en la universidad de Miami en Florida, donde
siguió brillando como defensa, llegando a formar parte del
equipo del campeonato nacional universitario de 1989. Sin
embargo, al año siguiente, las lesiones le obligaron a abandonar
su sueño de jugar al fútbol profesional.
“Era emocionante tener a
Dwayne, porque él mismo había vivido esta historia”, dice
Joanou. “Sean Porter y él eran parecidos en muchos aspectos.
Dwayne comprendía la actitud agresiva de Sean y su dedicación a
los chicos, además del papel que el fútbol podía jugar para
ayudarles a cambiar”.
Con su director y la estrella
a bordo, La vida en juego estaba lista para empezar. “Era muy
importante para Joanou que la película se rodara en el Camp
Kilpatrick real, un campo de confinamiento juvenil en
funcionamiento en lo alto de las montañas de Santa Mónica entre
las comunidades de Malibú y Agoura. El productor Stanley le
ayudó a conseguir la localización intercediendo en el Consejo de
la Ciudad. Rodar en el campo era crucial para Joanou para ayudar
a conseguir su objetivo de que La vida en juego transmitiera con
precisión el entorno que transpiraba la historia. “Ser capaces
de rodar en Camp Kilpatrick marcó todas las diferencias del
mundo”, dice. “Realmente creo que el impacto de la película se
hubiera reducido dramáticamente si no hubiéramos rodado entre
120 prisioneros reales. Todos los días mirábamos por el campo y
veíamos la versión real desplegada de nuestra historia. Nos
ayudó a ser honestos”.
Hubo algunas preocupaciones
serias sobre utilizar Camp Kilpatrick para el rodaje, admite Lee
Stanley, como “¿Cómo tolerarían los reclusos y el personal de la
prisión un equipo de rodaje de 200 hombres en sus dominios todos
los días? El Departamento de Libertad Provisional del Condado de
Los Ángeles nos hizo una pregunta muy importante: ¿Cómo se
pueden beneficiar los chicos de esto? Así que Shane y yo
sugerimos crear una clase de producción en los patios del campo
que enseñaría a los chavales los métodos de rodaje que
observaban todos los días a su alrededor”.
La clase se impartió de
principio a fin sobre la producción, con el director Phil Joanou
y “La Roca” como oradores. Stanley también hizo algunos arreglos
para llevar pequeños grupos de chicos a la producción real
mientras se rodaba, apuntando las muchas facetas de rodar una
película en una localización. “Nuestros directores de
departamento se tomaron su tiempo para explicar sus papeles en
la producción y para responder preguntas. Fue una inspiración
para ellos y les demostró que alguien respetaba sus vidas y su
espacio”, dice Stanley.
Antes de que empezara la
producción, los cineastas afrontaron otro aspecto crucial: crear
un equipo de fútbol viable para la mayoría de las secuencias de
deporte. Allan Graf, célebre coordinador cinematográfico de
fútbol que había formado equipos para películas como Friday
Night Lights, Necessary Roughness y The Replacements, fue
contratado para entrenar a los actores y a sus dobles como los
Camp Kilpatrick Mustangs, además de trabajar con los miembros de
los equipos rivales.
Se preparó un campo de
entrenamiento en Moorpark College, a pocos kilómetros de Camp
Kilpatrick en el Valle de San Fernando de Los Ángeles. Muchos de
los actores elegidos para el equipo central de Camp Kilpatrick
eran atletas, pero pocos habían jugado realmente al fútbol en el
instituto o en cualquier otra parte.
“Creo que sólo un chico del
equipo principal había jugado al fútbol”, dice Graf. “Y Mo, el
chico que contratamos para que interpretara a nuestro
quarterback, nunca había lanzado un balón en un partido
organizado real, pero eso jugó a nuestro favor porque no
queríamos que fueran demasiado buenos. Después de todo, al
principio de la película se supone que son malísimos".
Graf y su asistente de
coordinación de fútbol, Justin Riemer, repasaron todas las
jugadas y jugadores posibles con Joanou antes de empezar el
entrenamiento de fútbol. "Allan es el mejor del negocio
reuniendo un equipo de fútbol", dice Joanou, "y asegurándose de
que el fútbol pareciera auténtico y creíble todos los partidos.
En lugar de dobles, quería tratar de mostrar a nuestros actores
reales el mayor tiempo posible para que pudiéramos seguir
involucrados con nuestros personajes durante los partidos".
Duró tres semanas, tiempo en
el que los actores principales aprendieron todos los aspectos
del juego. Jade Yorker, que interpretaba al running back
estrella, Willie Weathers, era básicamente un jugador de
baloncesto en la vida real. “Ya había jugado un poco al fútbol
por diversión", dice. "Tenía algo de talento y soñaba con jugar
al fútbol como Deion Sanders. Pero cuando fui al instituto
decidí no jugar. En su lugar me decanté por la actuación. Pero
es una bendición venir aquí y volver a jugar al fútbol”.
Graf empezaba cada día de
entrenamiento con una "clase de pizarra", donde se discutían y
se hacían diagramas con las nuevas jugadas del día. “Todos
tenían libros de jugadas. Utilizábamos el tiempo en clase para
enseñárselas paso a paso para que todo el mundo supiera lo que
estaba haciendo. En la clase, todos estaban pendientes de mí y
me prestaban atención. Hacemos lo mismo en el fútbol
profesional. También queríamos asegurarnos de que la
interpretación de los actores fuera segura, porque no puedes
terminar una película de fútbol con actores lesionados”.
Los especialistas recibieron
entrenamiento para representar los golpes en el campo
potencialmente más dolorosos, aunque los actores aparecían en
todos los partidos. Un gran grupo de jugadores especializados
representaron a los equipos rivales.
Tras dos semanas de
instrucción y preparación física, todo el mundo estaba listo
para empezar a rodar en Camp Kilpatrick. Ver el campo por
primera vez fue una experiencia aleccionadora para el reparto y
también para el equipo. El complejo era muy austero y estaba
rodeado por altas vallas fuertemente aseguradas con guardias en
cada salida.
Trabajando en el campo de
fútbol real de Camp Kilpatrick, el equipo se vinculó como los
Mustangs reales mientras que más de 100 internos auténticos se
pasaban el día rodeados por el rodaje de una película. Muy a
menudo se producían peleas reales, se llevaban a un preso real a
la "caja" en el edificio de aislamiento. "Yo echaba un vistazo
al campo durante el rodaje", recuerda Joanou, "y veía a los
chicos alineados, recibiendo órdenes. En ocasiones se producía
una pelea o se enviaba a un chico a la "caja". Y pensaba, 'Hoy,
más tarde, rodaré realmente esa escena’”.
Para Johnson, rodar la
película en Camp Kilpatrick le permitió a él y sus compañeros de
reparto adquirir la sensación adecuada del lugar y del
propósito. "La autenticidad es una gran parte de esta historia",
dijo Johnson. "Era muy importante ir allí y rodar en el propio
campo y practicar todos los días. Ni siquiera era un campo de
fútbol —sólo tenía unas 60 yardas. Toda la hierba estaba
levantada y te tropezabas con los aspersores en el medio del
campo. Formar parte de ese mundo fue una experiencia que nos
dejó con los ojos abiertos, no sólo a nosotros, sino también a
los presos que nos observaban trabajar en su césped".
El productor Stanley pidió
firmemente que el equipo no vistiera “colores de bandas”
—algunos tonos de rojo y azul—mientras trabajaban en el campo.
“Era importante saber que estos colores podían ofender a algunos
prisioneros. Todos tuvieron que firmar un acuerdo para no vestir
con ciertos colores", dice. "Haciendo eso, mostramos a los
chicos que comprendíamos su mundo y que no intentábamos
provocarlos siendo irrespetuosos".
La tregua entre los cineastas
y los reclusos continuó durante las seis semanas de rodaje en
Camp Kilpatrick. Aunque los presos estaban muy cerca del equipo
en todo momento, se pidió a ambas partes que no se dirigieran a
la otra. Johnson, sin embargo, recuerda un memorable encuentro
entre tomas con un interno en el campo de fútbol, con niebla y
tarde por la noche. "El día antes había estado enfermo", dice,
"y la noche siguiente estábamos rodando en los dormitorios. Se
había iniciado una pelea entre los reclusos, y vi a un chico
esposado de camino al aislamiento. Lo peor era que no había
nadie con él. Él mismo estaba caminando en solitario. Levantó la
mirada hacia mí y dijo ‘Hey, Roca, he oído que has estado
enfermo’. Hasta ese momento no me había dado cuenta de lo rápido
que corren las noticias en los dormitorios reales. Luego dijo,
'Rezaré para que te pongas mejor', y siguió caminando. Ahí
estaba alguien que no conocía, que probablemente nunca volveré a
ver, tomándose su tiempo para expresar su preocupación por mí.
Fue muy conmovedor y demostró que sea lo que sea lo que hayan
hecho estos chicos, siguen siendo niños con sentimientos y
emociones por los demás".
Otro día memorable para
Johnson fue la tarde en que se volvió a colocar sus hombreras de
fútbol para una escena en la que el entrenador Porter motiva al
corredor Willie Weathers obligando al joven jugador a que lo
embista una y otra vez. “Fue un gran día para mí —otra vez con
las hombreras”, dice. “Cuando leí eso en el guión, me animé
mucho. No había jugado al fútbol durante años pero realmente
sigue en mi sangre. Mi entrenador en Miami solía decir que tenía
una gran ‘violencia con la parte superior del cuerpo', y para
esta escena pude volver a usar eso. Me divertí mucho metiéndome
con Jade (Yorker, que interpreta a Willie Weathers) con todo el
equipo a nuestro alrededor. Él también me dio lo mío".
“Fue una locura", recuerda
Yorker. "Quiero decir, tenía que ir contra este tío que resulta
que es el luchador más duro. Me mentalicé y fui a por ello".
Quizá el día más importante
en el escenario fue la tarde en la que algunos de los personajes
reales del documental de "La vida en juego" visitaron la
producción en Camp Kilpatrick. El entrenador Sean Porter (ahora
director del campo de libertad condicional de Valencia,
California) y Malcolm Moore (el gran ex jugador de la USC y la
NFL que actualmente es ayudante del oficial de libertad
condicional en Antelope Valley, California) volvió a reunirse
con sus homólogos de actuación. Dos de los jugadores del equipo
de los 1990 Mustangs se vieron cara a cara con los actores que
los interpretan en la película.
“Malcolm es un tipo auténtico
que tiene cierto aire de arrogancia”, dice Xzibit. “Tiene una
gran relación con Sean Porter. Él es la voz de la razón, el
punto de vista calmado, aunque ambos tienen el mismo objetivo en
mente. Malcolm es una persona especial y, hasta la fecha,
todavía trabaja con niños como oficial de la condicional”.
Además, algunos ex jugadores
de los Camp Kilpatrick Mustangs trabajaron como extras en la
película. Un ex recluso, Joseph Lucero, incluso consiguió un
papel con texto. Ahora Lucero trabaja con miembros de bandas en
los barrios de Los Ángeles; su aportación personal para marcar
la diferencia, con la esperanza de ayudar a otros chicos a
evitar los errores que cometió en el pasado.
“Queríamos utilizar
auténticos chicos de bandas que hubieran estado antes en este
campo", dice Moritz. "Joey pasó de ser un extra a tener un papel
con texto. Había estado en Camp Kilpatrick por algunos crímenes
serios, pero consiguió dar la vuelta a su vida. Mientras
estábamos haciendo esta película, hicimos un esfuerzo deliberado
para ofrecer nuestra ayuda a algunos de los chicos, y quizá, a
nuestra humilde manera, tuvimos éxito".
Tras casi dos meses en los
campos de la prisión, la producción empezó a rodar fuera de los
partidos de fútbol en otros institutos de California del Sur en
estadios de San Fernando, Agoura y Sherman Oaks. El lugar del
partido final entre los Mustangs y sus súper rivales, los
ficticios Barrington High School (el equipo rival en la vida
real en la final del campeonato fue Montclair Prep High School
del instituto Pierce College). Durante esta fase de la
producción el calor era brutal y la temperatura normalmente
pasaba de los 40 grados la mayoría de los días de rodaje.
El director Joanou y su
director de fotografía, Jeff Cutter, utilizaron múltiples
cámaras a diario para maximizar la cobertura. El director y el
coordinador de fútbol Graf también se concentraron en utilizar
al máximo a los actores reales mientras que, al mismo tiempo,
garantizaban su seguridad en las duras tomas de bloqueos y
placajes. “No queríamos que los actores recibieran demasiado”,
dice Joanou. “Tenían que correr en el partido y tenían que
llevarse golpes reales. Tenían que hacer que pareciera real. Era
muy exigente, porque les hacíamos trabajar 12 horas al día. En
un partido de fútbol real, sólo se está en el campo cuatro horas
como mucho. Y aquí estos chicos están ahí fuera todo el día con
cinco cámaras durante varias semanas".
“Quiero hacer mucho hincapié
en que era fútbol real, con jugadores de fútbol reales”, añade
Graf. “Nuestro mayor problema físico era asegurarnos de que los
chicos estuvieran adecuadamente hidratados. Nos aseguramos de
que bebieran mucha agua y comieran melón y helados.
Descansábamos 10 minutos y veíamos que nadie estuviera cansado.
Aunque todos eran buenos atletas, la mayor parte de las lesiones
llegan cuando estás cansado y no bebes suficiente agua. Tiendes
a perder la concentración y no cuidas de ti mismo como haces
normalmente".
Afortunadamente, hubo pocos
percances y no se perdió tiempo por culpa de lesiones de los
actores principales. Los actores del equipo se superaron a si
mismos aunque afrontaron muchos días de mucha exigencia física
además de sus otras tareas, como interpretar sus líneas y estar
en sus puestos.
“Era divertido, pero sobre
todo era un trabajo duro”, reclama Trever O’Brien, que
interpreta al receptor Kenny Bates. “Un día tuve que correr el
mismo patrón de pase de 20 yardas 10 tomas de cobertura
distintas. No había reglamento, no había reglas de fútbol como
las que hay en el instituto. Estábamos a 42 grados y hacíamos la
misma jugada una y otra vez. Lo mejor era que los especialistas
y los actores se animaban unos a otros. Ese apoyo nos permitió
hacer una gran película. Realmente fue un trabajo en equipo”.
Para Johnson, el logro más
importante de hacer "La vida en juego" fue el hecho de que la
historia se centrase en jóvenes reales cuyas vidas se mantienen
en la cuerda floja por culpa de las opciones que eligieron
cuando eran niños. “Quizá después de ver esta película, algunos
jóvenes no cometan los errores que podrían costarles la vida y,
en su lugar, elijan convertirse en una parte funcional de la
sociedad”, dice.
“Espero que todo el público
se inspire viendo esta película”, continúa Johnson. "El objetivo
de todo el mundo era captar la emoción y la esencia del gran
documental de Stanley. Estoy seguro de que lo conseguimos y
estoy muy orgulloso de lo que hemos hecho. La vida en juego
puede no tener un presupuesto de cien millones de dólares, pero
creo que va a sacudir a la gente. Es una historia de cómo dos
hombres marcaron la diferencia en las vidas de muchos chicos que
no tenían absolutamente nada. Los chicos aprendieron que no eran
perdedores y supieron que nunca volverían a llamarles así. Quizá
alguien del público también se conmueva por esto”.
Imágenes, sinopsis
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Productions.
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