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Dirección: Chris Noonan.
Países: USA y Reino Unido.
Año:
2006.
Duración: 92 min.
Género:
Biopic, drama.
Interpretación: Renée Zellweger
(Beatrix Potter), Ewan McGregor (Norman Warne), Emily Watson
(Millie Warne), Barbara Flynn (Sra. Potter), Bill Paterson (Sr.
Potter), Matyelok Gibbs (Srta. Wiggin), Lloyd Owen (William
Heelis), Anton Lesser (Harold Warne), David Bamber (Fruing
Warne), Patricia Kerrigan (Fiona), Judith Barker (Hilda).
Guión: Richard Maltby Jr.
Producción: David Kirschner, Mike
Medavoy, Corey Sienega, Arnold Messer y David Thwaites.
Música: Nigel Westlake.
Fotografía: Andrew Dunn.
Montaje: Robin Sales.
Diseño de producción: Martin Childs.
Vestuario: Anthony Powell.
Estreno en USA: 29 Diciembre 2006.
Estreno en España: 9 Febrero 2007. |
CRÍTICA
por
Almudena Muñoz Pérez
A veces
pienso que los biopics modernos no son más que una pieza
de la vorágine publicitaria que persigue la reedición de
olvidados materiales en stock. De esa estrategia surgen
artistas pasados a mejor vida –no sólo física, sino muchas veces
creativa– que de repente se convierten en personajes de cabecera
para jaurías de esnobs; véase sin ir más lejos la fiebre Johnny
Cash que despertó la pasada temporada "En la cuerda floja".
La perspectiva de acercar al público un
profesional semidesconocido es siempre loable, al margen de
los consabidos zorros que se frotan las patas mientras tanto,
pero no basta con rellenar su vida de cojines blandos, darle
palmaditas en la espalda o ponerle a caldo sin motivo. Dentro
de la primera opción, “Miss Potter” es una biografía tan
esponjosa que parece haber pelado a la oca Carlota para
rellenarse con sus plumas. No todo creador de obras maestras
tuvo una vida cinematográfica, y en ese sentido puede decirse
que las aventuras de Beatrix Potter son más bien aburridas,
lineales, parsimoniosas, tradicionales, como las de cualquier
mujer decimonónica. Por supuesto que esta famosísima
dibujante disfrutó de una condición más moderna que sus
coetáneas, un conflicto que el guión trata superficialmente
reduciéndolo al matrimonio interclasista y no aceptado por los
padres de la pizpireta Renée
Zellweger. La actriz de mejillas de manzana
edulcora aún más el embrollo –por llamarlo de alguna forma–
con sus conocidos y premiados mohines y parpadeos, hasta el
punto de ponerse a hablar con sus dibujos, a los que llama
‘amigos’. Tan descabellado material de partida no habría sido
merienda de buen gusto para nadie de no ser por la etiqueta de
‘personaje real’, que, en el fondo, sólo intenta acercar los
cuentos de animalitos al descuidado público infantil.
La película posee un problema serio a ese
respecto, y es que su tono visual es demasiado adulto para un
niño, pero su historia y su hilo emocional son demasiado
simplones para el espectador medio. Casi planteada como
historieta para acompañar al té de la tarde, a la tertulia de
las y los amantes de novelas rosa de final feliz, “Miss Potter”
es un producto inocuo, blanco y transparente, tanto que de puro
tonto puede caer hasta simpático. Como apacible masaje visual
funciona igual de bien que una campiña inglesa: parece que a
cada plano le falta una blonda que lo bordee y complete su
aspecto encantador, el apasionamiento de los personajes
positivos –principalmente el editor,
Ewan McGregor, y su hermana,
Emily Watson, que le da mil
vueltas a la protagonista– roza el límite de lo coherente, y los
familiares-obstáculo son tan fastidiosos que no queda más
remedio que abogar por la causa de esta treintañera tierna
–sobre todo, debido a la brocha gorda del perfil de la madre y
al típico montaje de pretendientes horripilantes y rechazados–.
Es decir, todos los requisitos que debe cumplir un filme de
análisis llano: bonita fotografía, bonita música, cuidada
ambientación, personajes agradables y el justo toque de lágrimas
entre una enorme dosis de buenas intenciones y sonrisas
conciliadoras.
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¿Dónde queda
la figura de Beatrix Potter? En una heroína casera y novelada,
folletinesca en el cuarto final, que por lo que sabemos dibujaba
conejitos y erizos en unos coquetos libros que se vendían a
raudales. Aunque Chris Noonan
toma la decisión de animar las ilustraciones estáticas como
representación del flujo imaginativo de la escritora, en verdad
el detalle no funciona más que como un alarde infantil
–especialmente cuando los introduzca en los flashback de
la Beatrix niña–, y totalmente estropeado cuando Zellweger
empieza a hablar con ellos y pretende que la tomemos por una
persona cuerda. Sólo tras el clímax dramático de la protagonista
unos animales que huyen del papel se convierten en auténticos,
originales y mudos catalizadores de un momento demasiado
sensible como para empalagarlo aún más en encendidos diálogos.
Sutil en
las formas, abullonada en los sentimientos, “Miss Potter” es un
espectáculo de salón y chimenea que no añade nada al subgénero
ni al conocimiento del personaje real, tratado, como suele
ocurrir, con una veneración de campanillas. Además, resulta
curioso que el proyecto sobre la dibujante que más trascendencia
mediática ha tenido, sea el menos acorde a ella misma. Según la
psicología trazada por Zellweger, a ella le habría gustado mucho
más la serie animada de sus cuentos o el ballet “Cuentos de
Beatriz Potter”, de Reginald Mills (1971). Por eso mismo creció
encerrada en su cuarto, volcada en su pupitre de acuarelas,
deseosa por vivir en un mundo idílico. El mundo de fuera,
sometido a convencionales normas, puede volatilizarse al minuto,
en cuanto un silbato disipe los vapores de la estación de tren,
como ejemplifica el único beso de esta casta y beatífica
película.
Calificación:
    
Imágenes
de "Miss Potter" - Copyright © 2006 Phoenix
Pictures, Momentum Pictures, Isle of Man Film, UK Film Council,
David Kirschner Productions y BBC Films. Distribuida en España
por Aurum. Todos los derechos
reservados.
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