CRÍTICA
por
Manuel Márquez
A aquellos de
ustedes, amigos lectores, que hayan venido siguiendo mi
trayectoria en esta web a lo largo de los últimos años, no se
les escapará mi querencia por determinados géneros y tendencias
en materia cinematográfica: ni mejores ni peores, simplemente
aquellos y aquellas con los que más me identifico, y que más
placer me proporcionan cuando me siento ante la pantalla, sea
grande o pequeña. Y, desde esa perspectiva, está claro que no es
el género de acción y/o aventuras uno de mis predilectos. Será
difícil que eso cambie a base de visionar productos como "Alex
Rider: Operación Stormbreaker": con la mayor de las
benevolencias, digamos que es… flojito. ¿Flojito? Bastante
endeble, más bien. ¿Bastante endeble? Bien, seamos honestos:
malo, malísimo…
Es de todo punto imposible encontrar
en esta cinta el más mínimo elemento de novedad, originalidad,
creatividad o cualquier otra clase que se le parezca; algo
que, en principio, tampoco tendría por qué ser particularmente
grave: es difícil, en un género tan intensivamente explotado
como éste, descubrir la pólvora en cada estreno –aunque
también es cierto que, en el caso que nos ocupa, el equipo
creativo tampoco se estrujó las neuronas como para provocarse
grandes sudores–. A falta de tales credenciales, bien valdría
suplir esa carencia con alguna otra de las bazas que
habitualmente se suelen poner sobre el tapete:
espectacularidad, a base de efectos especiales de alto
voltaje, o tensión narrativa, para la cual resulta
imprescindible que el binomio protagonista/antagonista (o,
traducido a las referencias del género, héroe/villano) tenga
capacidad de generar la chispa suficiente. Pues bien, amigos
lectores: espectacularidad, la justa (la mínima exigible en
una producción de cierto fuste, como es ésta), o quizá algo
menos; y la tensión narrativa, si por algo brilla, es por su
ausencia más evidente.
De esto último, buena parte de
responsabilidad cabe imputarla a las carencias del dúo de
intérpretes a cuyo cargo corren los roles correspondientes. El
héroe protagonista, el Alex Rider que da título al filme, recae
sobre las juveniles, más bien adolescentes, espaldas del
debutante Alex Pettyfer;
hermosura, desde luego, no le falta al chavalín (que recuerda,
en numerosos pasajes, a Björn Andresen, el Tadzio de "Muerte en
Venecia"), de cuyo impresionante futuro como poblador
omnipresente de las carpetas que llevarán de paseo al instituto
las chicas de medio mundo (y buena parte del otro medio) no me
cabe la más mínima duda. De lo que ya me cabe albergar fundadas
sospechas es de que pueda ganarse dignamente la existencia en el
negocio este de las películas, habida cuenta su tremenda
inexpresividad y su total falta del mínimo nervio exigible a
alguien que aspira a ser superhéroe (y más, cuando dichas
aspiraciones se plantean en el ramo del mamporro y tentetieso…).
O sea, que por el lado del bueno, malas perspectivas.
Pero tampoco ofrece perspectivas mucho
menos sombrías el “negociado del malo”, encabezado por un
(pretendidamente) resucitado Mickey
Rourke, que ofrece lo peor de sí mismo (y ya sabemos
cuánto puede dar de sí el capítulo en cuestión…), sin que, a
cambio, se llegue a atisbar algún mínimo contrapunto que, por la
vía de lo grotesco –y conste que su personaje tiene un perfil de
caricatura muy marcado–, nos permita disfrutar del mismo, aunque
sea para echarnos unas risas a su costa: ni un rictus de
sonrisa, qué quieren que les diga.
¿El resto?
Pues en la más absoluta de las consonancias: realización
rutinaria, desdibujamiento de los secundarios –convertidos en
meros comparsas, sin ningún cuajo ni consistencia–, ritmo
cansino, reiteración hasta el hastío en todos los tópicos del
género… Una joya, vaya. Eso sí, si no conocen ustedes
Londres, ya no tendrán que recurrir a los documentales de Lonely
Planet: las fabulosas vistas aéreas que de esa maravillosa urbe
nos ofrece este largometraje, les resarcirán sobradamente de sus
previas ignorancias. Preciosas, de veras, preciosas.
En
definitiva, y como ya les adelantaba en la apertura de esta
reseña, me temo que tardaré en volver a afrontar una experiencia
como ésta: uno no está ya para según qué trotes. ¿El único
consuelo? Pensar que, como ésta es de nacionalidad británica –y,
por tanto, comunitaria–, computa para la cuota de pantalla, y,
de esa forma, los exhibidores patrios no tendrán que recurrir a
una infumable película española con la que arruinar los
fabulosos ratios de recaudación que piratas, arañitas y ogros
verdes les garantizan cada fin de semana. Ya saben lo que decía
el dicho; que el que no se consuela, es porque no quiere. Vaya
tela…
Calificación:
    
Imágenes de "Alex Rider: Operación Stormbreaker" - Copyright © 2006 Isle
of Man Film, UK Film Council, Entertainment Film Distributors,
Samuelson Productions, VIP medienfonds 4 y Rising Star.
Distribuida en España por TriPictures. Todos los derechos
reservados.
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